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Diagnóstico

Parásitos resistentes, el costo de tratar a ciegas

El Dr. Adrián Lifschitz y la Dra. Candela Cantón explican por qué diagnóstico y monitoreo son claves ante los parásitos y la resistencia antimicrobiana.

Por Daniela Mattiussi 19 de agosto de 2026 - 15:41

En un escenario en el que la resistencia condiciona cada vez más la eficacia de los tratamientos, el control de los parásitos gastrointestinales exige dejar atrás las recetas generales. El Dr. Adrián Lifschitz y la Dra. Candela Cantón coincidieron en Tandil en 3 claves para los veterinarios: diagnóstico, uso racional de los fármacos y estrategias adaptadas a cada establecimiento.

Los veterinarios participaron del Ateneo del Programa de Educación Continua de la Facultad de Ciencias Veterinarias (FCV) de Tandil, donde disertaron sobre el “Control de parasitosis gastrointestinales en rumiantes en un contexto de resistencia a fármacos”.

La propuesta combinó dos miradas complementarias. Lifschitz abordó las herramientas farmacológicas y los criterios para optimizar los tratamientos, mientras que Cantón llevó esos conceptos a situaciones reales de producción y mostró qué ocurre a campo cuando la resistencia reduce la eficacia de los antiparasitarios.

"Lo primero es no tratar a ciegas"

Lifschitz planteó una mirada integral sobre la enfermedad parasitaria y la resistencia. Para eso, repasó los grupos farmacológicos disponibles y aquellos elementos prácticos que permiten al veterinario elegir entre distintos esquemas de dosificación, formulaciones y moléculas.

“Hay diferencias que son más pequeñas o que son detalles, pero que hoy, en un contexto de resistencia antimicrobiana, hacen a que un tratamiento pueda pasar de ser un fracaso a ser un éxito”, explicó.

Desde esa perspectiva, dejó una primera recomendación concreta: “Lo primero es no tratar a ciegas, no podemos con la situación en la que estamos tratar a ciegas”.

¿Entonces qué hacer? Según Lifschitz, se necesita establecer dentro del campo un esquema que permita tratar cuando sea necesario, pero disminuyendo al mínimo posible la frecuencia de los tratamientos, siempre de manera compatible con los objetivos productivos.

Una vez tomada la decisión de intervenir, el foco debe estar puesto en darle al tratamiento la mayor posibilidad de éxito. “Cuando decido hacer el tratamiento, darle la mejor chance a ese tratamiento significa, lo que decimos en farmacología, la mejor exposición de la droga al parásito para evitar otro de los factores principales en la generación de resistencia, que es la subdosificación”, sostuvo.

Dosificación y seguridad, también bajo la lupa

El especialista también puso el foco en la seguridad de los medicamentos. Si bien existen familias de fármacos con amplios márgenes de seguridad, otras tienen rangos terapéuticos más estrechos. “Tenemos familias de fármacos que por suerte son muy seguras, pero tenemos algunas otras en donde ya el rango terapéutico es más estrecho”, explicó Lifschitz.

"Hay que tratar menos, pero con diagnóstico y criterio", resumió l Dr. Adrián Lifschitz.

Incluso, advirtió que las condiciones particulares de producción pueden modificar ese escenario: “Esquemas productivos o situaciones productivas pueden hacer que una droga segura se convierta en una droga un poco menos segura. Entonces, hay que tener una evaluación global”.

De esta manera, la correcta dosificación adquiere una doble importancia: evitar la subdosificación que favorece la resistencia, pero también contemplar los márgenes de seguridad de cada principio activo y las condiciones particulares en las cuales será utilizado.

No tratar "por las dudas"

Lifschitz también dirigió un mensaje especialmente a los veterinarios que están dando sus primeros pasos profesionales. “Un vete que recién empieza y está dando sus primeros pasos tiene que seguirse formando”, aseguró, destacando el valor de programas de educación continua que permitan “venir y discutir con colegas, con académicos y colegas de más trayectoria”.

Pero junto con la capacitación aparece otro cambio necesario en el abordaje de las parasitosis: abandonar definitivamente los tratamientos sin sustento diagnóstico.

El veterinario recomendó evitar una práctica que durante mucho tiempo estuvo instalada, “el tratamiento por las dudas”, y volver a poner en el centro tanto el diagnóstico como el conocimiento de las herramientas disponibles.

En ese sentido, fue contundente al advertir sobre la elección de productos sin criterio profesional: “No usar un producto solamente porque lo dijo el vecino del campo”, sostuvo.

Este concepto atravesó las exposiciones de ambos especialistas. No existe una receta única que pueda trasladarse automáticamente de un campo a otro. “Cada establecimiento es una situación diferente. Yo puedo hacer las cosas muy bien en mi establecimiento y no tener resistencia. El de al lado hace las cosas mal y las mismas drogas que a mí me funcionan, al lado no funcionan”, ejemplificó Lifschitz.

¿El resultado? Un veterinario que asesore ambos campos estará frente a escenarios diferentes y, por lo tanto, deberá tomar decisiones distintas para cada uno.

Del conocimiento farmacológico a la realidad del campo

La exposición de Cantón complementó esta mirada desde los sistemas reales de producción bovina. Uno de los objetivos fue precisamente contrastar lo que se conoce desde la farmacología con lo que finalmente sucede en los animales. “Por ejemplo, por qué un oral funciona mejor que un subcutáneo en la teoría. Bueno, en el campo, ¿qué pasa?”, planteó Cantón.

Entre las alternativas evaluadas mencionó el cambio de vía de administración para incrementar la eficacia y la combinación de diferentes antihelmínticos y grupos químicos frente a distintos escenarios de resistencia o susceptibilidad.

Pero nuevamente apareció una condición central: “Cada establecimiento es un mundo y hay que basarse en la historia y en la eficacia que tienen los antiparasitarios en cada uno”.

Evitar que ingresen parásitos resistentes

Cantón marcó una diferencia entre las parasitosis gastrointestinales y otros problemas parasitarios como la sarna. En el caso de los gastrointestinales, un establecimiento puede avanzar sobre un esquema propio de control sustentable si implementa las medidas necesarias.

La estrategia, explicó, debe contemplar “un control integrado de gastrointestinales sustentable en el tiempo con monitoreo parasitológico”, bajo asesoramiento veterinario y acompañado por tratamientos de ingreso efectivos para impedir la incorporación de parásitos resistentes.

El riesgo adquiere especial relevancia en establecimientos de recría a pasto que compran animales con frecuencia. “Si yo no hago un tratamiento de ingreso al inicio, puedo importar parásitos resistentes de otro establecimiento”, advirtió Cantón.

“Cada establecimiento es un mundo”, afirmó la Dra. Candela Cantón.

Una alternativa puede ser utilizar una combinación de antihelmínticos que permita realizar un tratamiento lo más efectivo posible sobre animales provenientes de campos cuyo historial parasitario se desconoce. “Si yo no quiero que mi campo se siembre de esos parásitos que no sé qué son, le tengo que hacer un buen tratamiento de ingreso efectivo”, explicó.

A partir de allí, sostuvo, será necesario mantener un adecuado control parasitológico del establecimiento para evitar que esos parásitos resistentes se incorporen al sistema.

La resistencia ya impacta en los kilos producidos

La problemática no se limita a una discusión farmacológica. Para Cantón, el avance de la resistencia tiene consecuencias productivas y económicas concretas. “Cada vez más”, respondió al ser consultada sobre el interés de los veterinarios por esta problemática, y señaló particularmente la resistencia a las lactonas, principalmente ivermectinas, pero también a otras drogas del mismo grupo. “Justo esta semana tuvimos dos casos de resistencia grave a Moxidectin, de baja, muy baja eficacia”, ejemplificó.

Este escenario está llevando a que más profesionales se involucren en el control parasitario, especialmente por el impacto que una falla terapéutica puede tener sobre la producción de carne. “El impacto productivo de la resistencia se correlaciona directamente con impacto económico, o sea, son kilos que yo dejo de producir, plata que dejo de ganar”, resumió Cantón.

Y puso un número sobre la mesa: “Con el contexto que tenemos hoy de mercado, perder 100, 200 gramos por hacer un tratamiento ineficaz” representa una pérdida que muchas veces pasa inadvertida.

El problema puede estar aunque no se vea

Una de las mayores dificultades es justamente que esas pérdidas no necesariamente vienen acompañadas por signos clínicos evidentes. “Muchas veces, en realidad la mayoría de las veces, esto es subclínico, yo no lo veo, pero esperar a que aparezca la diarrea significa llegar tarde. Si llego al animal con clínico porque tiene diarrea, estoy llegando muy tarde”, explicó Cantón.

Por eso, además del monitoreo parasitológico, la profesional destacó el valor de medir la respuesta productiva de los animales. “Si yo no peso los animales y veo que hice un tratamiento, usé ivermectina o Moxidectin, no me funcionó, y no peso los animales, no me voy a dar cuenta que no están ganando lo adecuado, lo que yo esperaba”, explicó.

HPG, chequeo de eficacia y coprocultivo

¿Cómo anticiparse entonces a esas pérdidas? Cantón enumeró distintas herramientas que permiten tomar decisiones con información objetiva.

“Tengo que hacer chequeo de tratamiento, tengo que hacer un HPG previo para ver si necesitan el tratamiento, después hacer un chequeo de tratamiento, si se puede un test de reducción del conteo de huevos (TRCH) para saber cómo anda la eficacia”, detalló.

El Ateneo reunió a veterinarios para actualizar estrategias de control parasitario.

Estos controles permiten conocer la respuesta de los diferentes grupos químicos y antihelmínticos disponibles en cada establecimiento para luego decidir cuál utilizar y frente a qué géneros parasitarios. Porque tampoco todos los productos necesariamente mantienen la misma eficacia frente a todos los parásitos presentes. “Capaz que un antiparasitario es efectivo contra uno y no contra otro”, señaló Cantón.

Por eso, además del HPG, destacó la necesidad de avanzar con diagnósticos más específicos: “Es muy importante hacer diagnósticos no solo de HPG, sino también de coprocultivo para saber los géneros que están involucrados en mi establecimiento”.

El veterinario, en el centro de la estrategia

Diagnosticar antes de tratar, comprobar la eficacia después de hacerlo, conocer qué drogas funcionan, evitar subdosificaciones, impedir el ingreso de parásitos resistentes y adecuar las decisiones a la realidad de cada campo fueron los conceptos que atravesaron las exposiciones de Lifschitz y Cantón.

Y todos convergen en un mismo protagonista: el veterinario. “Para todo eso es súper fundamental el asesoramiento veterinario”, concluyó Cantón.

¿Por qué? Porque es el profesional quien debe interpretar los resultados, determinar la eficacia de los tratamientos, identificar dónde existe resistencia y definir una estrategia acorde.

“Es un vete el que tiene que evaluar esos datos, asesorar qué tratamiento, qué eficacia tienen las drogas, dónde tengo resistencia y cuál es la mejor estrategia a utilizar en ese establecimiento puntual”, cerró.

Así, frente a un escenario en el cual la resistencia reduce el margen para el error, ambos especialistas dejaron un mensaje común: ya no alcanza con desparasitar. Hay que saber si es necesario hacerlo, con qué herramienta, comprobar si funcionó y ajustar la estrategia a cada establecimiento.

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