En la producción porcina intensiva, la decisión de cuándo y por cuánto tiempo retirar el alimento antes de la faena no es menor. Si bien el ayuno previo al transporte y sacrificio es una práctica extendida e incluso regulada en varios países, aún persisten interrogantes sobre su impacto real en el bienestar animal, el rendimiento de la canal y, especialmente, en la calidad de la carne.
Diversos estudios han recomendado un ayuno de entre 12 y 24 horas, aunque existen experiencias donde el período se extiende hasta 36 horas. ¿El objetivo? Minimizar el estrés durante el transporte, reducir la mortalidad, evitar mareos, y disminuir el riesgo de contaminación en la evisceración, entre otros beneficios. También se habla de eficiencia: evitar desperdicios de alimento y hasta una posible reducción de la incidencia de carne PSE (pálida, blanda y exudativa).
Efectos adversos y bienestar animal
Sin embargo, como suele suceder, no todo es blanco o negro. El exceso en los tiempos de ayuno puede provocar efectos adversos: alteraciones fisiológicas, incremento del estrés, mayores pérdidas de peso vivo y un riesgo mayor de carne DFD (oscura, firme y seca).
Un estudio reciente profundizó en este tema. Se evaluaron 240 cerdos en diferentes combinaciones de ayuno en la granja (0 u 8 horas) y tiempos de estabulación en el frigorífico (1, 8, 12 y 24 horas). ¿El resultado? El ayuno total –que incluye el tiempo desde la granja hasta la faena– tuvo efectos directos sobre el rendimiento de la canal, la retención de agua de la carne, el pH y la coloración.
La realidad en la práctica comercial de porcinos
El dato que enciende la alarma es que, en la práctica comercial, los cerdos pueden acumular hasta 46,5 horas de ayuno. En ese escenario, los riesgos superan a los beneficios.
Por lo tanto, se sugiere no superar un período total de 12 horas de ayuno, como estrategia para balancear bienestar animal, eficiencia en el proceso y calidad del producto final.
FUENTE: PorciNews