Las enfermedades tóxicas causadas por el consumo de forrajes contaminados con micotoxinas representan un grave problema para la salud de los bovinos. Estos cuadros clínicos generan severos impactos negativos en la rentabilidad de los establecimientos ganaderos, afectando directamente la producción de leche, la fertilidad y la vital ganancia de peso.
Para analizar a fondo esta problemática, el Dr. Germán Cantón dialogó con MOTIVAR en el marco de su presentación en el Programa de Educación Continua de la FCV de la Unicen. Allí, el especialista abordó en detalle el síndrome distérmico y el tremorgénico. "El objetivo es mostrar sus efectos productivos, enseñar a reconocerlos tempranamente e intercambiar experiencias con los veterinarios para saber cómo actuar y asesorar al productor ante estos casos", detalló sobre el propósito de su charla.
Síndrome distérmico en bovinos
Por un lado, el especialista describió el síndrome distérmico, que agrupa enfermedades asociadas a hongos que reaccionan al calor, provocando que el animal sufra aún más durante las épocas de estrés calórico. Los cuadros más conocidos son la festucosis y el cornezuelo, originados por hongos de la misma familia.
Estos provocan errores en la regulación térmica y dificultan que los bovinos puedan liberarse del calor. "En el verano esto puede desencadenar cuadros de mortandad y graves pérdidas en la producción", advirtió Cantón. Más allá de la mortalidad, enfatizó sobre las graves secuelas: "Este síndrome provoca una fuerte disminución en la producción de leche, una baja en la ganancia de peso y problemas de infertilidad, haciendo que los animales expuestos no se preñen".
En cuanto a su prevalencia territorial, remarcó: "La festucosis es un problema grave y ya conocido por los productores en toda la provincia de Buenos Aires". El cornezuelo, en cambio, es más puntual y depende de condiciones ambientales que favorecen su proliferación, aunque destacó que "este año hubo varias consultas asociadas a la oferta de este hongo".
Para prevenir este síndrome, Cantón recomendó relevar los recursos forrajeros de cada campo buscando lotes problema con festucas viejas, y estimar cómo vino el clima en la primavera para anticipar si habrá una presencia importante de cornezuelo. Además, enfatizó que es fundamental saber cómo manejar estos cuadros con el productor en la época de verano, que "es cuando el problema más pega".
Síndrome tremorgénico
Estos provocan errores en la regulación térmica y dificultan que los bovinos puedan liberarse del calor. "En el verano esto puede desencadenar cuadros de mortandad y graves pérdidas en la producción", advirtió Cantón. Más allá de la mortalidad, enfatizó sobre las graves secuelas: "Este síndrome provoca una fuerte disminución en la producción de leche, una baja en la ganancia de peso y problemas de infertilidad, haciendo que los animales expuestos no se preñen".
En cuanto a su prevalencia territorial, remarcó: "La festucosis es un problema grave y ya conocido por los productores en toda la provincia de Buenos Aires". El cornezuelo, en cambio, es más puntual y depende de condiciones ambientales que favorecen su proliferación, aunque destacó que "este año hubo varias consultas asociadas a la oferta de este hongo".
La aparición de este cuadro neurológico es variable según las características climáticas de cada año. Suele ser más frecuente al salir del verano y durante el otoño, afectando a los animales que pastorean sobre recursos particulares como el pastomiel o el gramón. En este caso, la prevención "radica en saber reconocer los signos clínicos y estar pendientes de esos forrajes específicos durante su época de mayor incidencia", concluyó Cantón.