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Sanidad animal

"La tuberculosis bovina no ha desaparecido; los números son alarmantes"

El MV Carlos Garro, referente del INTA, pone el foco en la tuberculosis bovina y en los desafíos que plantea la incorporación de nuevos métodos diagnósticos. ¿Qué cambios se evalúan en el Senasa?

Por Luciano Aba 26 de septiembre de 2026 - 08:30

La tuberculosis bovina sigue siendo una amenaza latente para la ganadería argentina. En pleno debate por modernizar la reglamentación y eficientizar el control y la erradicación de esta zoonosis, el sector analiza incorporar metodologías de diagnóstico complementarias que acompañen a la prueba de la tuberculina.

La discusión adquiere importancia ante la reforma de la Resolución 128/2012 que prevé implementar el Senasa, evaluando la potencial incorporación de nuevas herramientas de diagnóstico (interferón gamma, serología y quimioluminiscencia) previamente validadas por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).

En este escenario, Carlos Garro, investigador del INTA Castelar con más de dos décadas de trayectoria en actividades de investigación para el control y la erradicación de la tuberculosis bovina, y con un fuerte anclaje en la articulación entre el campo y la innovación, presentó su análisis. Lo hizo junto al Dr. Fernando Paolicchi, a solicitud de la comisión de grandes animales del Colegio de Veterinarios de Buenos Aires, en el marco de las 13° Jornadas Internacionales de Veterinaria en Mar del Plata.

En diálogo con MOTIVAR, desmenuzó las fortalezas y limitaciones de las herramientas sanitarias vigentes.

MOTIVAR: Ante la inminente actualización de la Resolución 128/2012 del Senasa, ¿cuál es el estado de situación de la enfermedad en el país?

Carlos Garro: La situación actual es preocupante. Tras más de 30 años de esfuerzos por controlar la tuberculosis bovina, apenas el 6,8% de las unidades productivas bovinas conoce su situación sanitaria (libres o en saneamiento).

Australia, en cambio, utilizando principalmente la prueba tuberculínica intradérmica simple en el pliegue caudal logró erradicarla en solo 27 años.

A esto se suman los reportes de investigaciones locales que confirman casos clínicos (mastitis, meningitis, linfoadenopatías, neumonías, etc) confirmados de tuberculosis bovina mediante pruebas complementarias, incluso en animales que habían resultado negativos a la prueba de tuberculina en el pliegue ano caudal interno. Adicionalmente, el Senasa ha detectado en la inspección en faena a unidades productivas que, pese a estar certificados como libres, presentaban animales con lesiones compatibles con la enfermedad.

Ante este escenario, corresponde revisar las estrategias diagnósticas.

La reducción significativa y lineal (R² = 88%) en la aprobación de dosis oficiales de tuberculina local (de 9,5 millones en 2021 a poco más de 5 millones en 2025) podría estar reflejando una caída de la demanda antes que una restricción de la oferta, ya que los laboratorios tienden a producir en función de los pedidos. En ese marco, el desafío principal sería incentivar el uso de la prueba entre veterinarios, asociaciones de productores y organismos oficiales.

Tras más de 30 años de esfuerzos por controlar la enfermedad, apenas el 6,8% de las unidades productivas bovinas conoce su situación sanitaria Tras más de 30 años de esfuerzos por controlar la enfermedad, apenas el 6,8% de las unidades productivas bovinas conoce su situación sanitaria

A su vez, se abre la posibilidad concreta de incorporar metodologías internacionales al plan de control. Estas nuevas tecnologías, algunas ya registradas por el organismo sanitario local y otras en proceso de evaluación, podrían optimizar el diagnóstico individual y robustecer la vigilancia epidemiológica a nivel rodeo. Un ejemplo de esto último son las pruebas en tanque de leche basadas en inmunoensayos múltiplex con detección quimioluminiscente, que según los fabricantes y estudios independientes demuestran buenos valores de sensibilidad y especificidad para el monitoreo de la infección a nivel de rodeo.

Mencionaste una tendencia a la baja en el uso de la tuberculina. ¿A qué se debe esto si la enfermedad sigue muy presente?

CG: La tuberculosis bovina no ha desaparecido; de hecho, los números son alarmantes. En 2025 se registraron en los frigoríficos con inspección federal 36.324 bovinos con lesiones parciales o totales compatibles con tuberculosis, provenientes de casi un 10% de los RENSPAs. Y dado que sólo una proporción de los animales infectados manifiestan lesiones, la prevalencia real sería aún mayor.

La reducción sistemática en la producción y aprobación anual de dosis locales de tuberculina (53% menos entre 2021 y 2025) podría responder a factores de menor demanda. Si bien las causas de esta situación podrían ser multifactoriales, podría existir una disminución de la confianza de los veterinarios en la aplicación y lectura de la prueba. Esa pérdida de confianza no sería ajena al desgaste acumulado tras años sin avances sustantivos en el control de la enfermedad o a la percepción de resultados limitados en términos de saneamiento.

En este contexto, es de destacar la modificación del sitio de aplicación en la prueba de rutina ano caudal, dispuesta por el Senasa en lugar del método estándar internacional. Estudios locales sugieren que esta variación podría estar afectando la sensibilidad del diagnóstico. En Argentina, la prueba de rutina se reglamentó con la aplicación del reactivo en el pliegue ano caudal interno, un fino pliegue bilateral de piel de aprox. 2 mm de grosor por encima del ano que se expone al levantar la cola. Mientras que países de referencia como Australia y Estados Unidos aplican la tuberculina en el pliegue ano caudal externo, que es un pliegue de piel desprovista de pelo en su cara ventral que se extiende de forma bilateral a los lados de la base de la cola hacia la región del periné y la tuberosidad isquiática. Estudios comparativos realizados en INTA demuestran que el pliegue ano caudal externo genera una reacción inflamatoria significativamente mayor que el interno en animales infectados, lo que facilita al veterinario la interpretación clínica y objetiva del resultado. Asimismo, su mayor grosor natural y su ubicación superficial favorece la maniobra de inyección intradérmica de la tuberculina. No obstante, se trata de un aspecto que requiere mayor investigación y validación local antes de consolidarse como criterio normativo. Esta metodología adquiere particular relevancia frente a la prueba de saneamiento cervical simple, la cual resulta muy difícil de aplicar en la mayoría de los rodeos, debido a la falta de instalaciones adecuadas para inmovilizar al animal de forma segura.

¿Hacia dónde se orientan los cambios regulatorios que evalúa el Senasa?

CG: Las discusiones comenzaron oficialmente el pasado 12 de agosto entre diversas autoridades y la comisión nacional de sanidad y bienestar de los bovinos y bubalinos del Senasa. Parte del debate se enfoca en iniciar un proceso de revisión integral del marco normativo y técnico vigente. En relación con los aspectos técnicos del programa, se analizó la incorporación de nuevas herramientas diagnósticas que complementen las metodologías actualmente utilizadas. En este contexto, existe información robusta de tecnologías como el kit de interferón gamma (sangre entera), los kits serológicos de ELISA (suero y plasma sanguíneo) y los ensayos de quimioluminiscencia indirecta (suero sanguíneo, leche individual y de tanque). Se trata, en todos los casos, de kits importados que fueron registrados y validados por la OMSA bajo el criterio de aptitud para una finalidad definida en el diagnóstico de la tuberculosis bovina.

¿Cuál es la postura técnica del INTA frente a estas nuevas tecnologías?

CG: Consideramos favorablemente toda herramienta que contribuya a identificar bovinos y rodeos infectados, uno de los factores centrales en la persistencia endémica de la enfermedad. No obstante, es importante señalar que, si bien estos kits han sido registrados y validados por la OMSA para el diagnóstico de tuberculosis bovina, dicha validación no certifica su adecuado desempeño en todos los contextos epidemiológicos. Por lo tanto, su implementación en Argentina requiere necesariamente de una evaluación de desempeño bajo las condiciones locales de producción a campo.

Su uso práctico plantea desafíos logísticos particulares. Por ejemplo, la prueba de interferón gamma es un ensayo in vitro que requiere extraer sangre con anticoagulante y procesarla en el laboratorio idealmente dentro de las 12 horas posteriores a la extracción, a fin de preservar la viabilidad de los linfocitos. Dadas las distancias en Argentina, donde los laboratorios de referencia suelen estar alejados de los establecimientos ganaderos, esta logística representa un cuello de botella que debe ser considerado. En este contexto, las validaciones locales resultan indispensables para robustecer las conclusiones derivadas de las nuevas técnicas diagnósticas.

¿Qué riesgos representa el uso de kits de diagnóstico serológicos de tipo casero o "in-house"?

CG: En primer lugar, valoro profundamente el enorme esfuerzo que realizan las entidades de investigación y los laboratorios para desarrollar alternativas locales de diagnóstico complementario para esta enfermedad. Sin embargo, utilizar kits no validados oficialmente genera una enorme incertidumbre. Al no conocerse los valores de sensibilidad y especificidad que garanticen la eficacia de la prueba para detectar el verdadero estado del animal, el veterinario no tiene certezas sobre la veracidad del resultado. Que algunos bovinos positivos a kits serológicos caseros se confirmen posteriormente por técnicas de referencia puede explicarse simplemente por la alta prevalencia de la enfermedad en los rodeos evaluados. Se trata del conocido efecto de la prevalencia sobre el valor predictivo positivo y no debe confundirse con una validación genuina.

Por otro lado, las diversas pruebas caseras de ELISA para el diagnóstico de la tuberculosis bovina no son comparables entre sí. Cada laboratorio define usar sus propios antígenos, tiempos de incubación y puntos de corte, de modo que dos kits caseros pueden arrojar resultados distintos para la misma muestra. Esa heterogeneidad impide comparar resultados entre laboratorios, replicar validaciones y establecer criterios diagnósticos comunes.

Hoy la obligatoriedad de saneamiento recae sobre tambos y cabañas. ¿Es viable extenderla a los rodeos de cría?

CG: Hoy están obligados al saneamiento de tuberculosis 9143 rodeos de leche y 928 cabañas, que en conjunto representan sólo el 4% de las 248.257 unidades productivas bovinas existentes en Argentina. A este universo se suman, aunque bajo otra lógica, aquellas unidades productivas que, tras la detección de lesiones compatibles con tuberculosis en faena, fueron notificadas por el Senasa sobre la necesidad de iniciar tareas de saneamiento. Si se pretendiera ampliar el alcance a rodeos de cría y ciclo completo, la producción local de tuberculina sería insuficiente: en 2025 se aprobaron poco más de 5 millones de dosis, distribuidas entre menos de diez laboratorios, mientras que el stock nacional supera los 50 millones de cabezas. Ampliar la cobertura sería un paso extraordinario, pero requiere planificar primero cómo escalar esa capacidad productiva y diagnóstica.

Ante estas alternativas biotecnológicas, ¿cuál es el futuro de la clásica prueba de la tuberculina?

CG: La tuberculina sigue demostrando a nivel mundial ser una herramienta sumamente eficaz. El reactivo, elaborado originalmente por Robert Koch en 1890 y posteriormente mejorado y estandarizado (PPD bovino), fue el pilar con el que países como Australia logró erradicar la enfermedad y Estados Unidos la eliminó en casi todos sus estados.

Es una prueba que el veterinario ejecuta de manera autónoma, integrando su conocimiento profesional, la interpreta con criterio clínico y la adapta a las condiciones epidemiológicas, sin depender de laboratorios externos ni equipamiento sofisticado para obtener un resultado orientador y preciso en el propio campo. Debemos seguir perfeccionando su uso y fortaleciendo la confianza profesional en la calidad de los reactivos utilizados.

La tuberculina sigue demostrando a nivel mundial ser una herramienta sumamente eficaz La tuberculina sigue demostrando a nivel mundial ser una herramienta sumamente eficaz

Cabe señalar, además, que algunas de las nuevas tecnologías diagnósticas en evaluación no operan de forma independiente de la tuberculina. En el caso de los métodos serológicos, su sensibilidad se incrementa de manera significativa cuando existe una aplicación previa de PPD, con un intervalo óptimo variable según el protocolo. Por ello, las estrategias en evaluación contemplan su uso en paralelo a la prueba tuberculínica, sobre los animales negativos a la respuesta celular. En otros términos, lejos de reemplazarla, estas herramientas la presuponen y la complementan.

¿Cuál es su expectativa respecto al rumbo que tomará la sanidad nacional frente a esta enfermedad?

CG: La adecuación de nuestra normativa a los estándares internacionales de aplicación e interpretación de las pruebas tuberculínicas podría ser un avance sustancial. En particular, resultaría pertinente profundizar la evaluación sobre la adopción del pliegue ano caudal externo en lugar del interno, dado que la evidencia disponible sugiere que ese sitio facilita la interpretación clínica de los resultados. Por otro lado, con la leche cruda como principal alimento de los terneros lactantes de rodeos lecheros, reducir de 12 a 6 semanas la edad de inicio de la tuberculinización agregaría un factor adicional de control, en línea con las recomendaciones de la OMSA.

Además, debemos reforzar la vigilancia epidemiológica en frigoríficos mientras se evalúan alternativas precisas que potencialmente aporten a la detección de la enfermedad. La vigilancia en faena y una notificación adecuada al productor respaldan al veterinario. Los productores suelen señalar la falta de notificaciones de lesiones tras la venta de bovinos positivos, generando desconfianza sobre la prueba oficial. Sin embargo, pueden concurrir varios factores: establecimientos de faena sin inspección federal o sistema de notificación, lesiones parciales no siempre notificadas, o mayor proporción de animales sin lesiones visibles conforme avanza el control.

Adicionalmente, la relación entre el productor y el veterinario constituye un factor crítico. El veterinario queda atrapado entre su obligación normativa de notificar casos que, si bien protegen la salud pública, perjudican económicamente al productor, y el riesgo de que este, al sentirse afectado, le retire su confianza. Frente a ese dilema, no cabe duda: la salud pública está primero, y eso exige notificar y eliminar los animales positivos, aun a costa de perder al cliente. A esto se suman el sacrificio obligatorio de animales sin compensaciones adecuadas y la falta de exigencias sanitarias a los rodeos vecinos, lo que lleva a los productores a percibir el sistema como injusto. Frente a este escenario, resulta necesario avanzar hacia un esquema que contemple compensaciones económicas justas, exigencias sanitarias homogéneas entre establecimientos y un acompañamiento institucional permanente al veterinario. Integrar estos factores mediante un monitoreo continuo e inteligente en todos los eslabones de la cadena es la vía para avanzar firmemente hacia el control y la erradicación.

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