La recría bovina es una etapa decisiva para alcanzar eficiencia en los sistemas de engorde. Investigaciones del INTA Anguil demostraron que el maíz húmedo procesado no solo mejora la conversión, sino que también incrementa el área de ojo de bife y reduce el exceso de grasa dorsal, aportando ventajas productivas y comerciales para la ganadería argentina.
En una jornada técnica de CREA Córdoba Norte, el investigador Aníbal Pordomingo presentó datos recientes que confirman cómo el procesamiento de los granos impacta directamente en la ganancia de peso y en la calidad de la carne. De acuerdo con la bibliografía y los ensayos, entre un 10 y un 30% de la eficiencia de conversión en bovinos está asociada a la dieta.
Uno de los estudios comparó distintas formas de maíz: entero seco, aplastado seco, húmedo entero y húmedo aplastado. Tras 180 días de engorde, las dietas con grano húmedo procesado permitieron ganancias de peso promedio de 1,31 kg/día, frente a 1,12 kg/día con maíz entero seco. Además, el consumo fue menor: 8,7 kg/día para el húmedo aplastado frente a 9,7 kg/día en el seco entero, lo que se tradujo en mejores índices de conversión.
Según Pordomingo, “entre los días 90 y 120 ya se empezaba a ver una separación a favor de las formas procesadas, y entre los 150 y 180 días las diferencias eran muy grandes”. En efecto, los animales que recibieron maíz húmedo aplastado cerraron con 6,6 kilos de materia seca por kilo de ganancia, mientras que en los lotes con grano seco entero los valores fueron de 8,7.
El tipo de grano también influyó en la composición de la res. En promedio, el área de ojo de bife fue de 71,1 cm² con maíz húmedo aplastado, frente a 63,8 cm² con maíz entero. En tanto, la grasa dorsal resultó más alta en dietas con granos secos (16,7 mm) que con húmedo procesado (12,5 mm). A esto se sumó un mejor aprovechamiento del almidón: los animales con maíz entero eliminaron un 19% en las heces, mientras que los que consumieron húmedo aplastado apenas un 7,8%.
Para el técnico del INTA, estos resultados están ligados a mecanismos metabólicos: “Las formas secas tienden a mandar demasiado almidón al intestino, promoviendo un engrasamiento temprano, similar a los síndromes de resistencia a la insulina en otras especies”.
Estrategias de engorde
El impacto de las dietas procesadas se vuelve más evidente en engordes de más de 120 días. En esos casos, el maíz húmedo aplastado no solo mantiene la conversión, sino que también evita un engrasamiento excesivo. Esto favorece un mayor desarrollo muscular y un área de ojo de bife más amplia, en contraposición a las dietas con granos secos que aceleran la grasa de cobertura.
Desde el punto de vista comercial, el efecto es claro: menos grasa dorsal significa mayor aprovechamiento industrial y mejor valorización de los cortes, tanto para el mercado interno como para exportación. A la vez, un mayor volumen de carne magra y con adecuada grasa intramuscular aporta competitividad en los programas Hilton y 481.
Manejo de la recría bovina
Otro de los ejes de la exposición fue el manejo de la recría, clave para sostener las ganancias logradas en la terminación. Pordomingo remarcó que los animales restringidos en el posdestete no compensan totalmente las pérdidas. En ensayos con novillos Angus, los restringidos lograron reses de 238 kilos contra 271 kilos en los no restringidos, además de menor área de ojo de bife (54 vs. 60 cm²) y menor rendimiento al gancho.
El efecto residual también se observó en dietas de baja proteína. Animales alimentados con 9% de proteína durante 150 días después del destete no alcanzaron el mismo peso final que aquellos con dietas de 13% y 16%, incluso recibiendo la misma terminación a corral.
“Por más que queramos hacer magia en el corral, ajustar las dietas o el procesamiento de granos, si el animal arrastra restricciones desde la recría, es probable que tengamos un fracaso en el engorde”, advirtió el investigador.
Mercado y eficiencia
Las estrategias deben ajustarse según el mercado de destino. Para el consumo interno se apunta a novillos de 400 a 450 kilos, con mínima grasa y buena conversión. En cambio, los novillos pesados para Hilton o 481 requieren más músculo, mayor área de ojo de bife y biotipos capaces de sostener peso sin exceso de grasa.
Los datos de INTA Anguil también confirmaron que entre los 80 y 140 días de engorde se da la mejor transferencia de energía hacia la res, con ganancias diarias superiores a 1,3 kg. Pasado ese umbral, la eficiencia cae y aumenta la proporción de grasa.
Un indicador clave es el área de ojo de bife: animales con 90 cm² alcanzaron hasta un 81% de cortes minoristas, frente al 75% en los que tenían 66 cm², lo que representó un 23% más de valor en carnicería.
El mensaje final fue claro: la eficiencia y la calidad de la carne se definen desde la gestación y se consolidan en la recría. El corral de engorde puede potenciar ventajas, pero difícilmente corregir deficiencias previas. Para lograr animales jóvenes, pesados y con atributos competitivos, es necesario planificar el sistema completo: desde la vaca hasta la faena, pasando por una recría bovina bien manejada y dietas ajustadas con precisión.
FUENTE: CREA