La reaparición de la fiebre aftosa en Grecia, luego de más de dos décadas sin registros, vuelve a poner en evidencia la fragilidad sanitaria de los sistemas productivos frente a enfermedades de alta difusión. El foco fue confirmado en una explotación bovina de la isla de Lesbos y obligó a la activación inmediata del protocolo de emergencia previsto por la normativa europea.
El caso, detectado el 15 de marzo, afecta a un rodeo reducido, pero suficiente para disparar medidas de máxima contención. Cuatro de los ocho animales afectados presentaron síntomas y se procedió al sacrificio sanitario, en línea con los estándares internacionales de erradicación.
Zona restringida
Sin embargo, el dato más relevante no es el tamaño del foco, sino la respuesta. Toda la isla fue declarada zona restringida, con prohibición total de movimientos de animales susceptibles —bovinos, porcinos y pequeños rumiantes—, así como de productos, subproductos y alimentos de origen animal. También se suspendió el sacrificio y la circulación de mercadería, incluso en equipajes personales.
En términos operativos, Lesbos quedó aislada desde el punto de vista sanitario.
La decisión responde a una característica central de la enfermedad: su altísima capacidad de diseminación. La fiebre aftosa no solo se transmite por contacto directo, sino también por vía aérea y a través de vectores indirectos, como ropa, vehículos, herramientas o cualquier elemento vinculado a la actividad productiva. Esto obliga a actuar con rapidez y sin margen para medidas intermedias.
Para los productores locales, el escenario es crítico. Desde el sector advierten que, de no contenerse el foco, el impacto podría comprometer la continuidad misma de la actividad en la isla. No se trata únicamente de la pérdida de animales, sino de la paralización total del circuito productivo y comercial.
El antecedente más cercano en Grecia se remonta a 2001, mientras que en la región específica de Lesbos no se registraban casos desde 1994. La reaparición rompe con más de 20 años de estabilidad sanitaria y vuelve a instalar una preocupación que Europa creía bajo control.
Refuerzo de controles fronterizos
El efecto no se limita al ámbito local. En Bulgaria, las autoridades sanitarias ya convocaron a un comité de crisis y avanzan en el refuerzo de controles fronterizos, incluso con inspecciones dentro del territorio. La detección de movimientos ilegales de animales en la región agrega un factor de riesgo que trasciende lo sanitario y expone debilidades estructurales en los sistemas de control.
El vínculo entre sanidad y circulación informal de hacienda vuelve a quedar en primer plano. De hecho, desde el propio gobierno búlgaro reconocieron que redes de contrabando en la región ya estuvieron asociadas a brotes sanitarios recientes.