La tripanosomiasis en bovinos, causada por el Trypanosoma vivax, una enfermedad parasitaria que ingresó a Argentina en 2006 por Formosa, está demostrando una preocupante expansión geográfica. Tras ser detectada en el centro y norte de Santa Fe en 2016 y 2017, el Dr. Martín Alassia, experto en el tema, advierte: "Ahora estamos viendo esos repliques de los primeros de 2016-17", lo que sugiere ciclos de brotes cada 5 a 7 años.
La enfermedad no se ha limitado a esta región. El Dr. Alassia detalla que "se fue extendiendo: tengo muchas consultas de la zona de Córdoba, Villamaría, de Río Cuarto". Asimismo, en 2018, la enfermedad ya había alcanzado "el sur de la provincia de Santa Fe, en la zona de Venado Tuerto". Esta tendencia de avance lleva a la conclusión de que "esta enfermedad ya está, o tarde o temprano va a estar", con indicios de su presencia en el norte de Buenos Aires.
El diagnóstico de la tripanosomiasis bovina presenta desafíos significativos debido a la inespecificidad de sus síntomas. "Produce por lo general distintos cuadros clínicos, entonces se da mucha confusión con otras enfermedades", señaló el especialista.
En ese sentido, dijo que puede confundirse con patologías abortigénicas, leptospirosis o diarrea viral bovina, y es "muy parecida a la anaplasmosis", con la que a menudo coexiste, incluso con babesiosis en zonas de garrapatas.
Un obstáculo clave es que el parásito "se muere fácilmente" y, cuando el animal manifiesta signos clínicos, el agente "se esconde". "Cuando el animal tiene los signos clínicos, a veces no lo encontrás", lo que implica que un resultado negativo no descarta la enfermedad si hay síntomas.
Afortunadamente, un equipo de bioquímica en Santa Fe ha desarrollado una prueba serológica que detecta anticuerpos, ofreciendo "una ayuda diagnóstica un poquito mayor" a nivel de rodeo.
Tratamiento
Respecto al tratamiento, la tasa de curación de esta enfermedad es baja, lo que implica que "los tratamientos no son 100% efectivos, no se cura", dijo Alassia. A nivel mundial, sólo hay dos drogas disponibles para animales de consumo: el isometamidium y el diminazeno diaceturato.
Sin embargo, "a nivel mundial también hay resistencia" a estos fármacos. "Un problema recurrente es el uso incorrecto del diminazeno; la dosis para tripanosoma es el doble de la usada para babesiosis, y un uso inadecuado no sólo falla en controlar el cuadro, sino que "estamos predisponiendo a la a la resistencia de de las cepas".
El tratamiento busca mitigar los signos clínicos y apoyar la recuperación del animal, pero restablecer los niveles de glóbulos rojos, glóbulos blancos y proteínas es un proceso lento. En los casos más severos, "en algunos casos nos conformamos con que el animal no se se muera", sin que retome su nivel de producción anterior.
La enfermedad también compromete la inmunidad del animal, haciéndolo susceptible a infecciones secundarias como salmonela o micoplasma. La inmunidad contra el tripanosoma es "muy frágil, muy mala, porque el parásito muta constantemente", lo cual dificulta el desarrollo de una vacuna.
Bienestar animal y prevención
La gestión de la tripanosomosis bovina pone de manifiesto la importancia fundamental del bienestar animal. El estrés general, especialmente el calórico, puede hacer que "esta enfermedad se manifieste mucho peor", llevando incluso a la mortandad de numerosos animales.
Las medidas preventivas se centran en las buenas prácticas ganaderas. La enfermedad "suele ingresar con un animal portado", por lo que se desaconseja la incorporación de animales sin un control exhaustivo.
La principal vía de transmisión son los vectores hematófagos, como la mosca brava (Stomoxys calcitrans) y los tábanos. No obstante, una de las maneras más comunes de diseminación dentro del propio rodeo son las "malas prácticas ganaderas" o "zootécnicas", es decir, la "mala higiene de agujas, falta de cambio de aguja entre animal y animal o no higienizar la aguja entre animal y animal".
Estas prácticas también contribuyen a la transmisión de otras enfermedades como la leucosis y la anaplasmosis. Es crucial que los productores, que a menudo son quienes aplican los tratamientos y vacunas, mantengan una estricta higiene de las agujas. La clave para mitigar el impacto de la enfermedad radica en minimizar el estrés de los animales y aplicar buenas prácticas en todas las fases del manejo del rodeo.
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Características de la enfermedad
La tripanosomiasis bovina es una enfermedad parasitaria que reside en la sangre de los animales, específicamente fuera de los glóbulos rojos. Aunque pertenece a la misma familia de agentes que el mal de Chagas (Trypanosoma cruzi), el tripanosoma bovino (Trypanosoma vivax) "no es una zoonosis, no hay riesgo de transmisión directa a humanos", aclaró Alassia.
Los síntomas son variados y pueden confundirse con otras enfermedades:
• Caída de la producción láctea y pérdida de estado corporal.
• Abortos (frecuentemente en el último tercio de gestación), nacimientos de terneros muertos o débiles y pequeños.
• Animales caídos, edemas, diarrea e ictericia (la orina roja es rara).
• Disminución en las tasas de preñez post-brote.
• Reducción de los glóbulos rojos y blancos, así como de proteínas y glucosa.
• Muchos animales pueden ser portadores asintomáticos, es decir, albergan el parásito sin mostrar signos clínicos evidentes.