La ganadería argentina se encuentra en una encrucijada histórica. Con un modelo productivo de baja eficiencia, enfrenta desafíos estructurales que limitan su desarrollo. Sin embargo, el contexto macroeconómico actual y el avance tecnológico ofrecen una oportunidad única para transformar la producción ganadera en una actividad rentable y de alta sustentabilidad.
Sebastián Riffel, consultor especializado en sistemas ganaderos, fue tajante: “Los sistemas ganaderos actuales son muy simples, pero de muy baja productividad”. En su diagnóstico, identifica dos puntos neurálgicos: baja eficiencia en la cría y escasa adición de peso al momento de la faena.
Con un rodeo de más de 22 millones de vacas, Argentina apenas logra producir 14 millones de terneros. El índice de destete, que ronda el 63%, se mantiene estancado desde la década del 50. “Tenemos el mismo problema hace 70 años y no hemos podido cambiarlo, aun contando hoy con toda la tecnología disponible”, lamenta Riffel.
Además, a esos pocos terneros “no le agregamos demasiado kilo”. El peso promedio de faena en 2024 es de 228 kg, muy por debajo de los 370-380 kg que logran países como EE.UU. o Australia. Este doble problema, pocos terneros y livianos, define el cuello de botella de la ganadería nacional.
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El consultor ganadero Sebastián Riffel.
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Ineficiencia estructural
Uno de los mayores obstáculos es estructural: la falta de planificación y manejo técnico. “En Santa Fe, solo el 30% del rodeo tenía servicio estacionado. El 70% restante opera con servicio continuo, lo que genera un desorden generalizado”, explicó Riffel, en referencia a un estudio provincial.
También es bajo el control de enfermedades reproductivas. Solo el 25% controla enfermedades en toros y el 63% aplica vacunas reproductivas. Para Riffel, esto revela un patrón cultural profundo: “Son cosas tan básicas y de tan bajo costo que no se implementen... hasta ahora, la tenencia de la vaca está en manos de gente que no lo ve como un negocio sino como un resguardo de valor”.
Esto remite a décadas de inestabilidad macroeconómica donde la hacienda funcionó como refugio ante la inflación o la devaluación. “Muchos se sienten seguros teniendo una vaca más allá de que esa vaca no le produzca”, resume.
Cambios en la producción ganadera
El modelo productivo también se transformó radicalmente. Hasta el año 2000, Argentina era un país “netamente novillero”, pero el auge de la agricultura desplazó millones de hectáreas ganaderas. La ganadería migró a zonas extrapampeanas, sin base forrajera y con un aumento del feedlot.
“Casi 9 millones de animales van directo al engorde sin pasar por recría”, afirma Riffel. Solo 2,4 millones siguen el ciclo tradicional de novillo. Esto se traduce en pesos más bajos y menos eficiencia. Además, más del 50% de la hacienda en feedlot pertenece a frigoríficos que priorizan animales livianos, sin incentivo de precio para producir novillos más pesados.
A esto se suma el factor cultural: la preferencia del consumidor por la “carne de mamona”, asociada erróneamente con calidad, termina de cerrar el círculo vicioso.
Cambio de rumbo
No todo es pesimismo. Riffel observa señales alentadoras en el nuevo contexto económico. “Ya no es rentable stockearse esperando una devaluación. Las tasas de interés más bajas y la apertura de exportaciones son un cambio sustancial”, señaló.
En sus palabras: “En el postevaluación el precio se destruye, pero a la larga sabíamos que corregía. Eso ya no va a ocurrir con la nueva política macroeconómica. Uno puede decir ‘llegó la hora de producir, llegó la hora de buscar la eficiencia tranquilos’”.
Esto plantea un nuevo horizonte: producir más con los mismos vientres, sin necesidad de aumentar el stock.
Potencial latente
Argentina tiene ventajas comparativas únicas: genética Angus, disponibilidad de grano, experiencia en novillos pesados. Según Riffel, ya hay empresas que logran 85% de destete y novillos de 500 kg en 18 meses. El país está en condiciones de producir carne de calidad y a gran escala.
“La eliminación de subsidios y la sinceridad de costos mostrarán que no hace falta tener más vacas, sino ser eficientes con las que hay”, explica. La apertura de mercados y mejores precios reales —los más altos de los últimos 40 o 50 años— son un escenario ideal para transformar la producción.
Rol de las nuevas generaciones
El cambio, dice Riffel, será también generacional. “Nosotros fracasamos en revertir esta situación. Pero tenemos la responsabilidad de comunicarles a los jóvenes que ellos tienen un gran desafío por delante”, enfatiza.
Y concluye con una declaración de esperanza: “Ellos van a ser los que tienen que cambiar la mentalidad, en una era donde la tecnología y el avance de la ciencia es enorme. Hoy el desafío no es acceder a la información, sino discernir cuál es útil”.
FUENTE: Campus Bovino