La carne silvestre puede ser una delicia, pero también un riesgo sanitario si no se toman precauciones. En zonas como La Pampa, Neuquén o Buenos Aires, donde la caza del jabalí es parte de la vida rural, el control de la triquinosis es tan importante como la puntería.
El jabalí es una de las especies invasoras más conflictivas de la Argentina: destruye cultivos, daña el suelo y desplaza fauna nativa. Pero además, representa un riesgo sanitario concreto: es uno de los principales reservorios silvestres del parásito Trichinella spp., causante de la triquinosis.
Desde el Senasa remarcan la importancia de la caza regulada como herramienta para controlar poblaciones de jabalíes y, al mismo tiempo, para vigilar la circulación de enfermedades zoonóticas como la triquinosis. Esta parasitosis, endémica en Argentina, puede transmitirse al ser humano por consumir carne mal cocida o productos como chacinados elaborados sin controles sanitarios.
Un dato que preocupa: en los últimos años, el 46% de los casos positivos de triquinosis animal detectados en el país fueron en fauna silvestre, principalmente en la región cordillerana de Neuquén.
Pruebas de diagnóstico
La receta para prevenir es clara: quienes practican la caza y elaboran productos con carne silvestre deben enviar una muestra de músculo de cada animal a laboratorio y realizar la técnica de Digestión Artificial. Esta es la única prueba oficial que asegura si un producto es seguro para el consumo.
Además, una regla de oro que muchas veces se pasa por alto: nunca abandonar las carcasas en el campo. Los restos pueden ser fuente de infección para otros animales y perpetuar el ciclo de la enfermedad.
La caza responsable no solo protege los ecosistemas, sino que también puede ser una aliada de la salud pública. Con cada muestra enviada, cada notificación al Senasa, los cazadores se convierten en actores clave del sistema epidemiológico nacional.
La caza como deporte o tradición rural, también resulta una herramienta estratégica en la lucha contra las enfermedades zoonóticas.
FUENTE: Senasa