La ganadería moderna busca constantemente optimizar la producción sin descuidar el bienestar animal. Una práctica rutinaria como la castración, junto con el descorne o el desmoche, ha sido identificada como una fuente significativa de dolor y estrés para los bovinos, con repercusiones directas en su desarrollo y en la calidad final de la carne.
Según la técnica investigadora del INTA, Dra. Natalia Aguilar, el manejo adecuado del dolor en estas prácticas es fundamental. "El dolor genera un estrés que se manifiesta en una disminución del consumo de alimento durante la primera semana, o incluso los primeros 7 a 10 días. Esto ocurre porque el animal está 'preocupado' por el dolor, que es una percepción sensorial y emocional ante una lesión. Estudios han demostrado que una castración sin manejo del dolor es altamente dolorosa", manifestó la profesional.
Prácticas recomendadas para el manejo del dolor
• Animales pequeños (una semana de vida): Se pueden utilizar las gomitas o bandas para la castración.
• Animales mayores (más de 10-30 días o los tradicionales 6 meses): La castración debe ser quirúrgica, preferentemente realizada por un médico veterinario, utilizando anestésico local y un analgésico general de depósito. Esta combinación ayuda al animal a sobrellevar el impacto inicial, evitando que repercuta en su consumo de alimento.
• Buenas prácticas complementarias: Es crucial no manejar a los animales a los gritos y, en el caso de terneros no destetados, soltarlos inmediatamente con la madre después de la maniobra. Esto reduce el estrés general del animal, lo que beneficia su nutrición y sistema inmunológico.
Impacto en la producción de carne
El impacto del dolor no gestionado es notorio. Los animales que sufren esta repercusión inicial en su consumo no solo comen menos, sino que a menudo no logran recuperar el peso ni ganar lo mismo que otros animales que no han experimentado ese dolor. De hecho, se ha comprobado que un animal castrado quirúrgicamente y con manejo del dolor puede llegar a igualar en ganancia de peso a un macho entero joven (MEG).
El macho entero joven: una alternativa ventajosa
El concepto del Macho Entero Joven (MEG) ha cobrado relevancia en la ganadería. Estos animales tienen una ventaja productiva intrínseca:
• Mayor ganancia de peso: Al mantener su hormona natural anabólica, la testosterona, los MEG depositan masa muscular más rápidamente.
• Sin pérdidas por dolor de castración: Al no ser castrados, evitan el impacto negativo en el consumo de alimento y el estrés asociado al procedimiento.
• Mayor rendimiento de carne: Un MEG bien manejado y engordado ofrece más carne en el rendimiento de la carcasa, lo que beneficia tanto al productor como al frigorífico.
A pesar de estas ventajas, el mercado a veces paga menos o no compra el "torito" (MEG), lo que se atribuye a cuestiones comerciales y culturales. Sin embargo, estudios de calidad de carne en MEG muestran resultados positivos. "Es un mito que la carne del macho entero joven es dura; su calidad es buena y la terneza depende en gran medida del manejo y de cómo se prepare el corte final. La carne de MEG, además, presenta una buena entremezcla de grasa intramuscular", aseguró la profesional.
En resumen, "la implementación de buenas prácticas en la ganadería, especialmente en el manejo del dolor durante la castración, no solo es una cuestión ética de bienestar animal, sino que también es una estrategia clave para optimizar la producción y la calidad de la carne, demostrando que es posible ser buenos productores de carne y hacer las cosas mejor", concluyó Aguilar.
FUENTE: Valor Agregado Agro