En primer lugar, Barrales enfatizó que el CRIP es multifactorial, no un agente único, lo que exige un control integral. Indicó que diferentes agentes prosperan bajo distintas condiciones en la granja y la Mycoplasma hyopneumoniae, causante de la Neumonía Enzoótica Porcina, fue el eje central debido a su prevalencia e impacto económico.
“La gestión integral de estas enfermedades se basa en la triada epidemiológica (agente, ambiente, animal) y métodos de control como vacunación, medicación estratégica, y manejo básico (ambiente, instalaciones, alimento, agua)”, especificó.
Estrategias de vacunación
La vacunación es el pilar de todo programa de control, previniendo infecciones y reduciendo lesiones. Aunque no es 100% efectiva, es crucial. “Si no vacuno o no tengo un buen esquema de vacunación, después es muy difícil llevarlo adelante”, afirmó Barrales.
En ese sentido, detalló que se distinguen 2 grupos de vacunación:
- Lechones: Se busca un equilibrio entre operatividad y respuesta inmune. El momento óptimo puede ser predestete (maternidad) o postdestete (3-4 días después), evitando el estrés del destete para una mejor respuesta. Deben considerarse factores como la edad al destete (no menor a 18 días en el 50% de los lechones) y la interferencia con otras vacunas (ej., Circovirus).
Los esquemas monodosis exigen buenas prácticas de vacunación y una inmunización correcta; mientras que los esquemas doble dosis generan un "booster", útiles en desestabilización o ingreso en granjas negativas, aunque más complejos.
- Primerizas y madres: Es crucial trabajar sobre infecciones tempranas para evitar que estas hembras excreten Mycoplasma en el primer parto, reduciendo la transmisión a las camadas y mejorando el control desde la maternidad y el destete. Se recomienda un refuerzo entre los 140-180 días, y en gestantes, una dosis a los 85 días para fortalecer la inmunidad calostral, vital para la respuesta inmune de los lechones.
Plan estratégico de medicación
Barrales propuso un "plan estratégico de medicación" que va más allá del concepto de "menos antibiótico", enfatizando el "diseño y una parte de buena práctica o el éxito de ese plan". Este plan abarca desde el lavado y desinfección de instalaciones hasta el uso de antimicrobianos por alimento, agua e inyectables.
El éxito depende de la clínica y el laboratorio (antibiogramas), la "dosis en miligramos por kilo", la "elección de las moléculas", los "tiempos de tratamiento" y las "buenas prácticas de medicación" que involucren a todo el personal.
Respecto a la administración, se recomienda el uso de productos inyectables de "larga acción", pulsos mínimos de 3 días en el agua (asegurando 8 horas de consumo estable) y 14 días en el alimento (para Mycoplasma y Lawsonia), controlando el consumo y la adición en planta.
"Si yo planifico una dosis y logro que llegue esa dosis como yo planifiqué acá es donde yo bajo la resistencia", afirmó. Se sugiere "rotar moléculas dos a cuatro veces por año" y ajustar planes según la estación.
Manejo ambiental y apoyo terapéutico
La circulación de influenza demanda atención, incluyendo vacunación de madres, medicación en el agua con antitérmicos y mucolíticos, y un riguroso manejo ambiental. La Dra. María Fernanda Javib destacó el rol del bromexol como apoyo terapéutico, ya que ayuda a cortar los enlaces de las glucoproteínas del moco, facilitando su eliminación y mejorando la llegada del antibiótico al alveolo. Este producto se utiliza como paliativo en procesos respiratorios infecciosos y cuando hay dificultad en el confort térmico o la ventilación, sin interactuar con otros tratamientos. Es importante recordar que "sin datos no podemos mejorar".
El eje intestino-pulmón es clave, pues la microbiota intestinal está relacionada con la nasal y las lesiones pulmonares; "el gran sistema inmune o el trabajo está a nivel del intestino", dijo. Se desaconseja medicar madres, salvo casos muy puntuales, para no afectar la protección de los lechones. La higiene y desinfección son esenciales, ya que si no se trabaja la carga de las instalaciones, se termina usando más antibióticos.
Higiene y desinfección: base del control ambiental
Otra de las cuestiones que destacaron los especialistas son el lavado y desinfección como métodos esenciales para reducir patógenos.
El hidrolavado llevarlo a cabo con presión y picos correctos, usando espumas y agua caliente si es posible.
Los desinfectantes, por medios de dosis y aplicación correctas (niebla fina, no mochila ni balde). Javib recordó que “hay que rotarlos como se rotan los antibióticos”.
Respecto al vacío sanitario, mínimo 2, idealmente 7 días, para desecación y reducción de agentes.
Y, por último, la evaluación de la desinfección puede hacerse con checklists e higienogramas, cuantificando la carga bacteriana para ajustar procesos.
Pilares de la gestión
“Las personas son las que trabajamos detrás de los buenos resultados. La capacitación continua del personal en vacunación, medicación y procesos de planta es fundamental. Las fotos de necropsia y el envío de muestras al laboratorio son valiosas para diagnóstico y capacitación”, detalló Barrales.
Asimismo, mencionó un bot de aprendizaje inteligente que envía preguntas diarias a operarios para reforzar conocimientos y estandarizar la inducción de nuevo personal.
El laboratorio provee "información para trabajar". Se recomienda un "muestreo continuo y remisión" para generar un "mapa de agentes y resistencia de la granja". Las inspecciones en frigorífico son una "gran sala de necropsia", aportando "información a patadas" sobre lesiones pulmonares, pleuritis y el perfil de resistencia de bacterias como Pasteurella. Si las vacunas "no andan", el problema suele ser de la "vacunación" en sí.
Toma de decisiones basadas en datos
Por último, los profesionales destacaron que evaluar el impacto económico-productivo de cuadros clínicos y subclínicos es vital. Aunque la mortalidad es el primer indicador, problemas subclínicos como la baja ganancia de peso, conversión, lesiones en frigorífico, son clave. “El desafío es medir el retorno de la inversión; por lo que la decisión basada en datos es crucial”, resaltaron.
El ideal es proponer una matriz de impacto-frecuencia para identificar debilidades, priorizando áreas como buenas prácticas de vacunación, tiempos de medicación, elección de moléculas y densidad animal. La inspección en frigorífico, estandarizada por ciclo de engorde y cruzada con datos productivos, es una valiosa herramienta de gestión.
“La integración de estas prácticas (manejo básico, vacunación, medicación estratégica, higiene, capacitación, uso de datos) es clave para una gestión integral y efectiva de las enfermedades respiratorias en la producción porcina”, concluyeron.
Embed - GESTIÓN DE LAS ENFERMEDADES RESPIRATORIAS
FUENTE: Vetanco