La tendencia del desarrollo de establecimientos con mayores escalas de producción e intensificación están ejerciendo una exigencia fisiológica y productiva a las vacas, afectando su adaptación y su bienestar.
¿Cómo medir el bienestar en el tambo?
Evaluar el bienestar animal en el tambo permite identificar factores que limitan la eficiencia, desde la falta de agua y sombra hasta problemas de salud, dolor o manejo.
Condiciones de bienestar son relativamente fáciles de lograr en sistemas más extensivos, con mayor tiempo de pastoreo, dietas ricas en fibra, alimentos de baja densidad y producciones moderadas de leche.
Los encierres de los rodeos en producción, más los cambios en la composición de las dietas y las producciones individuales de leche crecientes, obligan a atender a todos los factores de bienestar y confort de las vacas para reducir los riesgos de enfermedad.
Principios del bienestar animal
El bienestar animal bajo el enfoque de los 5 Dominios (salud, alimentación, ambiente, comportamiento y estado emocional) y Una Salud (One Health) representa una evolución desde el concepto de "sobrevivencia" (las 5 Libertades) hacia uno de "una vida que valga la pena vivir".
Este enfoque busca activamente el estado mental positivo del animal y se reconoce su conexión con la salud humana y ambiental, procurando productividad y longevidad, garantizando la calidad del producto y generando la aceptación social.
Los protocolos desarrollados para la evaluación del Bienestar Animal se basan en tres criterios fundamentales:
1. El funcionamiento biológico (salud, producción).
2. La naturalidad de su vida (comportamiento normal, ambientes naturales).
3. El estado afectivo (dolor, sufrimiento).
Comer y beber
Distintas auditorías encontraron que la disposición de los bebederos y su tamaño, la calidad del agua y accesibilidad eran deficientes. La privación de agua disminuye el consumo de alimento, afecta la producción y genera pérdida de peso.
Un bovino adulto consume entre un 8-10% de su peso en agua; aumentando los requerimientos de agua en un 30 y un 60% en días calurosos. Una vaca lechera de alta producción puede ingerir hasta 120 litros por día durante el verano.
Es conveniente colocar un bebedero a la salida de la sala de ordeño ya que el 50% del consumo de agua de una vaca ocurre durante las 2 horas posteriores al ordeño. Las vacas lecheras modernas producen más de 6.000 litros por lactancia, por lo que el aporte de agua en cantidad y calidad es beneficioso desde el punto de vista del bienestar y productivo.
El tamaño de los bebederos para las vacas debería ser de 2 m de longitud cada 25 cabezas y de llenado rápido. En sistemas de encierre, debería asegurarse un mínimo de 15 cm de frente por vaca, para evitar agresividad por competencia con animales líderes. El riesgo de disponibilidad de acceso adecuado al agua de bebida se presenta en un número importante de tambos según distintas auditorías.
Datos obtenidos por el Proyecto índices observaron que el agua se encuentra a distancias mayores a 461 mts. (el máximo recomendado para vacas en pastoreo es de 200 metros) y una escasa cantidad de aguadas (una aguada cada 34 hectáreas) afectando la disponibilidad de agua.
El estado nutricional de la vaca lechera es fácil de determinar mediante la estimación de la condición corporal (CC) de la vaca.
En la escala de 1 a 5 la vaca al parto no debería estar bajo una CC de 3,25 - 3,5; su disminución en los primeros 70 días de lactancia debido al balance energético negativo no debería ser mayor a 0,5, iniciando la recuperación de las reservas energéticas a los 80 - 90 días postparto.
En relevamientos realizados en Uruguay se halló un 63,63% de animales con condición aceptable (mayor de 3 en escala de 1 a 5) con variaciones estacionales y en el sur de Chile el 77% de los establecimientos evaluados presentaban un estado nutricional aceptable.
El confort
Altas densidades de animales, malos caminos, falta de sombra en los potreros, exceso de gritos y ruidos, fallas en los equipos de ordeñe, son algunas de las situaciones observadas en distintos relevamientos. Problemas de caminería por la presencia de pantanos con barro e irregularidades que afectan la higiene y la salud podal. Distintas evaluaciones encontraron aproximadamente 60% de los callejones evaluados en estado “regular o malo”.
Distintos estudios coinciden sobre la importancia del descanso, indicando que las vacas en producción deben permanecer echadas entre 12 y 14 horas al día en sistemas confinados. Durante este tiempo, se favorece la rumia y la ingesta de materia seca, pero también el flujo sanguíneo hacia la glándula mamaria, fundamental para la producción de leche.
Fisiológicamente, consideramos que durante los períodos de descanso el flujo sanguíneo hacia la mama aumenta en un 21,6%, lo que mejora notablemente la producción, descansan las articulaciones y las pezuñas, lo que disminuirá la aparición de cojeras.
Las vacas rengas disminuyen la ingesta de materia seca, reduciendo la condición corporal, afectando el rendimiento reproductivo y la producción de leche.
La limpieza del animal es un aspecto que debe ser considerado.
Un pelaje sucio (distintos grados) indica que el animal es mantenido en condiciones precarias de higiene o la presencia de diarrea. Esto puede llevar a una exposición a patógenos ambientales, como Escherichia coli y Streptococcus uberis que pueden provocar mastitis ambientales.
Para el confort térmico, el bovino de razas lecheras europeas presenta la denominada “zona termo neutra” (rango de temperatura de mayor adaptación al ambiente) desde los 4 hasta los 25 º C. Por encima de 25 º C se genera estrés calórico, disminuyendo la ingestión de materia seca (a 35 º C, el consumo se reduce 15% al que tendría la vaca a 20 º C). A 35 º C la disminución en la producción de leche puede ser de hasta el 33% y del 50% a 40 º C, tomando la producción a 20 º C como base de referencia.
Esto sin considerar que la humedad ambiente incrementa el índice de temperatura humedad (ITH) dificultando la pérdida de temperatura corporal.
En relevamientos realizados en establecimientos en la cuenca Abasto Sur utilizando el Protocolo de Evaluación de APROCAL, se observó que más del 50% de los tambos presentaban falencias en los sistemas de control del estrés por calor (sombra, aspersión, ventilación). Otros relevamientos encontraron que el 30% contaba con sombra en el corral de espera y menos del 11% contaba con ventiladores y/o aspersores en el corral de espera para mitigar el estrés calórico.
Salud y dolor
Existen diversas afecciones que afectan a la vaca lechera que causan dolor, y de acuerdo con auditorías realizadas en el 46,7% de los establecimientos no efectuaban control adecuado del dolor (anestesia o analgesia) en aquellas prácticas que lo requieren (castración, descorne, mastitis, remoción de pezones supernumerarios, patologías podales, etc).
Entre las patologías más frecuentes se cuentan las cojeras y las mastitis.
Las afecciones podales determinan un fuerte estado de distrés, ya que el dolor está siempre presente, siendo el principal problema de bienestar del animal.
Whay et al. (1997) y Whay et al. (1998) encontraron que varias lesiones podales generan un estado de hiperalgesia, en el cual el umbral de dolor en vacas rengas disminuye con respecto a las vacas sanas, manteniéndose en este estado hasta por 28 días post tratamiento. Y debido al dolor causan alteraciones productivas, reproductivas y comportamentales.
Esto incrementa los descartes y los tratamientos individuales y poblacionales, el descarte de leche, la pérdida de la condición corporal y la pérdida de tiempo del personal para atención de los animales afectados.
Las enfermedades podales son consecuencia tanto de trastornos propios de los animales, como son por ejemplo los trastornos nutricionales como así también de una infraestructura deficiente de los establecimientos; ya sea relativo a caminos, corrales o sala de ordeñe.
Relevamientos realizados en la Cuenca Abasto Sur indicaron que sobre 1090 vacas evaluadas mediante score de locomoción reducido (no renga, renga, muy renga) aproximadamente el 12% de los animales presentaban problemas podales de distinta índole. De acuerdo con Sprecher et al., (1997) se considera un 8% de prevalencia para calificar a un tambo como de baja prevalencia de cojeras.
En un estudio retrospectivo realizado en más de 900 tambos con alta prevalencia de cojera (≥16%), éstos presentaban un 2,9% más de probabilidades de mortalidad en vacas lecheras en comparación con tambos con baja prevalencia de cojeras, ya que las vacas con cojeras graves fueron usualmente sacrificadas.
Las mastitis clínicas y subclínicas son las patologías más frecuentes en las vacas lecheras a lo largo de todo el mundo. Afectan el bienestar de las vacas y causan efectos negativos sobre la producción y composición de la leche. Además, generan pérdidas por retiro de la leche por tratamientos con antibióticos, los costos de tratamientos y la mano de obra adicional.
En encuestas realizadas en tambos en el Valle de Lerma en Salta se destacó que, en promedio, el 67% de las vacas presentaron mastitis subclínicas. Un relevamiento del programa Claves (2009) reveló que, en las vacas en transición, las mastitis clínicas disminuyeron la producción en unos 435 L/animal durante los 3 primeros meses de lactancia. Las inflamaciones que causan las mastitis son dolorosas y, por lo tanto, están estrechamente asociadas al bienestar de las vacas.
Expresión del comportamiento natural
Los bovinos son animales sociales y forman lazos entre individuos del mismo grupo. Puede afectarse el comportamiento de los animales, por ejemplo, en sistemas confinados con pisos resbalosos o abrasivos que pueden alterar la manifestación de celo. Las vacas en sistemas de confinamiento con un nuevo presupuesto de tiempo permanecen en decúbito mayor tiempo, ya que no deben caminar para obtener su alimento.
Cuando las camas no son adecuadas, podemos encontrar animales acostados en los pasillos produciendo alteraciones del comportamiento de descanso y rumia.
La conducta de rumia se ve muy afectada por el estrés. En los rumiantes existe una relación inversa entre el tiempo dedicado a la rumia y el tiempo dedicado a dormir. Es muy probable que la rumia comparta algunas de las características del sueño y esto explicaría que sea tan sensible a situaciones de estrés.
La observación directa del comportamiento (observación de monta para el celo, uso de pintura, estado de excitación o depresión del animal, etc) o la observación mediante distintos que existen en el mercado dispositivos (podómetros, collares, etc) permiten obtener datos de actividad y relacionarlos con la modificación de su actividad reproductiva, salud y también su bienestar.
Los factores de estrés sobre el comportamiento (ingestión de alimento), están especialmente presentes durante las primeras semanas después del parto. La curva de lactancia suele alcanzar su valor máximo unas 4-8 semanas después del parto, mientras que la ingestión de materia seca alcanza su nivel máximo entre las 10 y las 14 semanas después del parto.
Este “desfasaje” entre la producción de leche y el consumo de alimento genera un balance energético negativo al comienzo de la lactancia, que se acentúa si el consumo de alimento disminuye a causa de una situación de estrés que probablemente sea mucho más pronunciada y deba tenerse más en cuenta en vacas primíparas, que en muchos casos comparten espacios con vacas adultas y además tienen que competir para acceder a los comederos. En aquellos casos en que se estabulan animales de distintas edades en espacios reducidos, es probable que las vacas más jóvenes sean agredidas por las más dominantes y vean restringido su acceso a la alimentación, el agua y áreas de descanso.
El miedo y distrés
El miedo puede ser consecuencia de situaciones novedosas para el animal, como el transporte, manejos en el tambo, la percepción de riesgo de un ataque de un predador respondiendo con inmovilizaciones, vocalizaciones, defecaciones, intentos de escape o ataque, aumento de la frecuencia cardíaca.
Las vacas presentan un espacio propio, denominado zona de fuga, por lo que cuando un extraño u otro animal entran en ella, hacen que ésta se aleje.
La vaca lechera, está en directo contacto con el ser humano desde su nacimiento por lo que su zona de fuga es muy pequeña.
La docilidad y las experiencias previas determinan su tamaño. Las vacas manejadas en forma tranquila tienen zonas de fugas menores a 1 metro y reflejan ausencia de temor frente a la presencia de los seres humanos; mientras que manejos aversivos generan zonas de fuga superiores a 2 m.
En auditorías realizadas en el sur de Chile (Provincia de Valdivia) se observó que en 18,2% de lecherías relevadas, la zona de fuga era menor a 1 m, mientras que en 45,4% la zona de fuga fue ≥ a 2,0 m (sobre 15 tambos y 3927 vacas).
Defecar excesivamente en la sala de ordeñe se considera negativo y en esta auditoría el 7,92% de vacas lo hizo (normal de 5%), considerándose un buen indicador de falta de bienestar.
Las vacas son capaces de reconocer las personas que perciben como nocivas/ agresivas (Cuadro N° 1) afectando su comportamiento y disminuyendo su producción de leche. En un estudio de intervención donde se mejoraron las actitudes y el trato del personal hacia los animales, la producción de leche, proteínas y grasa de las vacas se incrementó en forma significativa.
Conclusión
La valoración del nivel de bienestar de las vacas con indicadores prácticos y económicos de forma global permiten identificar los factores que limitan una producción de leche eficiente y responsable. Las nuevas tecnologías podrán colaborar en la decisión de priorizar acciones correctivas y/o inversiones.
La capacitación del personal que trabaja con los animales, el mantenimiento y adecuación de la infraestructura, el establecimiento de protocolos de manejo prácticos y amigables permitirá generar estándares adecuados, procurando mayor productividad y longevidad, garantizando la calidad del producto y generando la aceptación social.
*El MV, Ms, DPL. Roberto J.A Vaca es profesor de la cátedra de Producción de Bovinos y de la cátedra de Bienestar Animal en la FCV de la UNLP. / Coordinador de Comisión de Bienestar Animal de APROCAL.