“Tenemos una oportunidad ahí para nuestras economías y tenemos una productividad en estos países bastante baja o, por lo menos, con una oportunidad de mejora grande para los próximos años”, sostuvo.
Sin embargo, advirtió que el desafío no pasa sólo por incrementar los índices productivos. “Deberíamos transformar la ganadería actual en una mucho más productiva y sostenible”, explicó.
La IATF todavía tiene mucho para crecer
Dentro de ese escenario, Menchaca ubica a la Inseminación Artificial a Tiempo Fijo en un lugar central. “Sin duda es la tecnología que más se ha desarrollado en las temáticas vinculadas a la reproducción en los últimos años y la que más ha aportado probablemente en estos últimos 20 años”, destacó.
¿Y hacia adelante? Su expectativa es todavía mayor.
Además de aumentar las preñeces, Menchaca destacó que la IATF “nos permite producir más terneros, mejorar la calidad de esos terneros y que nazcan antes y mejor en el ciclo productivo de cada año”.
Y allí aparece un indicador que, según el especialista, debería ganar protagonismo al momento de evaluar la eficiencia reproductiva de un rodeo: la curva de parición.
“Lo que buscamos es que las vacas paran lo más temprano posible dentro de la temporada de partos. Eso tiene grandes efectos positivos en asegurar que la vaca se recupere en el posparto y esté apta para la reproducción cuando empieza el siguiente servicio”, explicó. En otras palabras, lograr una preñez temprana no solo impacta sobre el ternero que está por nacer, sino también sobre las posibilidades reproductivas futuras de su madre.
“Una vaca que pare temprano tiene muchas más chances de preñarse temprano al año siguiente”, resumió Menchaca.
La contracara son los animales que llegan tarde a la parición. “A las vacas que paren al final de la época de parto les cuesta mucho preñarse de vuelta en la cabeza de parición. Biológicamente es casi imposible”, advirtió.
Por eso, el especialista destacó que la IATF permite construir un efecto positivo que se sostiene entre ciclos productivos.
“Con la IATF logramos la cabeza de parición porque las vacas se preñan temprano y eso hace que año tras año tengamos un ciclo mucho más virtuoso que con el sistema convencional”, afirmó.
El Dr. Alejo Menchaca disertó semanas atrás en la última edición del Simposio Internacional del IRAC 2026, en Córdoba.
Del 20 al 80% que falta
Si la IATF funciona, tiene impacto productivo y demostró ser económicamente viable, ¿por qué todavía no se utiliza de manera sistemática en todos los rodeos?
¿Qué tiene que hacer una tecnología para que se adopte? “Antes que nada, tiene que ser eficaz, funcionar y ser económicamente viable. Lo curioso es que eso se cumple con la IATF”, planteó Menchaca. Y puso números al recorrido realizado.
“Hace 20 años prácticamente no existía el uso de la inseminación a tiempo fijo. El crecimiento en Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay ha sido continuo y hoy estamos cerca del 20% de adopción”, explicó.
Es justamente ese número el que Menchaca prefiere observar desde dos perspectivas. “Ese es el vaso medio lleno. Pero nos queda un 80% todavía que podemos crecer”, graficó.
Para el investigador uruguayo, la relación costo-beneficio será determinante para seguir ampliando esa adopción y el escenario actual puede jugar a favor.
“Con los precios que tiene hoy el ternero estamos en un gran momento. Todos creemos que va a incrementar el uso de la inseminación a tiempo fijo y eso va a generar más beneficio para toda la cadena”, proyectó.
IATF más semen sexado, genómica e IA
Pero claro, hablar del futuro de la reproducción bovina no significa elegir cuál será la próxima tecnología capaz de reemplazar a las actuales. Para Menchaca, el cambio vendrá justamente de la combinación.
“No es que una tecnología lo vaya a resolver todo, sino que es ese combo, ese paquete de diferentes tecnologías que han venido surgiendo en los últimos años”, resumió en su diálogo con MOTIVAR.
Allí aparecen las tecnologías de embriones, el semen sexado, la genómica, la selección genómica, la predicción genética, la edición génica, los biosensores, la ciencia de datos y la inteligencia artificial.
“Hoy podemos saber lo que van a producir los animales incluso antes de que nazcan, cuando son muy recién nacidos o cuando son embriones. Esas tecnologías cada vez se van a aplicar más”, anticipó.
Y muchas de ellas podrán integrarse con la propia IATF. “La asociación con otras tecnologías como el semen sexado puede permitir, mediante la IATF, tener una proporción de hembras necesaria para la reposición y que el resto sean machos”, explicó el referente en la temática.
También destacó el potencial de los esquemas Beef on Dairy, utilizando genética lechera para generar las hembras necesarias para reposición y semen de razas carniceras en el resto de los servicios.
“Son tecnologías que vienen detrás, que se están desarrollando y aplicando cada vez más. Quizás en 5 o 10 años esto que hoy la gente escucha y se queda pensando lo esté usando prácticamente todo el mundo”, proyectó.
Preñar más no alcanza
La otra cara del futuro de la reproducción bovina estará en evitar que se pierda aquello que tanto esfuerzo y tecnología costó conseguir.
“Nos hemos ocupado durante muchos años en tratar de preñar más las vacas, aumentar la tasa de destete y lograr que se preñen temprano. Para eso surgió la IATF”, explicó Menchaca. Pero el desafío no termina con un diagnóstico positivo.
“Tenemos que ser cuidadosos de disminuir las pérdidas. Principalmente durante la gestación tenemos una alta tasa de pérdidas de preñez que muchas veces pasan desapercibidas”, alertó.
Durante su presentación en Córdoba, Menchaca compartió resultados de un relevamiento realizado sobre unas 12.000 vacas pertenecientes a 24 establecimientos distribuidos en Uruguay.
“Encontramos que las pérdidas pueden llegar hasta un 15%. Cuando uno hace todo bien, vacuna a los animales, tiene un plan sanitario e incluso utiliza inseminación a tiempo fijo, las pérdidas pueden llegar igualmente a ese porcentaje”, explicó.
En promedio, el trabajo detectó pérdidas cercanas al 9 o 10% entre la ecografía realizada alrededor de los 30 o 35 días de gestación y el parto.
“Cada punto de preñez representa muchos terneros que se empiezan a perder. Perdemos mucho en términos biológicos y económicos”, enfatizó.
“Hay pérdidas que hoy no estamos viendo”
El problema se vuelve todavía más complejo porque una proporción de esas pérdidas puede pasar inadvertida.
“Entre el día 30 y el 60 se pierde cerca del 25% de las preñeces que finalmente se pierden”, detalló Menchaca. Esto significa que realizar un diagnóstico tardío puede generar conclusiones equivocadas sobre la eficiencia reproductiva del rodeo.
“Si hacemos las ecografías más tarde, muchas vacas las vamos a detectar vacías y vamos a pensar que nunca se preñaron. En realidad, son vacas que perdieron la gestación”, explicó.
Por eso, dejó una recomendación concreta para veterinarios y productores.
“Hay que hacer las ecografías lo más temprano que podamos para empezar a detectar este problema en los campos”, sostuvo.
Una vez identificado, el siguiente desafío es determinar por qué ocurre. Y allí Menchaca puso especial atención sobre la neosporosis en los rodeos de carne.
“Para la neosporosis no hay vacuna ni tratamiento, entonces está siendo hoy una causa que no estamos pudiendo controlar del todo. Habrá que desarrollar tecnologías para poder controlar este problema en el futuro”, señaló.
¿Qué lugar tendrá la Inteligencia Artificial?
La inteligencia artificial también aparece en el horizonte de la reproducción bovina y, para Menchaca, su llegada es inevitable. “Va a aparecer sin duda porque está apareciendo en todas las actividades que realizamos”, afirmó.
Sin embargo, su aporte no necesariamente estará relacionado de manera directa con modificar la biología reproductiva de los animales. “La vamos a aplicar para gestionar y hacer uso de herramientas como sensores o dispositivos que nos permitan mejorar el momento en que vamos a inseminar un animal”, ejemplificó.
Y agregó: “No necesariamente estará asociada únicamente a la biología de la vaca, sino también a mejorar las herramientas que tengamos para aplicar estas tecnologías”. Así, el escenario que describe Menchaca no plantea el reemplazo de la IATF por una nueva revolución tecnológica.
Todo lo contrario.
Después de haber protagonizado buena parte de la transformación reproductiva de las últimas dos décadas, la IATF podría convertirse en una plataforma desde la cual integrar semen sexado, genómica, embriones, sensores, datos e inteligencia artificial. Y si de dimensionar el potencial se trata, Menchaca vuelve al punto de partida: “Hoy estamos cerca del 20% de adopción. Ese es el vaso medio lleno. Pero nos queda un 80% todavía que podemos crecer”.