Durante años, en la ganadería circuló casi como una regla no escrita una idea que parecía incuestionable: cuando el precio del ternero sube, aumenta la cantidad de programas de Inseminación Artificial a Tiempo Fijo (IATF).
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SUSCRIBITECon los terneros en valores históricos, la IATF gana protagonismo. Pero el precio ya no alcanza: eficiencia, manejo y resultados definen la decisión.
Durante años, en la ganadería circuló casi como una regla no escrita una idea que parecía incuestionable: cuando el precio del ternero sube, aumenta la cantidad de programas de Inseminación Artificial a Tiempo Fijo (IATF).
Sin embargo, la campaña que comienza encuentra al sector frente a un escenario particular. Los valores de la hacienda alcanzan niveles históricos, pero los veterinarios coinciden en que el precio, por sí solo, ya no explica la decisión de incorporar la tecnología. Hoy el productor analiza la reproducción desde una mirada más amplia, donde intervienen la eficiencia, la planificación, la disponibilidad de personal, la sanidad y la capacidad del asesor para demostrar el retorno de la inversión.
Para descifrar este panorama, MOTIVAR entrevistó a 4 médicos veterinarios especialistas en reproducción bovina que marcan el rumbo en distintas regiones del país: Alexis "Coty" Mazza, quien asesora en Entre Ríos y el sur de Corrientes con unos 7.000 protocolos anuales; Emilio Sequi, referente en Olavarría (Buenos Aires) y zona de influencia, también con unas 7.000 IATF en equipo; Favio Vanni, cordobés radicado en María Grande (Entre Ríos) con unas 2.000 inseminaciones por año; y Patricio Heidenreich, quien abarca el sur de Córdoba, sur de San Luis y norte de La Pampa, superando las 12.000 IATF anuales.
Si la inversión se mide en kilos de carne, todos los profesionales consultados coinciden en un mismo diagnóstico: nunca fue tan accesible implementar un programa de IATF como en la actualidad. Según la región, el costo completo oscila entre los 7 y los 14 kilos de ternero o de novillo por vaca inseminada.
"Estamos entre 10 y 12 kilos de novillo por tratamiento, cuando 10 años atrás, estábamos entre 17 y 20. Prácticamente estamos a la mitad". Patricio Heidenreich.
La diferencia responde principalmente al tipo de semen utilizado, el protocolo hormonal elegido y la estructura de trabajo de cada establecimiento.
Desde el sur de Córdoba, el MV Patricio Heidenreich asegura que la relación mejoró respecto de años anteriores. “Estamos entre 10 y 12 kilos de novillo por tratamiento. Si miramos 10 años atrás, estábamos entre 17 y 20 kilos. Hoy prácticamente estamos a la mitad”, aseguró.
Una visión similar aporta el MV Favio Vanni, quien desarrolla su actividad en Entre Ríos. “Medida en kilos de novillo, la IATF hoy resulta más barata que hace algunos años. Muchos insumos no aumentaron al mismo ritmo que lo hizo la hacienda y eso mejora todavía más la relación entre inversión y resultado”.
En Buenos Aires, el MV Emilio Sequi ubica el costo algo más abajo. “Hoy un programa promedio ronda los $42.000, unos 7 kilos de ternero. Hay una leve tendencia a la baja de los valores”.
Mientras, el MV Alexis "Coty" Mazza propone analizar la inversión desde otro lugar. “La pregunta no debería ser cuánto cuesta una IATF, sino cuánto deja de ganar un campo cuando decide no utilizarla”.
Cuando se habla del costo de la IATF muchas veces solo se piensa en el dispositivo intravaginal, las hormonas o el semen. Sin embargo, los especialistas recuerdan que detrás del tratamiento existe un proceso mucho más amplio.
"La pregunta no debería ser cuánto cuesta una IATF, sino cuánto deja de ganar un campo cuando no decide usarla". Alexis "Coty" Mazza.
La inversión incluye la planificación reproductiva, la elección genética, los honorarios profesionales, la inseminación, el seguimiento del rodeo y, cada vez con mayor frecuencia, ecografías para diagnóstico temprano y programas de resincronización.
“El éxito de un programa comienza mucho antes de colocar un dispositivo”, resume Mazza. Para Heidenreich, además, el verdadero valor está en el asesoramiento. “Incluye ayudar al productor a definir objetivos, seleccionar la genética adecuada y evaluar después los resultados mediante ecografía”.
Aquí aparece quizá el dato más interesante. Aunque todos reconocen que el valor récord del ternero mejora el ánimo inversor, ninguno considera que sea el principal motivo por el cual un productor decide implementar IATF.
En el caso de Heidenreich, afirma que el precio nunca fue el motor de sus clientes. “Nunca encaramos la IATF por una cuestión del precio del ternero. La utilizamos porque ordena los rodeos, concentra preñeces, mejora los índices reproductivos y produce terneros más pesados”.
En Entre Ríos, Vanni sí percibe un mayor interés este año. “Cuando el ternero vale más, cada vaca vacía representa una pérdida importante. La reproducción pasa a ocupar un lugar mucho más estratégico”. Pero aclara que el productor sigue haciendo números: “cada vez más entienden que invertir en reproducción no significa gastar más, sino producir más kilos con la misma cantidad de vacas”.
Por su parte, Sequi también relativiza el efecto del mercado y manifiesta que el precio del ternero hace que el productor esté más dispuesto a invertir, pero el incentivo real es comprobar año tras año los resultados que obtiene con la técnica.
Para Mazza, la clave pasa por transformar la percepción. “Cuando el productor comprende el retorno económico, deja de verla como un gasto”.
Si el precio no explica todo, ¿qué pesa realmente al momento de decidir? La respuesta vuelve a repetirse entre los
entrevistados: el estado corporal de las vacas, la disponibilidad de pasto, el clima, la infraestructura, el financiamiento y el personal siguen siendo variables determinantes. Pero también aparecen otros factores menos visibles.
"Hay productores que no inseminan porque creen que es demasiado complicado o porque nunca se animaron a hacerlo". Emilio Sequi.
Heidenreich identifica uno que hoy preocupa especialmente. “El principal cuello de botella es la falta de personal capacitado. Cada vez cuesta más conseguir gente para trabajar en el campo”.
Por su parte, Sequi pone el foco en un aspecto cultural: "Muchas veces el mayor obstáculo es el miedo. Hay productores que no inseminan porque creen que es demasiado complicado o porque nunca se animaron a hacerlo”.
"Con un programa bien manejado podemos duplicar las vacas que paren al inicio de la temporada, logrando muchos más kilos de destete". Favio Vanni.
Mazza incorpora una realidad sanitaria propia del norte entrerriano y sur correntino. “Muchos hoy deben priorizar el control de la garrapata y de la tristeza bovina. La sanidad y la reproducción no compiten; deben planificarse juntas”.
Quizás uno de los cambios más importantes que describen los profesionales sea la evolución del propio asesoramiento veterinario. Hace algunos años buena parte del esfuerzo consistía en convencer al productor de probar la técnica.
Pero hoy la estrategia es diferente. Los argumentos giran alrededor de indicadores concretos: Más preñez temprana; mayor concentración de pariciones; terneros más pesados al destete; mejor genética; mayor uniformidad de los lotes; Menor cantidad de toros y más kilos vendidos por hectárea.
“El principal argumento es la cabeza de parición. Con un programa bien manejado podemos duplicar la cantidad de vacas que paren al inicio de la temporada y eso termina traduciéndose en muchos más kilos al destete”, explica Vanni.
Para Sequi, los beneficios trascienden la reproducción. “La IATF ayuda a mejorar el peso al destete, la organización del establecimiento, la sanidad reproductiva e incluso tiene ventajas económicas vinculadas al tratamiento impositivo del IVA”.
Además del crecimiento de la IATF, los veterinarios observan una mayor demanda de herramientas complementarias.
Las ecografías reproductivas ganan protagonismo porque permiten tomar decisiones antes. La resincronización comienza a difundirse para incrementar la preñez acumulada. También aparecen nuevas consultas vinculadas a genética, análisis de ADN e identificación electrónica de animales. Incluso la inteligencia artificial empieza a asomar como una herramienta para procesar datos reproductivos y generar información útil para la toma de decisiones.
Todo indica que la reproducción bovina seguirá incorporando tecnología. Pero el verdadero cambio parece estar en otro lado. La IATF dejó de ser una práctica reservada para establecimientos de punta y comienza a consolidarse como una herramienta de gestión. Los buenos precios del ternero seguramente acelerarán este proceso durante esta campaña.
Sin embargo, el consenso entre quienes trabajan todos los días a campo es claro: el valor de la hacienda puede abrir la puerta, pero la decisión definitiva llega cuando el productor comprende que invertir en reproducción significa producir más kilos, antes y con mejor genética.
