Los fuegos artificiales generan un fuerte impacto en la salud física y emocional de perros, gatos y animales de producción. Aunque los datos aún son dispersos, la experiencia de los profesionales y los estudios científicos coinciden en algo: la pirotecnia no es solo una molestia, sino un problema clínico serio. ¿Cómo deben prepararse los veterinarios?
Con la llegada de las fiestas de fin de año, las consultas veterinarias por estrés, fobias y accidentes vinculados a la pirotecnia tienden a aumentar. Aunque no abundan estadísticas sistematizadas en la Argentina, informes internacionales y testimonios de profesionales locales indican un patrón claro: los ruidos intensos, explosivos y repetitivos afectan de forma negativa el bienestar animal, en especial en especies domésticas y animales de compañía.
En 2018, el PDSA (Reino Unido) informó al Parlamento británico que el 51% de los veterinarios notó un aumento en animales con fobia a los fuegos artificiales en los dos años previos. En ese mismo período, solo en los hospitales de esa red se atendieron más de 1.200 casos directamente relacionados con pirotecnia (ansiedad, traumas, escape, heridas), según UK Parliament Committees.
En Argentina, si bien no existen registros nacionales consolidados, veterinarios municipales como los de Berazategui (Buenos Aires) advierten que la pirotecnia puede provocar paro cardíaco, pérdida, lesiones o muerte de mascotas. En esa localidad, las autoridades locales recomiendan a los propietarios contener a sus animales en zonas seguras durante las fiestas.
Miedo, trauma y daño auditivo
La Universidad de Utrecht (Países Bajos) publicó en 2024 uno de los estudios más recientes y abarcativos sobre este tema. Analizando más de 2.000 encuestas a propietarios de perros y gatos, concluyó que el 79,1% de los animales domésticos presenta signos de estrés ante fuegos artificiales, y el 77,3% expresa miedo explícito. Los comportamientos observados incluyen congelamiento, temblores, jadeos, vocalizaciones, intentos de escape, ocultamiento, eliminación involuntaria y pérdida de apetito.
“Los efectos negativos sobre el bienestar pueden ser graves y prolongarse días o semanas. En algunos animales, la fobia se intensifica con cada exposición”, concluye el estudio publicado en Journal of Veterinary Behavior (ScienceDirect, 2024).
En otra investigación de 2020, publicada en Scientific Reports, se analizaron grabaciones caseras de perros durante fuegos artificiales. Los resultados fueron contundentes: los animales exhibieron signos claros de angustia, como temblores musculares, hipervigilancia, vocalizaciones anómalas y conductas de escape, según Nature.com
A su vez, un metaanálisis de 2024 sobre 35 investigaciones concluyó que los ruidos explosivos alteran parámetros fisiológicos como la frecuencia cardíaca, el cortisol, la temperatura corporal, la glucemia, y pueden generar daño auditivo acumulativo.
En este punto, el Colegio Oficial de Veterinarios de Barcelona (COVB) advierte que el daño no es solo psicológico: el oído canino y felino está preparado para percibir frecuencias mucho más agudas que las humanas. Por lo tanto, los estruendos de la pirotecnia son dolorosos y potencialmente dañinos para su aparato auditivo.
¿Y los animales de cría?
Aunque los estudios sobre animales de producción son menos frecuentes, diversas organizaciones —como FOUR PAWS International— alertan sobre los efectos adversos de la pirotecnia también en bovinos, equinos, aves y animales de granja. Ante ruidos inesperados y luces intensas, muchos animales reaccionan con pánico, corren sin rumbo, sufren traumatismos, abortos espontáneos, disminución de producción y otros trastornos, según FourPaws.org
El rol clave de los veterinarios
En este contexto, los profesionales veterinarios tienen un papel doble: anticipar y prevenir en la clínica, y asesorar a municipios y legisladores sobre el impacto real que tiene la pirotecnia en el bienestar animal.
- Recomendaciones clínicas básicas:
- Evaluar al paciente antes de la exposición a pirotecnia.
- Indicar medidas conductuales: refugio seguro, música, contención, compañía.
- En casos severos, prescribir ansiolíticos o nutracéuticos (previo diagnóstico).
- Brindar guías a tutores y fomentar identificación con chip o collar, ante potenciales fugas.
Este fin de año, lejos de ser anecdótica, la pirotecnia vuelve a representar una amenaza concreta para la salud animal. Y los veterinarios, como siempre, están en la primera línea para prevenir y contener — pero también para promover un debate más amplio, que ponga el bienestar animal en el centro de las políticas públicas.