La calidad del forraje es un factor determinante en la eficiencia y rentabilidad de la producción lechera. Una especialista en nutrición para vacas lecheras de alta producción, Amélie Mainville, compartió sus conocimientos sobre el manejo y la administración de una alimentación de calidad, destacando su impacto directo en la nutrición animal y el rendimiento del rodeo en el tambo.
Mainville enfatizó que el tipo de forraje y los métodos de preparación de la comida, especialmente la participación del maíz en su composición, influyen significativamente. Las vacas buscan consistencia en su dieta, un aspecto que los equipos de provisión deben considerar para asegurar un consumo óptimo de materia seca (DMI, por sus siglas en inglés).
La experta canadiense detalló que una alta energía ruminal se traduce en un mayor DMI y, consecuentemente, en una mayor producción de leche. Para maximizar la estimulación ruminal, propuso una ecuación basada en tres componentes clave: almidón, fibra y azúcares, cada uno con un rol específico en la fermentación y digestión.
Componentes clave en la nutrición animal
Entre los componentes físicos esenciales para evaluar la calidad del forraje, Mainville mencionó la caja de picaduras Penn State, un separador de partículas que mide el tamaño y la distribución física de la ración total mezclada (TMR). También resaltó la importancia de la longitud del picado del forraje y la realización de auditorías de TMR, que analizan el almacenamiento de ingredientes, la precisión en la dosificación y el proceso de mezclado en el carro unifeed. La presentación homogénea del alimento en los comederos es crucial para asegurar que cada animal reciba la misma calidad nutricional.
La especialista advirtió sobre los elementos que pueden dañar la calidad del forraje y alterar negativamente la función del rumen. Recomendó una altura de corte adecuada durante la recolección para reducir la incorporación de tierra, polvo o cenizas. Además, subrayó la necesidad de observar diariamente el aspecto de los elementos nutritivos, prestando atención a la aireación y el color. Controlar la exposición y el desprendimiento diario del silo (Face management) es fundamental para evitar el deterioro aeróbico y conservar la calidad nutricional.
Estrategias de alimentación en lechería
Mainville explicó la diferencia entre la ración total mezclada (TMR) y la ración mixta parcial (PMR). La TMR combina todos los ingredientes en una mezcla homogénea para todo el rodeo, mejorando la estabilidad de la fermentación ruminal. La PMR, en cambio, ofrece una mezcla base de forrajes y una porción menor de concentrados, permitiendo suplementar individualmente a las vacas de alta producción con concentrados extra en estaciones automatizadas o robots de ordeño. Esta estrategia permite ajustar la alimentación de manera personalizada según los requerimientos específicos de cada animal, asegurando una mayor frescura del alimento al ser ofrecido dos veces al día.
Un concepto relevante para las vacas frescas es el de "chase the pellet", que garantiza que la cantidad de alimento aumente para satisfacer la demanda de energía antes de que se incremente la producción de leche. Esto asegura que cada animal alcance su máximo potencial. La especialista también sugirió preparar a las vacas para la alimentación robotizada ofreciendo PMR más 2 a 4 kg de alimento superior, de 3 días a una semana antes del parto. Esta práctica enseña a la vaca a visitar la estación de comida sin el estrés del parto reciente y prepara el rumen para la dieta de alta producción.
En Estados Unidos, se admite el envío de muestras para análisis, lo que demuestra la importancia de la evaluación constante de la calidad del alimento. El índice de digestibilidad de la materia seca orgánica (OMDI) es una herramienta clave para medir la proporción de materia orgánica que el animal absorbe, permitiendo calcular el verdadero valor nutricional y energético de los forrajes.
FUENTE: TodoAgro