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Gestión

"Solos no podríamos hacer la misma cantidad de IATF"

La MV Agustina Errico cuenta cómo arman el equipo, anticipan la temporada de IATF y distribuyen tareas para ganar eficiencia sin resignar calidad.

Motivar | Daniela Mattiussi
Por Daniela Mattiussi 3 de octubre de 2026 - 08:30

La temporada de IATF no empieza cuando las vacas entran a la manga. Para la MV Agustina Errico, de Veterinaria La Rural, comienza antes, con agenda, recorridos y un equipo preparado para responder. En su experiencia, sumar personas y ordenar funciones fue la respuesta al crecimiento de la demanda y a una realidad cada vez más visible en los campos.

El equipo tiene una fuerte impronta familiar. Agustina trabaja codo a codo con su hermano Santiago, mientras que su padre, hoy prácticamente retirado del trabajo a campo, sigue vinculado a la veterinaria y funciona como una suerte de “comodín” cuando hace falta una mano extra. A ellos se suma una persona dedicada a la administración.

Pero cuando llega el momento de trabajar en la manga, la estructura se amplía. Hay dos colaboradores que los acompañan habitualmente y conocen las distintas tareas, desde echar las vacas y trabajar en el yugo hasta colaborar con los dispositivos. También reciben pasantes del último año de una escuela agraria y cuentan con otras personas que se fueron capacitando para sumarse cuando el volumen de trabajo lo exige.

“Básicamente somos nosotros cuatro en la manga, Santiago y yo con dos chicos más, y a veces alguien más”, explicó Errico. En su caso, además, suele concentrarse en las ecografías y el preservicio.

La conformación del equipo tiene también una explicación concreta que excede a la propia veterinaria. “Cada vez hay menos personal y es una realidad en el campo”, señaló la profesional. Frente a establecimientos donde hay una o dos personas disponibles para trabajar con la hacienda, la veterinaria comenzó a llevar colaboradores para completar las funciones necesarias y lograr que el movimiento de los animales sea más fluido.

La IATF impulsó una nueva organización

El equipo no nació de un plan diseñado de antemano. Fue tomando forma a medida que cambió el negocio.

El padre de Agustina llegó a trabajar con clientes de gran escala, incluso realizando jornadas de 700 vacas, pero en establecimientos que ya contaban con numerosas personas en la manga. Su tarea podía concentrarse entonces en la inseminación junto a quien descongelaba el semen.

Con el tiempo, la estructura de clientes cambió. Hoy atienden más establecimientos, con lotes de menor volumen y concentrados principalmente en su zona. Eso multiplicó los trabajos y, sobre todo, las necesidades de coordinación.

“Al ser lotes más chicos, pero tener más trabajo concentrado, te tenés que organizar. Es más complicado y necesitás más gente”, resumió Errico. Así aparecieron necesidades concretas como sumar a alguien para echar la hacienda o disponer de un colero.

La experiencia acumulada también juega su partido. Después de trabajar juntos durante años, cada integrante conoce su función y puede anticiparse a lo que necesita el otro. Esa coordinación es particularmente importante en una actividad en la cual los tiempos importan.

¿Cuál es el equipo ideal?

No existe para Errico un número que pueda aplicarse a todos los establecimientos. La cantidad de animales importa, pero hay otra variable determinante: las instalaciones.

“Básicamente la manga nos determina cuánta gente hay que llevar”, explicó. Cuando faltan trancas o las instalaciones no están en condiciones ideales, algunas deficiencias terminan resolviéndose con más personal. El objetivo es lograr un trabajo rápido y eficiente, pero también reducir el estrés sobre los animales.

En condiciones adecuadas, Errico plantea una referencia concreta. Para el movimiento de la hacienda debería haber una persona en el yugo, otra en la cola, gente echando animales y alguien encargado de abrir y cerrar la tranca. En total, calcula unas cinco o seis personas vinculadas al movimiento de los bovinos, además del equipo específicamente abocado a los dispositivos y al animal una vez encepado.

La diferencia se nota cuando faltan manos. Si quien insemina también debe subir y bajar para abrir una tranca durante un trabajo de 200 vacas, técnicamente puede hacerlo, pero suma tiempo, desgaste físico y tareas que distraen del objetivo principal.

La temporada se empieza a jugar en la agenda

En agosto, Errico ya tiene prácticamente programados septiembre y octubre. Esa anticipación es una de las claves para atravesar el momento de mayor demanda.

En las vaquillonas, la programación puede ser más sencilla si alcanzaron el peso y desarrollo necesarios. En las vacas, en cambio, hay que considerar la evolución de la parición y respetar el período posparto. Errico toma como referencia 40 días y mantiene contacto con el personal de cada establecimiento para conocer cuántas vacas vienen pariendo y ordenar las fechas.

La planificación y el trabajo en equipo como claves para crecer.

La planificación y el trabajo en equipo como claves para crecer.

Algunos campos realizan cortes de parición, lo cual facilita la selección de las hembras que cumplen con ese período. Donde eso no es posible, por falta de personal o de lotes para realizar los apartes, el equipo hace un preservicio y deja afuera del protocolo a aquellas vacas que todavía no están en condiciones de iniciarlo.

Pero agendar un campo para una IATF significa mucho más que reservar un día.

Cada protocolo implica distintos encierres y horarios que deben compatibilizarse con los demás establecimientos. Hay que evitar, por ejemplo, que la colocación de dispositivos de un rodeo se superponga con el retiro o la inseminación de otro. Una estrategia es distribuir trabajos entre mañana y tarde, siempre dejando margen para los imprevistos.

“Te pasa algo en la manga, te retrasaste y esto tiene un intervalo horario y hay que respetarlo”, explicó Errico.

Ahí aparece uno de los principales límites al crecimiento. No se trata solamente de sumar campos a la agenda, sino de contar con la estructura necesaria para cumplir los protocolos y sostener la calidad del servicio.

Crecer sí, pero ¿hasta dónde?

La posibilidad de dar otro salto está sobre la mesa. Errico cuenta que con Santiago han conversado sobre sumar veterinarios y conformar grupos capaces de realizar protocolos completos en simultáneo. Sería una manera de ampliar la cantidad de establecimientos atendidos sin hacer depender todo el trabajo de ellos dos.

Pero la decisión no está tomada.

“¿Para qué querés más? Con lo que tenemos estamos rebién”, contrapone Agustina frente a la posibilidad de seguir aumentando la escala. Su mirada pone sobre la mesa una discusión que atraviesa a muchos veterinarios independientes: crecer no necesariamente significa hacer cada vez más trabajos, sino definir qué estructura se quiere sostener y cómo se pretende trabajar.

Sí considera necesario pensar a futuro en el recambio generacional. “En algún momento tiene que suceder” que alguien más joven se incorpore, aprenda y pueda continuar parte del trabajo, señaló.

Trabajar en familia también se aprende

En Veterinaria La Rural, profesionalizar el equipo tuvo además un componente particular: aprender a trabajar entre familiares.

Errico reconoce que fue “un desafío grandísimo”. Cuando regresó de Tandil para incorporarse al proyecto familiar, encontró diferencias generacionales respecto de cómo entender el trabajo y su lugar en la vida cotidiana.

Agustina y Santiago sostienen junto a su padre Rubén una estructura familiar que se adaptó a nuevos desafíos.

Agustina y Santiago sostienen junto a su padre Rubén una estructura familiar que se adaptó a nuevos desafíos.

“Yo no vivo para trabajar, voy a trabajar para vivir”, fue una de las condiciones que planteó al sumarse. A partir de allí hubo discusiones, acuerdos y aprendizajes. “Nos llevó todo un proceso de ceder un poco también, porque tampoco todo podés hacerlo como vos querés”, recordó.

Con el tiempo, esa convivencia se convirtió también en una fortaleza. Conocerse, entender cómo trabaja el otro y tener claras las responsabilidades permite ganar fluidez en momentos de alta exigencia.

“Somos más eficientes trabajando en equipo”

La IATF expone con claridad el cambio de lógica. Ya no alcanza solamente con la capacidad técnica del veterinario que coloca un dispositivo, realiza una ecografía o insemina. Para aumentar el volumen de trabajo sin resignar calidad hacen falta personas capacitadas, funciones definidas, instalaciones adecuadas y, sobre todo, planificación.

Por eso, cuando se le pregunta si podría realizar hoy el mismo volumen de IATF trabajando sola, Errico no duda: “No, yo sola no”.

Y resume buena parte de la experiencia de Veterinaria La Rural en una idea: “Sos más eficiente trabajando en equipo, resolvés mejor y tenés más posibilidades porque hay distintos focos, distintas maneras de ver las cosas. Creo que es a lo que hay que apuntar”.

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