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Estrategia

"Subir un 30% la carga después del punto óptimo implica triplicar el riesgo económico"

El Ing. Agr. José Lizzi explicó cómo un manejo sistémico del destete permite adaptar los rodeos a la falta de forrajes y potenciar el flujo del negocio.

Motivar | Daniela Mattiussi
Por Daniela Mattiussi 14 de abril de 2026 - 16:14

El destete bovino no puede analizarse de manera aislada dentro del sistema productivo, sino como parte de un proceso integral en el que confluyen la nutrición, la sanidad, la genética y, especialmente, la planificación de los forrajes, factores que en conjunto determinan los resultados productivos.

Así lo planteó el Ing. Agr. José Lizzi durante su participación en el Año 1 del Programa de Educación Continua de la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil (Unicen), donde invitó a repensar este momento clave desde una perspectiva sistémica.

José Lizzi, quien cuenta con una vasta y reconocida trayectoria como consultor externo del Banco Mundial, coordinador de ganadería de la red CREA a nivel nacional y docente de posgrado en múltiples instituciones de prestigio, centró su contundente mensaje en la necesidad urgente de actualizar los marcos teóricos de la producción de carne.

Según su mirada profesional, basada en la modelación bioeconómica y el análisis de sistemas complejos, gran parte del sector ganadero sigue tomando decisiones apoyándose en conceptos forjados en las décadas pasadas. En aquellos tiempos, producto de la inflación y las restricciones de los mercados, el objetivo principal del productor era acumular stock.

“El negocio de la cría, en el último tiempo se transformó cada vez más en un negocio de resguardo de capital o de tenencia y no de productividad y no de flujo donde lo importante era el stock”, afirmó el especialista. Sin embargo, advirtió que hoy nos encontramos frente a un contexto completamente distinto, donde el negocio ya no reside en la tenencia, sino en producir de manera eficiente.

Desafío actual

Lo que se busca actualmente es lograr que ese activo ganadero, que hoy ostenta un altísimo valor, rinda financieramente. Para esto, indicó que hubo "una desinversión en todos los aspectos de capital y uno de los aspectos de la cual se dejó de invertir es en conocimiento aplicado", instando a dejar viejas recetas y comenzar a adoptar los enormes avances en nutrición y manejo que surgieron en los últimos años.

En ese sentido, al introducir la separación de la madre y su cría como un eje rector del modelo, explicó que esta práctica impacta de manera profunda en los costos, en la correcta asignación de carga animal, en el nivel de riesgo empresarial y en la capacidad de adaptarse a la variabilidad climática.

A su vez, cuestionó severamente la costumbre de aumentar la carga persiguiendo la falsa creencia de que esto derivará inevitablemente en un mejor aprovechamiento del recurso forrajero.

“Si vamos al campo, entendiendo toda esta dinámica del sistema, y vemos que la vaca está flaca, estoy pasado de carga”, sentenció Lizzi con crudeza.

Alertó además que presionar el pastoreo en zonas con alta variabilidad interanual de producción forrajera tiene un costo alto para las empresas: "Subir un 30% de la carga después del punto óptimo implica triplicar el riesgo económico".

Destete en marzo ¿si o no?

Uno de los momentos más disruptivos de la presentación se generó al cuestionar la arraigada costumbre zonal de realizar la separación de los vientres recién en el mes de marzo.

El profesional explicó que la curva natural de producción forrajera en los campos ofrece un "sprint" muy corto durante septiembre y octubre, cayendo luego rotundamente en calidad y volumen en el verano. Retrasar la lactancia bajo estas duras condiciones de escasez es totalmente contraproducente.

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“Destetar terneros de 9 meses, no tiene sentido", remarcó enfáticamente el ingeniero. Por un lado, la vaca permanece sus últimos meses de servicio sin ganar peso, perdiendo condición corporal y, por ende, "entra peor al invierno". Por el otro, el ternero sufre las mismas consecuencias al consumir pasto de mala calidad que no puede digerir, frenando en seco su curva de crecimiento.

Para ilustrar este enorme perjuicio económico en los márgenes de rentabilidad, Lizzi demostró el estancamiento del animal al pasar por la balanza: "Esto es lo que habitualmente vemos en el campo, que el ternero en diciembre pesa 160 kilos y en marzo pesa entre 165 y 170".

Para poder revertir esta dinámica indeseable, el consultor invitó a sincronizar proactivamente la curva de oferta y demanda nutricional. Si el campo posee un servicio estacionado, la recomendación innegociable es realizar "un destete previo", anticipando la labor a los 180 días de vida de la cría, es decir, a principios de enero.

Nutrición ininterrumpida

Al aliviar a tiempo la altísima demanda metabólica de la madre, se protege el capital del vientre. En paralelo, para la cría recién apartada, se resuelve el fuerte bache forrajero tomando decisiones claras: "o saco el ternero o lo mando a un corral de inicio" para garantizar su correcta alimentación.

Al asegurar esta nutrición ininterrumpida en una etapa verdaderamente crítica para el rumiante, se logra un desarrollo estructural ampliamente superior.

Para finalizar, José Lizzi aseguró que ese animal joven y bien nutrido "termina siendo un avión comparado con otro que va a producir menos, que va a desarrollar menos fibras musculares", multiplicando de esta forma el éxito productivo y económico de toda la cadena.

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