El manejo del dolor en bovinos jóvenes ha cobrado creciente importancia en los sistemas de producción lechera modernos. Durante las primeras semanas de vida, los terneros criados en sistemas de crianza artificial pueden enfrentar diversos procedimientos y enfermedades que generan dolor. Reconocer, prevenir y tratar adecuadamente el dolor no sólo responde a principios de bienestar animal, sino que también contribuye a mejorar la salud, el crecimiento y el desempeño productivo de los animales.
Manejo del dolor en la crianza de terneras
Una herramienta clave para mejorar la salud, el bienestar, el crecimiento y el desarrollo productivo de los animales en sistemas lecheros modernos.
La Asociación Internacional para el Estudio del Dolor define el dolor como “una experiencia sensorial y emocional desagradable asociada, o similar a la asociada, con daño tisular real o potencial” (IASP, 2020).
Los bovinos comparten con otros mamíferos las mismas estructuras neuroanatómicas y mecanismos fisiológicos involucrados en la percepción del dolor, incluyendo nociceptores (receptores sensoriales especializados en la detección de estímulos dolorosos o potencialmente dañinos), vías nerviosas aferentes y centros de procesamiento a nivel del sistema nervioso central. Por lo tanto, existe amplio consenso científico en que los terneros son capaces de experimentar dolor y malestar frente a distintos estímulos.
Clasificación del dolor
Según la duración y su significado para el organismo, el dolor se puede dividir en dolor transitorio y dolor clínico.
El dolor transitorio cumple un rol clave como mecanismo de protección, ya que permite al animal responder frente a estímulos potencialmente dañinos, evitando lesiones mayores y contribuyendo a la preservación de la integridad del organismo. Sin embargo, cuando este dolor es excesivo o se prolonga en el tiempo, pierde su función adaptativa y se transforma en dolor clínico.
Este último a su vez, se puede clasificar en agudo y crónico. Los cambios de comportamiento asociados al malestar prolongado en el tiempo pueden derivar en hipersensibilidad e hiperalgesia e incluso alodinia (dolor ante estímulos no nocivos).
Frente a un cuadro inflamatorio, también se produce dolor, ya sea que este provenga de una infección, infestación o trauma. Si el cuadro se presenta en una extremidad, se conoce como dolor somático, mientras que, si se asocia a un órgano interno, se denomina dolor visceral.
Reconocimiento del dolor en terneros
La identificación del dolor en bovinos jóvenes representa un desafío, ya que los animales de presa tienden a ocultar signos evidentes de debilidad. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que el dolor puede evaluarse mediante cambios conductuales, fisiológicos y productivos.
Los mecanismos neurológicos responsables de la percepción del dolor ya están plenamente desarrollados al momento del nacimiento. Existe abundante evidencia científica que demuestra la presencia de respuestas fisiológicas y conductuales en terneros jóvenes sometidos a procedimientos potencialmente dolorosos.
Entre los indicadores conductuales más frecuentes se encuentran la disminución del consumo de alimento o leche, la menor actividad, alteraciones en la postura, reducción de la rumia y menor interacción con el entorno. También pueden observarse movimientos repetitivos de la cabeza, sacudidas de orejas o cambios en la posición corporal. Desde el punto de vista fisiológico, pueden registrarse aumentos en la frecuencia cardíaca y respiratoria, así como los niveles de cortisol.
En los últimos años, se han desarrollado herramientas complementarias como escalas de evaluación del dolor y métodos de análisis facial (“grimace scales”), que permiten mejorar la detección temprana del malestar en bovinos jóvenes (Gleerup et al., 2015). Ver Tabla N° 1.
Actualmente, el uso de sensores de actividad, consumo y rumia permite detectar de manera temprana algunas de estas alteraciones del comportamiento y, en conjunto con la observación clínica y la evaluación de parámetros fisiológicos, constituye una herramienta complementaria para la detección temprana del dolor en los rodeos lecheros.
Procedimientos rutinarios asociados al dolor
En la crianza de terneros existen algunos procedimientos asociados a la producción que generan dolor, y por lo tanto requieren estrategias adecuadas de mitigación.
Uno de los más relevantes es el desmoche o descorne temprano. Este procedimiento se realiza comúnmente en terneros jóvenes para evitar problemas de manejo y lesiones en etapas posteriores de la vida. Diversos estudios han demostrado que el desmoche provoca una respuesta dolorosa significativa que puede persistir durante horas o incluso días. La evidencia científica indica que la combinación de anestesia local, mediante el bloqueo del nervio cornual, y antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) constituye la estrategia más efectiva para reducir tanto el dolor inmediato como el dolor inflamatorio posterior.
La castración es otro procedimiento que puede generar dolor en los sistemas donde se crían terneros machos. La intensidad y duración del dolor dependen de la técnica utilizada, la edad del animal y el manejo analgésico implementado. En general, los animales más jóvenes muestran una recuperación más rápida debido al menor tamaño del tejido a extraer, no obstante, se recomienda el uso de anestesia local y analgesia sistémica siempre.
La eliminación de pezones supernumerarios en terneras también puede provocar dolor, especialmente cuando se realiza a edades más avanzadas. Aunque existen menos estudios al respecto, se recomienda considerar medidas analgésicas y anestésicas apropiadas, ya que se trata de un procedimiento quirúrgico.
Es importante recordar que la utilización de anestesia durante el procedimiento no evita el dolor posterior asociado al proceso inflamatorio y de cicatrización. Por este motivo, el uso de analgésicos o antiinflamatorios posteriores al procedimiento es clave para reducir el malestar del animal.
Reconocer estas situaciones y aplicar protocolos adecuados para prevenir o mitigar el dolor no solo mejora el bienestar de los animales, sino que también impacta positivamente en su salud, crecimiento y desempeño futuro.
Enfermedades dolorosas en la crianza de terneros
Además de los procedimientos de manejo, diversas enfermedades frecuentes en la crianza pueden generar dolor y malestar significativo.
La diarrea neonatal es una de las patologías más comunes durante las primeras semanas de vida. Además de la deshidratación y el compromiso metabólico, los procesos inflamatorios intestinales producen dolor visceral y debilidad general, lo que se traduce en una disminución del consumo y del crecimiento.
Las enfermedades respiratorias también representan un problema sanitario importante en la crianza de terneros. La inflamación pulmonar, la fiebre y la dificultad respiratoria generan malestar, disminución de la actividad y de la ingesta de alimento. El diagnóstico temprano y el tratamiento adecuado son fundamentales para minimizar tanto el impacto sanitario como el sufrimiento animal.
Otras condiciones, como la onfalitis (infección del ombligo), la artritis séptica o las infecciones articulares, también pueden provocar dolor intenso en los terneros jóvenes, manifestándose mediante cojera, dificultad para incorporarse o resistencia al movimiento.
La incorporación estratégica de antiinflamatorios no esteroides (AINEs), como meloxicam, ketoprofeno o meglumina de flunixin, en los protocolos terapéuticos ha demostrado mejorar la tasa de recuperación clínica y reducir el impacto productivo de la enfermedad.
La mejor estrategia es la prevención
Implementar medidas de manejo tranquilo, sin golpes ni gritos, respetando el comportamiento natural de los bovinos y utilizando instalaciones seguras, permite disminuir significativamente el riesgo de lesiones y estrés.
Dado que el dolor es resultado de múltiples mecanismos fisiológicos, es preciso manejarlo a través de diferentes vías. Los médicos veterinarios son responsables de asegurar la implementación de prácticas productivas adecuadas, usando técnicas lo menos invasivas posible y aplicando protocolos orientados a mitigar el dolor. La sedación, la analgesia y/o la anestesia deben incorporarse en determinados procedimientos de rutina.
La capacitación del personal resulta fundamental. El reconocimiento precoz de cambios en el comportamiento permite intervenir de manera temprana y evitar que situaciones leves evolucionen hacia cuadros más severos.
Conclusión
El manejo adecuado del dolor en la crianza de terneros es un aspecto clave tanto desde el punto de vista ético como productivo.
Reconocer tempranamente los signos de dolor y aplicar medidas preventivas y analgésicas apropiadas permite mejorar el bienestar, la salud y el desempeño de los animales durante una etapa crítica de su desarrollo.
El dolor no solo compromete el bienestar animal, sino que tiene un impacto directo en variables productivas fundamentales. Los terneros que experimentan procesos dolorosos suelen reducir su consumo, disminuir su actividad y alterar comportamientos normales como la rumia o el descanso, lo que repercute negativamente en su crecimiento, en su sistema inmunológico y en su recuperación frente a enfermedades.
Cuando las situaciones de dolor se identifican de manera temprana y se manejan adecuadamente, los animales recuperan más rápidamente su comportamiento normal, mantienen mejor su consumo y pueden destinar más energía al crecimiento y desarrollo. Es fundamental la integración de protocolos de prevención y manejo del dolor en la crianza de terneros.
Reconocer y manejar el dolor no es solo una cuestión de bienestar animal, sino un componente estratégico para la eficiencia y la sostenibilidad de los sistemas productivos.