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Responsabilidad

"Hay más conciencia en el uso de antibióticos en animales de compañía"

El riesgo creciente de infecciones multi-resistentes ha generado más cautela en el uso de antibióticos en animales de compañía. Guía estratégica veterinaria.

29 de enero de 2026 - 15:06

El riesgo creciente de infecciones multi-resistentes ha generado una mayor conciencia con relación al uso de antibióticos en animales de compañía. Y es que este es uno de los principales factores que contribuyen al desarrollo de resistencia antimicrobiana. Por lo tanto, es importante reducir el uso innecesario e inapropiado de antibióticos en la práctica clínica veterinaria.

Ello, con el fin de disminuir la presión selectiva que resulta en resistencia antimicrobiana y contribuye a su propagación.

Antibióticos de Importancia Crítica (AIC)

El uso de antibióticos importantes en salud pública, conocidos como Antibióticos de Importancia Crítica (AIC) es frecuente en animales de compañía. Estos antibióticos son valiosos porque su uso se reserva para el tratamiento de infecciones severas en humanos, en especial aquellas en las que no existen muchas opciones terapéuticas disponibles, basados en estudios de susceptibilidad antibiótica a nivel global.

Algunos ejemplos son las infecciones por Staphylococcus aureus resistente a la meticilina (SARM) o por E. coli, productor de betalactamasas de espectro extendido (ESBL), las cuales también han sido reportadas en perros y gatos.

Entre los AIC se destacan las cefalosporinas de 3era y 4ta generación, fluoroquinolonas, macrólidos y todos los nuevos antibióticos sintéticos.

Varios antibióticos clasificados como importantes para la salud pública, incluyendo las penicilinas resistentes a las betalactamasas, fluoroquinolonas y cefalosporinas son utilizados rutinariamente como primera línea en el tratamiento en animales de compañía, en algunos casos para tratar infecciones leves o autolimitantes, donde su uso no está indicado.

El uso responsable de antibióticos en animales de compañía se refiere a todas las acciones encaminadas a la selección del antibiótico en la dosis y duración adecuadas. El objetivo es lograr el mejor desenlace clínico posible para el paciente, con mínima toxicidad y mínimo desarrollo de resistencia antibiótica.

Preservar la efectividad

En la clínica de animales de compañía, los médicos veterinarios pueden promover acciones encaminadas a preservar la efectividad de los antibióticos disponibles. Algunas de estas acciones incluyen:

1) Prevención de enfermedades comunes mediante el uso de estrategias profilácticas y de manejo aplicadas a nivel individual o poblacional. Algunos ejemplos son:

  • Educación dirigida a los tutores: Es importante educar a los tutores de mascotas sobre la prevención de enfermedades. La vacunación adecuada contra enfermedades comunes, el cuidado dental, una nutrición adecuada y la prevención y control de parásitos internos y externos, puede ayudar a reducir la necesidad de terapia antibióticos por infecciones bacterianas.
  • Prevención de las infecciones en el ambiente hospitalario/clínico: Los médicos veterinarios tienen la responsabilidad de diseñar e implementar planes de prevención y control de infecciones en el ambiente hospitalario con el fin de garantizar la seguridad de los pacientes.

2) Uso de estrategias basadas en la evidencia para la selección de antibióticos incluyendo dosis, duración e indicación específica. Entre estas se destacan:

  • Uso de guías de práctica clínica para la selección de antibióticos: Por ejemplo, la Sociedad Internacional de Enfermedades Infecciosas en Animales de Compañía ha publicado guías clínicas especializadas que ofrecen información en torno al diagnóstico y el tratamiento de infecciones comunes en perros y gatos.
  • Desarrollo de protocolos clínicos que guíen el uso de antibióticos posterior a procedimientos, incluyendo cirugías electivas y profilaxis dentales: Normalmente, si no se comprometen los protocolos de esterilización y de prevención de infecciones en el entorno clínico o quirúrgico, no se requieren antibióticos de forma rutinaria en la mayoría de los procedimientos.

3) Uso consciente de los antibióticos basado en desenlaces terapéuticos. Para esto se requiere:

  • Considerar los posibles diagnósticos diferenciales a través de un proceso diagnóstico completo para descartar la posibilidad de condiciones no infecciosas.
  • Identificar y tratar comorbilidades y no prescribir antibióticos por precaución.
  • Ante el diagnóstico de infecciones bacterianas, identificar el patógena causal por medio de pruebas rápidas, moleculares o cultivos y luego realizar pruebas de susceptibilidad antibiótica siempre que sea posible previo a seleccionar la terapia.
  • Si es posible considerar alternativas terapéuticas para ser implementadas por si solas o como terapia coadyuvante al tratamiento antibiótico dependiendo del caso. Entre estas se encuentran la fluidoterapia, el manejo nutricional, intervenciones quirúrgicas como en el caso de abscesos o empiemas, terapia con probióticos en el manejo de problemas gastrointestinales y el uso de antibióticos locales (o tópicos) en lugar de antibióticos sistémicos cuando sea posible.
  • Monitorear la adherencia y la respuesta al tratamiento para garantizar el desenlace clínico esperado.
  • Ante la falla terapéutica con antibióticos de primera línea, investigar en detalle el caso antes de cambiar el antibiótico o de usar combinaciones.

Estrategia para el uso responsable en veterinaria

Una estrategia para promover el uso responsable de antibióticos en clínicas veterinarias es nombrar un comité encargado de liderar el proceso de implementación de antibióticos. Además, se pueden nombrar algunos ‘campeones’ o médicos veterinarios que actúan como contacto inicial para los demás miembros del equipo clínico, clientes e incluso otras clínicas en torno a las políticas de uso responsable de antibióticos.

Los veterinarios deben promover el cambio de prácticas clínicas y encargarse de implementar un sistema de medición y trazabilidad. Esto ayuda a identificar puntos críticos que requieren intervención y sirve para monitorear los cambios en las prácticas de prescripción de antibióticos y su impacto clínico.

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