La obsesión por los hocicos chatos está asfixiando a los perros, y la crisis ya desbordó a los clásicos bulldogs y carlinos. Un reciente estudio de la Universidad de Cambridge, difundido por New Scientist, es lapidario: cada vez más razas están condenadas a padecer el síndrome obstructivo de las vías respiratorias de los braquicéfalos, ampliando drásticamente el mapa de riesgo en las clínicas veterinarias.
La obsesión por los hocicos chatos está asfixiando a los perros
La cría de perros con rostros aplanados aumenta los casos de asfixia crónica, lo que genera un debate científico sobre el bienestar animal.
Tras evaluar a casi 900 ejemplares, se detectó que el pekinés y el chin japonés muestran signos clínicos de esta enfermedad crónica en más del 80% de los casos. La vulnerabilidad también es alarmante en razas como el cavalier King Charles spaniel, el shih tzu, el griffon bruxellois, el Boston terrier y el dogo de Burdeos, afectando a entre la mitad y tres cuartas partes de los individuos evaluados.
Un atentado al bienestar animal
La raíz de este sufrimiento es el capricho estético. La selección de una morfología facial extremadamente aplanada, sumada al estrechamiento de las fosas nasales e incluso la cría orientada a lograr colas muy cortas o retorcidas, está fabricando animales incapaces de respirar con normalidad, hacer ejercicio o tolerar el calor.
Como define crudamente la experta de la Universidad de Sídney, Anna Quain, criar perros priorizando estas deformidades estéticas es "como diseñar un automóvil sin radiador".
El mensaje desde el sector veterinario debe ser inflexible: la cría que fomenta rasgos físicos exagerados atenta directamente contra el bienestar animal. Es imperativo educar a los futuros propietarios y exigir a los criadores que dejen de comercializar la asfixia crónica y la falta de oxígeno como si fueran atributos "tiernos" o de moda.