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Polioencefalomalacia, una incógnita que desafía a los veterinarios

El Dr. Germán Cantón, del INTA Balcarce, destacó el peso de la polioencefalomalacia en los diagnósticos y las incógnitas que plantean los casos a pastoreo.

Motivar | Daniela Mattiussi
Por Daniela Mattiussi 5 de noviembre de 2026 - 13:57

La polioencefalomalacia ocupa un lugar central entre los diagnósticos neurológicos en bovinos jóvenes del INTA Balcarce. Aunque predomina en los engordes a corral, también aparece en animales a pastoreo, donde su origen todavía genera interrogantes. El Dr. Germán Cantón explicó a MOTIVAR qué signos deben reconocer los veterinarios y por qué es fundamental intervenir a tiempo.

“En animales jóvenes en crecimiento, hasta los 2 años de edad más o menos, es la principal enfermedad neurológica hoy en día que se diagnostica”, señaló el responsable del Servicio de Diagnóstico Veterinario Especializado del INTA Balcarce sobre la casuística del organismo.

Cantón explicó que se considera una enfermedad nutricional, con diferentes causas posibles, mayormente vinculadas con trastornos asociados a la vitamina B1 o tiamina. Los animales afectados desarrollan un cuadro neurológico que puede avanzar hasta la postración y la muerte.

El grueso de las presentaciones corresponde a sistemas de engorde a corral, donde suelen encontrarse indicios de que el animal atravesó un proceso de acidosis. También se registran cuadros en bovinos a pastoreo que reciben suplementación con granos. Sin embargo, los casos asociados al consumo de pasturas y verdeos plantean un escenario diferente.

Entre 15% y el 20% de los casos se da en bovinos de pastoreo

Según Cantón, las presentaciones en animales que consumen pasturas y verdeos representan alrededor del 15 al 20% de los casos de polioencefalomalacia analizados por su equipo. Además, describió cierta estacionalidad primaveral en estas presentaciones, aunque aclaró que las consultas no se repiten con la misma frecuencia todos los años. Los cuadros se detectan sobre recursos forrajeros diversos, desde verdeos de avena hasta pasturas de gramíneas, leguminosas o mezclas de ambas.

“No sabemos la etiología, qué es lo que lleva en estos casos de pastoreo”, sostuvo. La incertidumbre se refiere al desencadenante, porque los signos clínicos, la respuesta al tratamiento y las lesiones observadas en las necropsias y en la histopatología coinciden con los de la polioencefalomalacia.

A diferencia de lo que ocurre habitualmente en los encierres, en estos casos no encontraron evidencia clara de acidosis. Tampoco detectaron excesos de azufre en las mediciones realizadas sobre el forraje y el agua.

El especialista mencionó como posibilidad que se genere un ambiente ruminal que altere la síntesis de tiamina o favorezca su destrucción por acción de tiaminasas. Sin embargo, remarcó que los mecanismos que explicarían estas presentaciones todavía no están establecidos.

Respecto del clima, tampoco planteó una relación comprobada. Si bien durante el año recibieron numerosas consultas, advirtió que no analizaron con suficiente detalle la asociación entre las condiciones climáticas y la frecuencia de los cuadros. La mayor circulación de información también pudo haber favorecido su reconocimiento entre colegas.

Qué se sabe sobre sus posibles causas

A diferencia de lo que ocurre habitualmente en los encierres, en los casos a pastoreo estudiados no encontraron evidencia clara de acidosis. Tampoco detectaron excesos de azufre en las mediciones realizadas sobre el forraje y el agua. “Nunca hemos encontrado exceso de azufre”, precisó Cantón respecto de estas presentaciones a pastoreo.

El especialista mencionó como posibilidad que se genere un ambiente ruminal que altere la síntesis de tiamina o favorezca su destrucción por acción de tiaminasas. Sin embargo, subrayó que los mecanismos que explicarían estos cuadros todavía no están establecidos.

Respecto del clima, tampoco planteó una relación comprobada. Si bien durante el año recibieron numerosas consultas, advirtió que no analizaron con suficiente detalle la asociación entre las condiciones climáticas y la frecuencia de la enfermedad.

La circulación de información también pudo haber favorecido su reconocimiento. Según relató, algunos colegas comentaron que estaban observando cuadros compatibles, pero inicialmente habían pensado en otras enfermedades porque los animales estaban a pastoreo.

Los primeros signos pueden pasar desapercibidos

La detección temprana resulta especialmente desafiante en animales a campo. El cuadro puede comenzar con depresión y signos de ceguera que no siempre se reconocen de inmediato. “En un animal en pastoreo quizás puede llegar a pasar desapercibido esos cuadros o signos iniciales”, advirtió.

Los bovinos pueden permanecer mirando un punto fijo en el horizonte, presentar movimientos de la cabeza y mostrar dificultades para desplazarse. Cuando se los apura, pueden tropezar, caer o manifestar ataxia. En etapas avanzadas quedan en decúbito y pueden presentar opistótonos, con la cabeza dirigida hacia atrás.

Aunque generalmente se afectan animales de manera individual, la demora en reconocer la enfermedad puede derivar en muertes antes de iniciar un tratamiento específico. “Un animal que está con un cuadro muy avanzado sabemos que la respuesta no es muy buena porque la lesión cerebral ya está establecida”, explicó Cantón.

En cambio, cuando se interviene en las primeras etapas, la evolución puede ser muy distinta. “En general, si se lo ataca rápidamente al cuadro clínico, la respuesta es rápida y quizás a las horas el animal está casi normal”, describió.

El especialista destacó la necesidad de incluir la polioencefalomalacia entre los diagnósticos diferenciales de los cuadros neurológicos. Entre otras posibilidades, mencionó las encefalitis por herpesvirus, que pueden producir signos similares.

Cambiar la dieta y actuar temprano

La prevención presenta distintas posibilidades según el sistema productivo. En los engordes a corral, Cantón puso el foco en ordenar el manejo de la alimentación para evitar episodios de acidosis. También comentó que, en algunos casos, probaron incorporar un aporte extra de tiamina en la dieta.

En pastoreo, las herramientas son menos precisas porque el desencadenante continúa sin conocerse. Frente a establecimientos con casos diagnosticados, propuso cambiar de parcela, potrero o recurso forrajero, o incorporar suplementación cuando sea posible. “Plantear algún cambio nutricional para tratar de revertir un poco lo que está generando el cuadro, que no sabemos igual con certeza qué es”, sintetizó.

Como tratamiento, mencionó el uso veterinario habitual de tiamina inyectable y dexametasona para disminuir el edema cerebral. Nuevamente, destacó que la respuesta depende de la rapidez de la intervención.

“El tema puntual es hacer un diagnóstico veterinario temprano y estar atentos en esta época al pastoreo de este tipo de recursos forrajeros”, concluyó.

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