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Nutrición

Estrategias de suplementación en la vaca de cría

INTA proporciona claves científicas para maximizar los índices productivos y reproductivos en la vaca de cría para implementar sobre el final del invierno.

14 de agosto de 2026 - 11:41

La ganadería de cría extensiva en la Cuenca del Salado y en gran parte de Argentina se enfrenta cada año a un cuello de botella crítico hacia fines de invierno y principios de primavera. Este período coincide con el momento de mayores requerimientos nutricionales de la vaca —el último tercio de gestación y el inicio de la lactancia—, cuando el déficit forrajero suele restringir la nutrición de los rodeos.

Los especialistas explican que, ante la escasez de pasto o el exceso de carga animal, es vital anticiparse y planificar para evitar pérdidas que impacten de forma directa sobre la rentabilidad del establecimiento agropecuario.

Las consecuencias de descuidar el estado corporal de las vacas durante este período son severas. De acuerdo con los investigadores del INTA, "un estudio realizado por la EEA Cuenca del Salado demostró que más del 40% de las vacas llegan con baja condición corporal (CC) al parto, comprometiendo los índices reproductivos, afectando la producción de leche y condicionando la ganancia de peso de los terneros". Esta preocupante realidad obliga a los productores e industria veterinaria a evaluar herramientas de suplementación que permitan revertir la situación a través de estrategias energéticas o proteicas de alta precisión.

El punto de partida técnico

Antes de comprar insumos o definir una ración, el programa de suplementación debe fundamentarse en un diagnóstico riguroso del sistema productivo. De acuerdo con las recomendaciones de los expertos, "la disponibilidad de forraje, su composición química (principalmente contenido de proteína) y la condición corporal de los vientres es lo primero que hay que determinar para diseñar un correcto programa de suplementación". A partir de este análisis inicial, se podrá dilucidar si el sistema requiere un aporte de energía o de proteína, optimizando el uso de los recursos económicos y forrajeros.

Cuando la escasez radica en el volumen de pasto, pero la pastura o pastizal natural conserva un nivel de proteína aceptable para la digestión de la fibra, la indicación técnica es recurrir a la suplementación energética. En este escenario, se puede optar por forrajes henificados (como rollos) o por concentrados energéticos como granos y subproductos de la industria. Sin embargo, para tomar una decisión económicamente viable, el productor debe calcular el costo de los nutrientes digestibles efectivamente consumidos y digeridos, contemplando cuatro variables indispensables: el costo por tonelada (incluido flete), el porcentaje de materia seca, la digestibilidad y el porcentaje de desperdicio durante el suministro.

Alternativas frente al déficit proteico

La situación cambia radicalmente durante las sequías o cuando se pastorean recursos de madurez avanzada —como rastrojos, maíces o sorgos diferidos—, donde los valores de proteína suelen desplomarse a rangos de entre 4% y 7%. Considerando que los requerimientos de las vacas en gestación tardía o lactancia temprana oscilan entre el 9% y 10%, este déficit compromete la actividad de las bacterias ruminales, disminuye la digestibilidad de la fibra y provoca pérdidas de condición corporal. En este sentido, los investigadores destacan que "si un forraje tiene menos de un 7% de proteína cruda, la suplementación generalmente mejora la digestión y por lo tanto el consumo".

Para subsanar esta carencia, el mercado ofrece subproductos de la industria oleaginosa como los pellets de girasol, soja y algodón, o bien concentrados proteicos comerciales que incluyen vitaminas y minerales. Asimismo, la urea se presenta como una alternativa económica de nitrógeno no proteico degradable en rumen, aunque requiere suma precaución: "Esta fuente de nitrógeno debe ser usada con moderación ya que es de baja palatabilidad y alta concentración de nitrógeno, la cual puede ocasionar cuadros de intoxicación". Los especialistas sugieren limitar la urea a un máximo del 25% del total de los requerimientos de proteína degradable y mezclarla siempre en proporciones controladas junto a otros alimentos.

Simplificar el manejo extensivo

Uno de los grandes desafíos de la suplementación en planteos extensivos es la logística y la mano de obra. Afortunadamente, múltiples ensayos científicos demuestran que no es indispensable realizar una suplementación proteica de forma diaria. Investigaciones de la Universidad de Oklahoma validaron que espaciar la ración proteica a frecuencias de 3 o 6 veces por semana, suministrando la misma cantidad semanal acumulada, no altera significativamente la pérdida de peso invernal de las vacas, su condición corporal ni el porcentaje de preñez final. Esta flexibilidad facilita enormemente la operatividad de los establecimientos, aunque no se aconseja aplicar esta alternancia si el suplemento contiene altas dosis de urea por los riesgos de desbalances ruminales e intoxicación.

No obstante, esta estrategia de espaciamiento no es trasladable a la suplementación con concentrados energéticos. Al requerirse mayores volúmenes para cubrir los déficits de energía, aportar grandes cantidades de grano en pocos días delinea un escenario propicio para la acidosis, disminuyendo además la digestibilidad de la fibra y el consumo de forraje. Los ensayos revelan pérdidas de ganancia diaria de peso y bajas significativas en la preñez (del 94% al 68%) cuando la frecuencia de un suplemento energético se reduce bruscamente de 7 a solo 2 veces por semana, por lo que se recomienda un mínimo de 3 suministros semanales sin exceder nunca el 1% del peso vivo del animal en cada entrega.

Limitadores de consumo y autoconsumo

Para evitar el suministro diario sin resentir la fisiología ruminal, el uso de limitadores de consumo en sistemas de alimentación a voluntad constituye una alternativa muy estudiada. Aunque la sal común (cloruro de sodio) es el limitador clásico (usado entre un 8% y 30%), presenta desventajas de baja calidad nutricional y alta variación de consumo entre individuos. Por ello, cobran relevancia opciones más tecnológicas como el Óxido de Magnesio, Cloruro de Potasio o sales aniónicas limitadoras. Estas últimas, ensayadas en la Chacra Experimental Bellocq con vacas en lactancia temprana consumiendo heno de baja calidad, demostraron mejoras significativas en la ciclicidad posparto de las madres, la producción de leche y el peso de los terneros.

Por otra parte, los suplementos líquidos a base de melaza se consolidan como excelentes vehículos para incorporar energía, urea y minerales de manera constante. El autoconsumo mediante bateas provistas de ruedas para lamer ha demostrado ser sumamente efectivo. Un ensayo realizado en la Chacra Experimental Blanca Grande expuso que vacas en el último tercio de gestación sobre sorgo diferido que consumieron 1,1 litros de suplemento líquido por día lograron aumentar la condición corporal al parto en 0,6 unidades, mientras que el grupo testigo sin suplementar perdió 0,5 puntos. No obstante, los especialistas advierten que "la restricción de acceso al suplemento para reducir el consumo no tiene buenos resultados, dado que aumenta significativamente la competencia entre animales en el comedero y aumenta la variación de consumo entre individuos".

Impacto en el rodeo

La elección del momento de la intervención nutricional define la naturaleza del impacto productivo. Suministrar suplementos durante el último tercio de gestación garantiza una adecuada condición corporal al parto, lo que acorta el intervalo parto-primer celo y eleva de un 20% a un 30% la proporción de vacas cíclicas a los 45 días posparto. Adicionalmente, se produce un valioso fenómeno de programación fetal que mejora el peso al destete de los terneros entre 7 y 13 kg y beneficia su posterior desempeño en la recría. En este período, los expertos puntualizan que "el incremento en el peso al destete se debe exclusivamente a un mejor desarrollo fetal que tiene efectos a largo plazo en la vida del ternero", y no a un aumento de la producción láctea posparto.

Finalmente, la suplementación durante el posparto temprano o lactancia temprana actúa de manera distinta. Aunque tiene un menor efecto directo sobre el estado corporal de la vaca, la alta demanda de nutrientes para la lactogénesis hace que la suplementación en esta etapa sea capaz de incrementar la producción de leche hasta un 40% y elevar el peso de los terneros al destete hasta un 30%. Asimismo, esta intervención veterinaria ejerce un poderoso impacto reproductivo al acortar el intervalo entre el parto y la concepción, consolidando así el ciclo productivo anual del rodeo.

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FUENTE: INTA

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