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Sanidad

La alta resistencia a parásitos obliga repensar el manejo sanitario

El MV Miguel Mejía advirtió del gran impacto económico de los parásitos. Reclamó a los productores medir la eficacia y un mayor rol del veterinario a campo.

Motivar | Daniela Mattiussi
Por Daniela Mattiussi 17 de mayo de 2026 - 08:00

El profundo desconocimiento con el que buena parte del sector productivo sigue enfrentando a los parásitos gastrointestinales quedó nuevamente expuesto frente a una problemática silenciosa, pero de enorme impacto sanitario y económico. Lejos de estar controlado, el escenario evoluciona rápidamente y obliga a replantear con urgencia las estrategias de manejo.

Así lo dejó en claro el MV Miguel Mejía durante su disertación en la segunda jornada de Educación Continua de la FCV de Tandil, donde describió con contundencia un problema silencioso, pero de enorme impacto productivo y económico.

El experto fue categórico al describir el escenario actual. Según explicó, en general el productor se maneja por mitos y por historia, simplemente desparasitando sin comprender a fondo la dinámica de la enfermedad. Esta práctica mecánica y sostenida en el tiempo condujo a que hoy la Argentina enfrente problemas gravísimos de resistencia a los grupos químicos tradicionales.

Los números expuestos por el disertante resultan verdaderamente alarmantes: en el 95% de los establecimientos existe resistencia a las lactonas (como la ivermectina) y entre un 24% y 30% a los bencimidazoles. Sin embargo, la respuesta del mercado refleja una profunda desconexión con esta realidad a campo. "Cuando uno mira los datos de mercado, el 80% de lo que se vende es lactonas", subrayó el veterinario, evidenciando que la inmensa mayoría invierte en productos que probablemente ya no funcionan en sus propios campos.

El impacto económico invisible

Al analizar por qué cuesta tanto revertir estas costumbres, Mejía explicó que, a diferencia de la agricultura donde la falla de un producto se nota rápidamente a simple vista, en la ganadería la pérdida es completamente silenciosa. "Si tenés resistencia en herbicida, aplicas el herbicida y ves la planta como si no hubieses puesto nada. Acá como los parásitos no se ven y los daños tampoco, muchas veces el productor es como que lo da y no sabe si funciona o no, si no lo mide".

Mejia 2

El costo productivo de esta ceguera sanitaria es inmenso. El asesor advirtió que "un ternero en el invierno puede perder 40, 50 kilos por disminución de engorde" debido a la elevada carga parasitaria. Frente a semejante merma de kilos, el costo de realizar un análisis preventivo es prácticamente nulo. "Si tenés una tropa de 300 terneros, vos juntaste 10 bostas. O sea, ¿qué son 10 bostas? 10, 15, 20 kilos de carne", graficó Mejía, concluyendo tajantemente que "la inversión en control de parásitos no existe" al ponerla en la balanza comercial.

Un nuevo rol para el veterinario

Para abandonar estas viejas costumbres, el disertante hizo especial hincapié en la necesidad de incorporar los recuentos de huevos por gramo (HPG) y los cultivos de larvas como herramientas de uso rutinario. En este nuevo paradigma de trabajo, el rol del asesor veterinario se vuelve completamente insustituible, pasando de una labor meramente operativa a una analítica.

"Hoy la enfermedad parasitaria no se puede manejar más como antes, desparasitando. Hoy hay que pensar", sentenció. El abordaje moderno exige desechar por completo las recetas estándar porque "cada campo es un mundo". Según detalló el experto, cada establecimiento posee su propia población de parásitos, un nivel particular de resistencia y un manejo diferencial, por lo que el profesional debe ser quien evalúe los datos de laboratorio para diseñar rotaciones de drogas específicas para cada tropa.

"La sarna nos está llevando puestos"

En la recta final de su presentación, Mejía dedicó un breve pero fuerte apartado a la sarna bovina, alertando sin rodeos que la enfermedad "nos está llevando puestos". Este claro resurgimiento en los corrales responde a una combinación letal de dos factores: por un lado, al reducirse el uso sistemático de lactonas debido a la mencionada resistencia de los parásitos internos, los casos de sarna quedaron al descubierto. Por el otro, el propio ácaro de la sarna también desarrolló una preocupante tolerancia a estos activos.

Marcando una postura muy crítica e invitando al debate, el especialista aseguró que el problema es mucho más grave de lo que se admite públicamente. "Yo creo que hay muchísima más resistencia a las lactonas de la que creemos, de la que estamos diciendo, viendo y que hay que ocuparse con mucha seriedad", reclamó Mejía, advirtiendo que, si no se comprende la enfermedad ni se aborda con una respuesta institucional, se seguirá fracasando en los tratamientos.

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