Sudáfrica enfrenta su peor brote de fiebre aftosa desde que perdió el estatus libre en 2019. Con más de 24.406 casos reportados en 2025 y nuevas detecciones en enero de 2026, la enfermedad golpeó por primera vez a la producción porcina comercial, generando una crisis sanitaria, económica y legal sin precedentes.
El brote se extendió a 7 provincias, con epicentro en KwaZulu-Natal. A inicios de 2026, se confirmaron nuevos focos en Limpopo y Gauteng. En el Estado Libre, la fiebre aftosa ya fue detectada en granjas porcinas, un hecho inédito que compromete un sector valuado en R11 mil millones. También hay sospechas en KZN y otras regiones.
Al día de hoy, la situación de la fiebre aftosa en Sudáfrica se convirtió en una emergencia nacional con varios frentes abiertos que están reconfigurando la industria ganadera del país.
Respuesta gubernamental y vacunación
Durante esta primera semana de febrero de 2026, comenzó la fase de vacunación masiva del ganado bovino nacional. Las prioridades geográficas son KZN y Gauteng, seguidas de Limpopo y Mpumalanga.
Respecto a la logística de las vacunas, el Ministerio de Agricultura ya administró cerca de 2 millones de dosis provenientes de Botsuana. Además, se han emitido permisos de importación para la vacuna argentina de Biogénesis Bagó y la vacuna Dollvet.
En ese sentido, el gobierno lanzó oficialmente un plan para erradicar la enfermedad en una década, buscando recuperar el estatus de “libre de fiebre aftosa con vacunación” ante la OMSA.
Golpe a las exportaciones y a la producción
Desde 2019, las pérdidas en exportaciones superan los R821 millones, pero podrían escalar a R2.600 millones hacia fin de 2026 si la situación no se revierte. Además, se reportaron brotes en 91 tambos en 2025, afectando seriamente la producción láctea. El ingreso del virus en la cadena porcina amenaza la estabilidad de un sector que hasta ahora se había mantenido al margen.
El gobierno anunció un ambicioso plan de erradicación a 10 años para recuperar su estatus sanitario ante la WOAH. El desafío no es solo epidemiológico, sino también político y económico, con un sistema de vacunación que aún genera más dudas que certezas.