El manejo del dolor en la medicina veterinaria ha evolucionado significativamente, pasando de ser una consecuencia inevitable a una prioridad clínica. Un control inadecuado del dolor en los animales activa una respuesta de estrés que puede comprometer su función inmunitaria, metabolismo y proceso de cicatrización, impactando directamente en su recuperación y calidad de vida.
Cuando el dolor no se gestiona correctamente, puede reducir la movilidad y el apetito de las mascotas, favorecer la pérdida de masa muscular y provocar cambios de comportamiento. En procedimientos ortopédicos o en animales con enfermedades crónicas, estas consecuencias pueden retrasar de forma significativa el proceso de recuperación, afectando su calidad de vida.
Un dolor mantenido puede conducir a la sensibilización central, un fenómeno donde las neuronas de la médula espinal amplifican la señal dolorosa incluso después de que la causa inicial haya desaparecido. Este proceso puede favorecer la cronificación del dolor y dificultar la respuesta a tratamientos posteriores, por lo que una intervención precoz no solo mejora el bienestar animal, sino que también ayuda a preservar el funcionamiento de sus mecanismos naturales de modulación del dolor.
Evaluación y Estrategias Farmacológicas en anestesiología veterinaria
La World Small Animal Veterinary Association (WSAVA) considera el reconocimiento y el tratamiento del dolor una prioridad clínica. Sus directrices recomiendan emplear escalas validadas, como la Glasgow Composite Measure Pain Scale, para evaluar la evolución de la mascota y ajustar el tratamiento de manera objetiva. El control del dolor asociado a los procedimientos quirúrgicos es una de las indicaciones más habituales de los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs) en pequeños animales.
Cuando el estado clínico del animal lo permite, la administración preoperatoria de AINEs busca frenar la respuesta al dolor antes de que se establezca. Esta estrategia, conocida como analgesia preventiva, puede reducir la intensidad del dolor postquirúrgico y las necesidades analgésicas posteriores. Su uso resulta especialmente relevante en cirugías ortopédicas, intervenciones abdominales, procedimientos sobre tejidos blandos y extracciones dentales complejas. La decisión debe valorar siempre el estado general del paciente y el riesgo de hipotensión, deshidratación o alteraciones renales.
Los AINEs inhiben la enzima ciclooxigenasa (COX), implicada en la producción de prostaglandinas y otros mediadores relacionados con la inflamación y el dolor. Aunque los AINEs son eficaces para controlar el dolor y la inflamación, pueden producir efectos adversos que afectan principalmente al aparato gastrointestinal y los riñones y, con menor frecuencia, al hígado. El riesgo aumenta en animales con enfermedad renal, deshidratación, hipotensión, hepatopatías o determinados tratamientos concomitantes.
En tratamientos prolongados, las analíticas previas y los controles periódicos permiten detectar alteraciones antes de que se produzca un daño. La frecuencia de la monitorización debe adaptarse a la edad, las enfermedades previas, el principio activo utilizado y la duración del tratamiento.
Es fundamental que el tutor conozca los signos de alerta, como vómitos, diarrea, pérdida de apetito, apatía, cambios en el consumo de agua o alteraciones en la micción. Además, las diferencias metabólicas entre especies son determinantes en la farmacología veterinaria de los AINEs; por ejemplo, los gatos presentan particularidades metabólicas que pueden afectar a la eliminación de determinados principios activos, por lo que la selección del AINE, la dosis y la frecuencia de administración deben realizarse específicamente para esta especie.
Abordaje Multimodal para el bienestar animal
En la práctica clínica, los AINEs pueden combinarse con opioides, anestésicos locales, gabapentinoides o ketamina, dependiendo del tipo y la intensidad del dolor. El abordaje multimodal también incluye medidas no farmacológicas. La fisioterapia y la rehabilitación pueden mejorar la movilidad, la fuerza muscular y la calidad de vida de los animales con osteoartritis. El control del peso reduce la carga sobre las articulaciones, mientras que el ejercicio adaptado y las modificaciones del entorno doméstico facilitan la movilidad y disminuyen las limitaciones asociadas al dolor crónico. Tratar el dolor de los animales de compañía exige combinar eficacia, prevención y vigilancia, donde la monitorización no es un elemento adicional, sino una parte esencial del propio tratamiento para garantizar su bienestar animal.
FUENTE: Animal's Health