“Si querés abarcar la inseminación individualmente, seguro que hacés agua por algún lado”, resume Freije. Detrás de cada IATF hay fechas que se superponen, recorridos, preparación de los animales, personal y tiempos que deben respetarse. Para responder a esa dinámica, la clave está en planificar y construir un equipo capaz de distribuir responsabilidades sin resignar calidad.
Un equipo que excede una estructura formal
Hoy, el núcleo estable está integrado por 4 personas: su hijo Nicanor, con quien Freije mantiene una sociedad; un amigo que se incorporó hace tres años y Nicolás Fiel, hijo de un amigo suyo, con quien trabaja desde que se recibió, hace más de dos décadas.
La IATF fue determinante para consolidar esta organización. Freije, recibido en 1988, participó de las primeras experiencias con dispositivos y protocolos de inseminación a tiempo fijo de la mano de Ignacio Viel Adorna.
“Una cosa es sacar celo e inseminar y otra cosa es manejar protocolos. Ahí empezamos a darnos cuenta de que necesitábamos asociarnos entre profesionales, enseñar y formar gente para inseminación”, recuerda.
Actualmente, la inseminación representa alrededor del 80% de su trabajo, cuando en sus comienzos significaba aproximadamente un 10%.
Planificar antes de que empiece la IATF
El calendario explica la necesidad de contar con un equipo. Al momento de la entrevista, Freije tenía cerca de 90 lotes diferentes programados, cada uno con su sincronización, retiro e inseminación.
“Sin un grupo así es imposible llevarlo a cabo. Entre nosotros 4 tampoco lograríamos hacerlo si no tuviéramos algunas ruedas de auxilio afuera”, grafica.
La IATF como motor de un nuevo modelo profesional.
El radio de trabajo incluye Ayacucho, Maipú, Dolores, Mar Chiquita, Chascomús y distintos puntos de la Cuenca del Salado. Además, desde hace unos 20 años trabaja durante la temporada en Uruguay y posteriormente continúa con algunos establecimientos en Santiago del Estero.
La organización empieza con anticipación. El equipo trabaja con un calendario en el que distingue las jornadas de sincronización, retiro e inseminación, y puede planificar al menos 2 meses hacia adelante.
Eso permite detectar superposiciones y distribuir profesionales. Mientras una parte del equipo insemina un lote, otra puede estar retirando dispositivos o iniciando una sincronización en otro establecimiento.
“Ahí nos dividimos. Somos nosotros 4, pero a la vez tenemos otros veterinarios que trabajan con nosotros”, explica.
Nunca trabajar solos
No existe para Freije un número ideal de personas para una IATF. En lotes chicos trabajan dos; en otros participan tres y, cuando el volumen lo requiere, pueden ir los cuatro integrantes del núcleo estable.
Sin embargo, existe una regla innegociable: nunca trabajar solos.
“Normalmente no vamos menos de dos”, asegura. Además de agilizar el procedimiento, hay una cuestión de seguridad y continuidad. Una lesión o cualquier imprevisto puede comprometer una tarea que tiene horarios acotados.
En los lotes grandes, la rotación también permite sostener el ritmo: mientras uno insemina, otro descongela semen y los integrantes pueden alternarse durante la jornada.
Además, tanto las sincronizaciones como los retiros quedan bajo supervisión directa del equipo profesional. “No dejamos nada en manos de nadie. Por ahí va uno de nosotros con algún ayudante que no es veterinario, pero uno de nosotros siempre está en todas las tareas”.
Asesoramiento integral
El crecimiento del equipo también modificó el servicio. La propuesta ya no se limita a llegar al establecimiento, inseminar y retirarse.
Freije habla de un asesoramiento que comienza meses antes, siguiendo la recría, alimentación, parásitos y condiciones en las que las futuras madres llegarán al servicio.
“La inseminación no es solo ir e inseminar. Requiere una preparación previa que no es de dos días: son meses antes que ya estás monitoreando los rodeos”, explica.
Según su experiencia, ese acompañamiento genera confianza y amplía la adopción de la tecnología: “El que inseminaba 80 vaquillonas, ahora te insemina 80 vaquillonas y 300 vacas”.
Para Freije, uno de los grandes cambios no estuvo necesariamente en la técnica, sino en lo que ocurre antes. “Lo que hemos cambiado fundamentalmente no es tanto la técnica, sino la preparación de los animales para que lleguen en condiciones aptas”.
Del veterinario indispensable a la confianza en el equipo
El crecimiento plantea otro desafío: lograr que el productor confíe en el equipo y no exclusivamente en una persona.
Freije reconoce que trabajó deliberadamente para construir esa percepción. “Siempre quise que la gente se metiera en la cabeza que si iba yo, mi hijo, Nicolás o cualquier otro veterinario, era lo mismo”.
Un equipo preparado para sostener el crecimiento.
Para lograrlo, plantea una metodología horizontal: “Cuando vamos a trabajar, nadie es jefe. Estamos todos, opinamos todos y yo les pregunto y hago participar a los chicos”.
El objetivo es compartir una forma de trabajar para que la calidad no dependa de quién llegue al campo. Esa confianza es la que permite distribuir decenas de lotes y responder ante las superposiciones propias de la temporada.
Formar el equipo que viene detrás
Pero para Freije un equipo no se construye solamente para resolver la próxima temporada de IATF. También debe pensarse para continuar cuando sus integrantes actuales ya no estén.
“Es un trabajo muy difícil de llevar a cabo si no tenés un equipo conformado, si no sos abierto a que vengan otros a trabajar con vos y si no sos generoso en compartir la experiencia que fuiste cosechando”, afirma.
Y lo sintetiza con una comparación: “Eso de morirse con el secreto de la receta de la abuela no sirve. Todo lo que podamos ir transmitiendo redunda en beneficio para nosotros mismos”.
Hoy asegura que podría correrse del trabajo operativo y dedicarse solamente a gestionar la estructura porque existe un grupo detrás en el que confía. “Es fundamental generar confianza y, sobre todo, sucesión en el grupo de trabajo para que perdure. Si no generás sucesión, se termina el trabajo y chau”, concluye Freije.
Y deja una definición que resume su manera de pensar la profesión y el futuro de su equipo: “Ninguno de nosotros es imprescindible. Mañana me puede pasar cualquier cosa a mí y ellos siguen como si nada”.