Del dicho al hecho, hay un largo trecho… y entre la expectativa y la realidad pueden pasar muchas cosas.
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SUSCRIBITESIGTRAZAVET busca transformar la trazabilidad veterinaria, pero su implementación enfrenta desafíos de capacitación, adopción y cambio cultural.
Del dicho al hecho, hay un largo trecho… y entre la expectativa y la realidad pueden pasar muchas cosas.
Estas son mucho más que “frases hechas” y sirven para graficar en parte lo que está ocurriendo con una iniciativa que el Senasa viene impulsando desde hace tiempo, pero que todavía tarda en hacerse efectiva de manera práctica.
Hablamos de la ampliación de la trazabilidad de medicamentos veterinarios y del uso de la receta electrónica por parte de los profesionales, a través de la herramienta hoy conocida como SIGTRAZAVET.
Es cierto. El uso de los medicamentos veterinarios en las distintas especies necesita avanzar hacia mayores niveles de registro y trazabilidad. Estos productos deben ser comercializados a través del canal profesional y deben atenderse cuestiones vinculadas a la resistencia antimicrobiana y al seguimiento de insumos críticos, tanto para la producción como para la salud y el bienestar de los animales. Pero claro, para lograrlo se necesita partir de una base sólida.
Y quizás allí esté una razón por la que la iniciativa no logra imponerse.
“Se partió de la base de que todos los veterinarios están matriculados; que todas las veterinarias están habilitadas por los entes correspondientes y que son solo los profesionales quienes aplican siempre los productos… y eso no es así”. Así nos graficaba la situación un referente del canal comercial local.
Puede que en medicina humana funcione y es cierto que la receta electrónica ya tiene antecedentes concretos en veterinaria. Pero de allí a suponer que los profesionales comenzarán —de la noche a la mañana— a registrar digitalmente compras, movimientos, existencias, autoconsumos y prescripciones de los productos vinculados con su actividad profesional es realmente osado.
Generar una transformación como la que plantea SIGTRAZAVET es necesario, pero también requiere propiciar un cambio cultural verdaderamente significativo en todo el rubro.
¿Quién nos va a enseñar a usar el sistema? ¿Qué productos están involucrados? ¿Cómo se hace? ¿Hay que avisarle a ARCA? ¿En Tucumán también? ¿Cuándo empieza? ¿SIGTRAZA qué?...
Estas fueron algunas de las preguntas que los propios veterinarios nos compartían desde las redes sociales cuando MOTIVAR publicó la entrada en vigencia. Y no es casual. Con laboratorios y distribuidores ya “entrenados” en los requerimientos normativos del Senasa, es claro que el sector sobre el cual más se debería trabajar para que todo funcione es el de los veterinarios.
Sobre todo, si se pretende que la medida se cumpla.
El futuro dirá qué ocurre con la medida y con qué velocidad logra avanzar en los próximos meses. Pero algo parece claro: una transformación de esta magnitud necesita gradualidad, pruebas piloto, capacitación e inversión en difusión. No solo para explicar cómo funciona una plataforma, sino para lograr que todos los actores comprendan qué deben registrar, cuándo deben hacerlo y cuál será su responsabilidad dentro del nuevo esquema.
Porque si el objetivo es lograr una trazabilidad efectiva, el desafío no termina en desarrollar el sistema, sino en que quienes deben utilizarlo logren incorporarlo a su trabajo cotidiano.
Como nos comentaban también desde el canal distribuidor: “hay que adaptar las herramientas a la realidad y no pretender cambiar la realidad en función de las herramientas”.
