“Cuando empieza la IATF, yo diría que por 2002 o 2003, ya la empezamos a usar en rodeos de vacas y vaquillonas”, recordó.
La adopción tuvo además un terreno fértil: una empresa cuyos accionistas, según Travi, históricamente estuvieron abiertos a incorporar tecnología y avanzar en mejora genética.
Un costo que no mueve la aguja
En tiempos en los que cada decisión productiva pasa por los números, Travi propone mirar la IATF dentro de la estructura completa del negocio y no como un gasto aislado.
Y allí aparece un dato contundente.
“Por ahí nuestro costo principal es la alimentación, básicamente porque son esquemas intensivos. Después, lo que es sanidad e inseminación, no recuerdo exactamente, pero no llega al 10%, contra un costo de alimentación que es 40 o 45%. Entonces, la verdad que los cañones los apuntamos ahí”, explicó.
La diferencia ayuda a dimensionar por qué, en una empresa de esta escala, la discusión no pasa por ahorrar la inseminación. Su peso relativo dentro de la estructura es reducido frente a otras variables y, al mismo tiempo, sus efectos atraviesan distintas etapas del sistema.
Por eso, año tras año, la IATF vuelve a estar en el planteo. “Cuando vos ves todo el año, tenés dispersión, pero la media es que va bien. Entonces, lo seguís haciendo y no dudás en eso”, aseguró Travi.
No significa que todos los resultados sean iguales ni que la técnica garantice por sí misma una buena campaña. De hecho, el veterinario reconoce que hay años o lotes en los cuales, aun habiendo hecho correctamente el trabajo, la preñez puede no responder como se esperaba.
Pero la evaluación se realiza sobre el sistema y en el largo plazo.
Y ahí la herramienta cierra.
La IATF no hace magia
Hay otro concepto sobre el cual Travi insiste: sería un error atribuirle a la IATF resultados que dependen de muchas otras decisiones.
“Mirá, yo no me animaría a decir que la IATF por sí sola cambia un resultado; sí acompañada de otras cosas. Cuando uno tiene una cadena forrajera, la nutrición y la sanidad acordes o resueltas, la IATF te potencia”, explicó.
Para graficarlo, vuelve a aquella pirámide aprendida en la Facultad: primero alimentación, luego sanidad y finalmente genética. “La IATF por sí sola creo que no te va a acomodar nada si no tenés estos parámetros antes resueltos”, destacó.
Es allí donde la experiencia de esta empresa permite correr la mirada del día puntual de la inseminación y ponerla sobre todo lo que sucede antes.
Un ejemplo concreto son las vaquillonas de 15 meses. Hasta hace unos 5 años, la empresa suplementaba aproximadamente 500 kilos de maíz por vaquillona para garantizar que llegaran al servicio con el peso y la condición necesarios. Hoy, a partir de cambios en el manejo del pasto y del avance genético acumulado, alrededor del 60% de la recría alcanza el peso de entore únicamente sobre pasturas.
Ese ahorro sí puede monetizarse. Pero, sobre todo, muestra hasta qué punto los resultados reproductivos están conectados con el manejo general.
“Cuando ves tres terneras de 13 meses que ya llegaron a su precocidad, que ya están ciclando, eso es una mejora en la genética que básicamente te permite hacer a escalas mayores la IATF”, señaló.
Más que preñar en un día
La concentración de las preñeces es otro de los grandes beneficios que Travi encuentra en la herramienta.
En vaquillonas, la empresa trabaja con servicios de alrededor de 60 días, mientras que en vacas se extienden a unos 70 o 75. Conseguir una proporción importante de las preñeces al comienzo permite concentrar luego las pariciones y organizar mejor los recursos.
“Las preñás en un día y te paren en 15 o 20 días. Con lo cual entran a su segundo servicio con más días posparto y con mayor chance de preñarse de cabeza”, explicó.
También hay un impacto directo sobre el producto obtenido.
“Tener que tu preñez te dé en un día el 50% te ayuda mucho. Vas a tener terneros más cabeza y, por ende, más kilos al destete”, agregó.
Y como se trata de un planteo de ciclo completo, la consecuencia continúa aguas abajo: un ternero nacido antes puede convertirse en un novillo terminado a menor edad.
“Al final de todo vas a tener un novillo con peso a frigorífico con menos edad. Si lo querés medir desde la parte económica, tenés una mayor rotación”, sostuvo.
Cuando el recurso escaso es la gente
Pero no todos los beneficios se miden en kilos. Para Travi, concentrar las actividades es particularmente valioso en un escenario en el cual conseguir personal capacitado se vuelve cada vez más complejo.
“Hoy el recurso humano es escaso; el entrenado, menos todavía”, advirtió.
Concentrar la parición permite focalizar la supervisión, reforzar equipos durante un período determinado y poner mayor atención sobre los momentos críticos.
“No es lo mismo poder poner toda tu atención en 30, 40 o 45 días. Cuando las pariciones son muy largas, uno ve que las pérdidas a veces aumentan sobre el final”, explicó.
Ese mismo criterio operativo también determina hasta dónde avanzar con la IATF. Si sus resultados son positivos y su costo relativo es bajo, ¿por qué no inseminar entonces el 100% de los vientres?
La respuesta vuelve a ser el manejo.
“Hay todo un tema de logística, de lo operacional, que se haría muy engorroso. Nosotros hacemos cortes de parición y priorizamos siempre lo operativo y lo que podemos hacer, en un contexto en el que cada vez hay menos gente por vaca”, señaló.
Es decir, la tecnología se incorpora hasta donde el sistema puede ejecutarla correctamente.
Mirar el sistema completo
Travi evita ponerle a la IATF un número individual de retorno económico. No porque no genere beneficios, sino porque considera que hacerlo en un planteo de estas características implicaría aislar artificialmente variables que funcionan juntas.
En una empresa donde cría, recría e invernada comparten campos, pasturas y recursos, separar cuánto del resultado corresponde exclusivamente a la inseminación sería complejo.
“Nosotros evaluamos el modelo, el sistema. No actividad por actividad”, explicó.
Y quizás allí esté también una de las principales conclusiones de su experiencia.
La IATF no reemplaza la alimentación, la sanidad, la planificación, el personal capacitado ni el manejo forrajero. Tampoco corrige por sí sola un rodeo mal preparado. Pero cuando esas bases están resueltas, permite multiplicar sus resultados: acelerar la mejora genética, concentrar preñeces y pariciones, obtener terneros más cabeza, sumar kilos al destete, ordenar el trabajo y aumentar la rotación del sistema.
Por eso, después de más de dos décadas de uso, en esta empresa la IATF dejó de ocupar el casillero de las tecnologías que todos los años tienen que justificar su inversión.
Su participación en los costos es pequeña frente a los grandes rubros del planteo. Su aporte, en cambio, se distribuye a lo largo de toda la cadena productiva.
Ya no se preguntan si van a hacer IATF.
La pregunta es cómo organizar el sistema para hacerla bien.