En Rafaela, Santa Fe, un productor ganadero demuestra que la cría y terminación de animales a pasto no es una práctica del pasado, sino un negocio viable. Este modelo de Carne sustentable se presenta como más rentable y previsible que los esquemas basados en granos y feedlot, ampliamente extendidos en Argentina.
Agustín Barreiro, al frente de la empresa agropecuaria Pampa y de la carnicería Don Carmelo, compartió su experiencia durante una jornada en Olavarría. La familia Barreiro acumula más de cien años en la actividad ganadera, siempre orientada a la cría en campos bajos con suelos salinos y sódicos en la zona de Rafaela, según informó Bichos de Campo. Barreiro destacó que la convicción por el pasto responde a una lógica de costos y sostenibilidad a largo plazo, incluso cuando la soja alcanzó precios de 800 dólares.
Manejo Regenerativo y Sostenibilidad
El sistema que aplican es de manejo regenerativo, con parcelas cada vez más pequeñas, agua disponible y sombra natural para los rodeos. La rotación permanente busca generar los descansos necesarios para que las distintas especies forrajeras se expresen. La empresa mide el carbono de su suelo y participa en un programa de certificación, con el objetivo de cobrar sus primeros bonos de huella de carbono en el corto plazo. El campo mejora de manera sostenida desde hace cinco o seis años que implementan este sistema de producción a pasto.
Comercialización y Calidad Constante
Uno de los desafíos habituales del modelo pastoril es la dificultad para sostener una oferta pareja durante todo el año debido a la estacionalidad del pasto. Barreiro admitió esta situación, pero remarcó que se resuelve con planificación. Esta consistencia es, para el productor, la base del vínculo comercial que construyeron con sus clientes en Rafaela, una ciudad de 120.000 habitantes. Alrededor del 70% de las ventas se concreta por WhatsApp o teléfono, con clientes que valoran la calidad constante del producto.
El productor también cuestionó una práctica extendida en la ganadería argentina: la de faenar animales jóvenes y livianos. Para Barreiro, esto atenta contra la economía, ya que con la misma cantidad de cabezas se podría producir mucha más carne si los animales llegaran a un peso adecuado. Sostuvo que, en 24 a 36 meses, con planificación y trabajo, se puede lograr un buen novillo de dos dientes y de 400 kilos. Faenar antes, según su perspectiva, responde más a una lógica financiera de rotación de capital que a un verdadero negocio de la carne.
Barreiro planteó además que la discusión sobre si la carne argentina debe ser barata es, a su juicio, un debate cultural más que económico, dado que la carne es cara a nivel global. Reconoció que las sequías de los últimos años los afectaron, aunque en menor medida que a otros esquemas más dependientes de insumos externos.
FUENTE: Bichos de Campo