Lo que comenzó a mediados de marzo pasado como focos puntuales de fiebre aftosa en el noreste de la isla griega de Lesbos se transformó en una crisis sanitaria, productiva y comercial que ya enciende alertas más allá del Mediterráneo.
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SUSCRIBITEEl brote de fiebre aftosa en Lesbos ya golpea a la lechería y complica exportaciones. Hay 43 brotes oficiales confirmados y pérdidas por 7 millones de euros.
Lo que comenzó a mediados de marzo pasado como focos puntuales de fiebre aftosa en el noreste de la isla griega de Lesbos se transformó en una crisis sanitaria, productiva y comercial que ya enciende alertas más allá del Mediterráneo.
Con 43 brotes oficiales confirmados, más de 280 animales positivos detectados inicialmente dentro de una población susceptible cercana a las 4.000 cabezas y alrededor de 10.000 animales sacrificados como parte del control sanitario, la enfermedad no solo avanzó geográficamente hacia el suroeste de la isla, sino que también puso bajo presión a toda la cadena pecuaria local.
Los focos involucran principalmente ovinos y caprinos —con menor presencia en bovinos—, un dato especialmente sensible en una región donde la producción lechera y la elaboración de queso Feta tienen peso estratégico.
Las pérdidas ya superan los 7 millones de euros en ventas de carne y leche, según estimaciones sectoriales, en un escenario que productores y actores de la cadena describen como “dramático”.
Las restricciones para movilizar animales y productos pecuarios comenzaron a afectar el flujo de leche y derivados, presionando precios y complicando la comercialización incluso en establecimientos sin focos confirmados.
El golpe también alcanza a la cadena ovina, con cierres de plantas, limitaciones logísticas y dificultades para sostener la actividad en una isla bajo lo que muchos describen ya como un verdadero “lockdown ganadero”.
La preocupación escala además sobre el abastecimiento de leche para la producción de queso Feta, uno de los emblemas agroalimentarios y exportadores de Grecia.
Como establece el protocolo internacional frente a brotes de aftosa, las autoridades dispusieron el sacrificio sanitario total de los animales en los predios afectados, estrategia que, aunque busca contener la propagación, generó tensión entre los productores.
En los últimos días crecieron las protestas ganaderas, con bloqueos en el puerto de Mitilene y reclamos por mayores compensaciones económicas, mientras también surgieron cuestionamientos por la escasez de veterinarios para reforzar inspecciones y tareas de control.
Un escenario que vuelve a poner en evidencia que la gestión de una crisis sanitaria no se agota en el diagnóstico del virus.
Frente al riesgo de expansión regional, la Unión Europea activó nuevas restricciones mediante la Decisión de Ejecución (UE) 2026/820, publicada el 8 de abril.
Entre las principales medidas se destacan:
Además, Grecia activó el Mecanismo Europeo de Protección Civil para recibir recursos y apoyo adicional, mientras países cercanos ya reforzaron recomendaciones de bioseguridad y protocolos de desinfección ante un escenario que preocupa a escala continental.
Para la Organización Mundial de Sanidad Animal, la fiebre aftosa sigue siendo una amenaza “grave y en evolución”, y el caso griego parece darle sustento a esa advertencia. Porque más allá de los animales afectados, la crisis de Lesbos vuelve a mostrar algo conocido: la aftosa no golpea solo a la sanidad, sino que impacta en mercados, exportaciones, empleo, abastecimiento y confianza. Y cuando alcanza cadenas sensibles como la láctea, el efecto trasciende rápidamente el perímetro de los focos.
En una Europa acostumbrada a mirar esta enfermedad como una amenaza lejana, Lesbos acaba de recordar que los riesgos exóticos pueden dejar de serlo muy rápido.
