En un contexto de creciente demanda por cortes saludables, nutritivos y diferenciados, la producción bubalina se posiciona como una oportunidad productiva real para los ganaderos argentinos, especialmente en regiones donde la ganadería bovina enfrenta desafíos. El INTA ha sido un pilar fundamental en la caracterización de este producto y el impulso de su desarrollo.
Estudios realizados por especialistas del Instituto de Tecnología de Alimentos (ITA) del INTA Castelar han confirmado que la carne bubalina posee un perfil nutricional sobresaliente. Se ha observado un alto contenido proteico y bajo nivel de grasa, un alto nivel de hierro, y un perfil lipídico favorable con bajos índices de aterogenicidad y trombogenicidad.
Irina Martínez, médica veterinaria del INTA Corrientes, añade que esta carne tiene menos colesterol y la grasa es extramuscular, lo que la diferencia de la grasa vacuna que suele ser marmolada. Estas características la convierten en una "excelente opción para mercados que buscan cortes alternativos, saludables y diferenciados", según Sebastián Cunzolo, investigador del ITA del INTA.
La producción bubalina se perfila como una alternativa viable y promisoria en regiones con dificultades para la producción bovina, como el noreste argentino (NEA) y el Delta del Paraná. Aunque la producción se adapta a casi todas las zonas de Argentina (con excepción de las tres provincias del sur), Corrientes, Chaco y Formosa concentran aproximadamente el 80% de las alrededor de 200.000 cabezas bubalinas que existen en el país, según datos relevados a través de las actas de vacunación del Senasa.
El INTA, a través de sus agencias de extensión rural y proyectos de investigación como la "Caracterización de la producción bubalina en Corrientes", está trabajando activamente en el acompañamiento al sector, relevando datos productivos, elaborando trabajos de investigación y articulando con instituciones como el gobierno de la provincia de Corrientes.
El Impulso del INTA y la optimización de la calidad
Para impulsar el consumo y la producción, resulta fundamental disponer de datos técnicos y evidencia científica sobre las propiedades y el valor nutricional de la carne de búfalo, labor que el INTA está llevando a cabo.
El investigador Sebastián Cunzolo recomienda cuatro aspectos clave para optimizar la calidad del producto final:
1. Selección Genética: Priorizar animales con marcadores asociados a la grasa intramuscular y la terneza.
2. Alimentación Estratégica: Implementar dietas postdestete con concentrados durante 100 a 120 días para mejorar la calidad de la carne.
3. Manejo Prefaena: Este aspecto es crucial.
4. Tratamiento Posfaena: Recomendar procesos de enfriado controlado y técnicas culinarias que preserven las cualidades nutricionales.
La sanidad y el bienestar animal: claves para la calidad
Dentro del manejo prefaena, Cunzolo hizo hincapié en el bienestar animal y la calidad ética. Si bien son importantes en todas las etapas de vida del animal, en la perifaena (fase cercana a la faena) cobra aún más relevancia el trato que se le da al animal, ya que se ve reflejado directamente en la calidad de la carne. Esto subraya la importancia de un manejo ético y cuidadoso para asegurar no solo la salud del animal, sino también la calidad final del producto que llega al consumidor.
Además, la mención de que el número de cabezas bubalinas en el país se releva a través de las actas de vacunación del SENASA, sugiere la existencia de un seguimiento y control sanitario en la producción.
En definitiva, la ganadería bubalina está en evolución y, con el apoyo de la investigación y la transferencia de conocimientos del INTA, tiene un futuro prometedor en la oferta de cortes saludables y diferenciados, donde la sanidad y el bienestar animal son componentes esenciales para su éxito y calidad.