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Los distribuidores preocupados por la posible llegada de un nuevo jugador

Desde la cámara que los agrupa (CADISVET) resaltan que el arribo al sector veterinario de una droguería proveniente del negocio de medicina humana pondría en jaque sus estructuras.

Por Luciano Aba 29 de enero de 2014 - 15:16

El último de los paneles que se llevó adelante en el 11° Aniversario de este Periódico MOTIVAR despertó una serie de intrigas en el ámbito de los empresarios del sector. Es que en el mismo se ofreció un panel conformado por representantes de la industria veterinaria, pero también por otros ligados a la venta de servicios tecnológicos y de la industria farmacéutica humana, quienes dieron su visión respecto de la distribución de los productos que comercializan a diario.

Con el correr del tiempo, a este acontecimiento se le sumó una nueva situación: empezó a circular en distintos ámbitos un rumor que sostenía el posible ingreso de una importante droguería de productos farmacéuticos para humanos al mercado veterinario. Rumor que rápidamente alcanzó los oídos de gerentes de laboratorios, de periodistas y, lógicamente, de representantes de la cadena de distribución.

Es así que hacia fines de 2013, la Cámara de Distribuidores de Productos Veterinarios para Pequeños Animales emitió una serie de comunicados manifestando «su inquietud, respecto de un tema que preocupa a las empresas, pero que debe ocuparnos a todos los eslabones de la cadena comercial».

«Cualquier incursión de estas firmas en la venta de zooterápicos disminuiría la rentabilidad drásticamente, dando como resultado: perdida del mercado y de utilidad por parte de los veterinarios y los distribuidores».

Que quede claro, de octubre a diciembre de 2013, diversos distribuidores de distintas partes del país, inclusive abocados a la venta de productos para grandes animales, tomaron contacto con CADISVET para intercambiar informaciones sobre lo que, en definitiva, sigue siendo un rumor.

Las cartas enviadas tuvieron varios destinatarios. En primer lugar, se dirigieron al Colegio de Veterinarios de la provincia de Buenos Aires y al Consejo Profesional de la Ciudad Autónoma. En ellas, se ponía al tanto a sus autoridades en torno a que «una importante droguería de medicina humana ha mantenido reuniones con diversos actores del mercado, manifestando su interés de ingresar al mismo con la figura de distribuidor de zooterápicos».

Más allá de esto, los distribuidores agrupados en CADISVET mencionaron que «hace pocos años, una pequeña droguería con sede en la zona sur del Gran Buenos proveyó a nuestro mercado de medicamentos genéricos para humanos, y lo más grave, también abasteció a las farmacias de productos veterinarios».

Un segundo comunicado fue dirigido a los gerentes o dueños de laboratorios veterinarios, en el cual se solicitaba conocer su posición respecto del tema. En esta carta en particular, los distribuidores hacían referencia a «la sobreoferta de canales de distribución que nos ha llevado a una hipercompetencia, ligada a factores agravantes tales como los permanentes incrementos en los costos de logística, administrativos, comerciales e impositivos». En definitiva, trasladaron a los empresarios sus razones de lo que denominaron una «rentabilidad decreciente, lindante con la supervivencia de las empresas».

En definitiva, desde CADISVET se dejó en claro su punto de vista: «El ingreso de un nuevo actor en el mercado de la magnitud de tal droguería tendría implicancias que empeorarían la difícil situación imperante, en varios aspectos».

Comprendiendo la importancia del tema en cuestión es que decidimos transcribir (a continuación) parte de las cartas anteriormente mencionadas.

 

A las entidades profesionales

«Entendemos que, a priori, algunos veterinarios pueden recibir esa noticia con cierto beneplácito. En efecto, nuevos actores con la magnitud de tal empresa podrían significar, en una primera mirada y para el común de los profesionales, la oportunidad de una mayor oferta de productos y servicios, ilusionarse con mejores precios y hasta especular con la posibilidad de adquirir algunos productos de medicina humana que prescriben para que sean comprados en una farmacia. Creemos que es oportuno analizar qué riesgos y amenazas puede representar la conjunción en un mismo actor la venta de productos farmacéuticos y zoofármacos.

Como es de público conocimiento, en algunos países limítrofes (como es el caso de Chile) los medicamentos para animales se expenden masivamente en las farmacias y poco o nada en las veterinarias. Nuestra legislación es diferente y exige tanto la presencia de un farmacéutico como Director Técnico para vender medicamentos para los humanos, así como en la provincia de Buenos Aires -entre otros distritos- obliga a que exista un veterinario como Regente Técnico para comercializar zooterápicos.

«Hace algunos años hubo una pequeña droguería en el sur de GBA que proveyó a nuestro mercado de medicamentos genéricos para humanos, y lo más grave, abasteció a las farmacias de productos veterinarios».

Sin embargo, estamos frente a una industria muy poderosa con un altísimo poder de lobby y nadie nos garantiza que dichas leyes no puedan modificarse en virtud de otros intereses diametralmente opuestos a los de quienes trabajamos en el canal profesional. Si ello ocurriese, si las farmacias fuesen autorizadas para la venta de zooterápicos, el mercado para los profesionales se vería dramáticamente reducido tanto en volumen (dadas las unidades que se vehiculizarían a través de una red de tanta capilaridad como son las farmacias) como en rentabilidad (las farmacias tienen un margen de utilidad por unidad mucho más reducido que el de las veterinarias). Por supuesto que nuestros intereses se verían afectados desde un inicio con el propio ingreso de dicha estructura a la cadena comercial, poniendo en peligro la supervivencia de nuestras organizaciones».

 

A los laboratorios

«En distintos foros del mercado, escuchamos a diario acerca de la sobreoferta de canales de distribución que nos ha llevado a una hipercompetencia, ligada a factores agravantes tales como, los permanentes incrementos en los costos de logística, administrativos, comerciales e impositivos. Esto ha traído aparejada una rentabilidad decreciente lindante con la supervivencia de nuestras empresas.

El ingreso de un nuevo actor en el mercado de la magnitud de tal droguería tendría implicancias que empeorarían la difícil situación imperante, en varios aspectos. No se puede desdeñar el impacto sobre la participación en el mercado que podría tener una empresa cuya facturación en productos farmacéuticos de medicina humana multiplica -al menos por 100- la de cualquier distribuidora veterinaria. El volumen extraído del sector no sería por crecimiento genuino del mercado, sino por la reducción del volumen de venta de cada uno de los actores actuales. Además y dado el bajo margen con que se manejan las farmacias de medicamentos para humanos, cualquier incursión de las mismas en la venta de zooterápicos, disminuiría la rentabilidad drásticamente, dando como resultado perdida del mercado y de utilidad por parte de los veterinarios y los distribuidores.

El escenario planteado, y que podemos vislumbrar, obligará a nuestros integrantes a replantearse las estructuras de funcionamiento, las zonas sobre las que cada distribuidor podrá o deberá actuar y la dotación de personal que se verá comprometido a reducir, entre otros aspectos.

Es para prever la situación futura que nuestras organizaciones miembros deberán enfrentar que les pedimos que nos comuniquen la posición que han adoptado o habrán de adoptar al respecto de comercializar o no con la citada firma»….

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