En base a los grados actuales de adopciones de tecnologías en el campo, una de las tareas que los veterinarios deben seguir realizando pasa por demostrar que invertir en sanidad es realmente rentable.
"Ningún productor debería depender de su memoria para cumplir el plan sanitario"
Para Juan Ignacio Charaf, de Fortín Oeste, el verdadero desafío del veterinario ya no es “convencer” al productor sobre la importancia de las vacunas, sino asumir un rol activo en el seguimiento y la ejecución del plan sanitario.
Si bien queda mucho por recorrer en este sentido, también es cierto que, en muchos campos ganaderos, ese debate parece haber quedado atrás. La relación costo-beneficio de los planes sanitarios está ampliamente demostrada y ya no hay dudas: vacunar es una herramienta indispensable para producir mejor.
Sobre esta base, el diferencial ahora pasa por otro lado: la capacidad de los profesionales para acompañar al productor, anticiparse a los tiempos del calendario sanitario y transformar la vacunación en parte de un servicio integral.
Así lo entiende Juan Charaf, referente de Fortín Oeste, en 9 de Julio, Buenos Aires, quien en diálogo con MOTIVAR sostiene que el veterinario debe abandonar definitivamente el rol reactivo para convertirse en el impulsor de la prevención. "El plan sanitario ya no se discute. La relación costo-beneficio es indiscutible y mucho más en un contexto como el de hoy".
Para Charaf, la evolución de la tecnología disponible y la confiabilidad de las vacunas modificaron por completo la conversación con los productores. "Capaz que la discusión de plan sanitario sí o plan sanitario no tenía sentido hace muchos años, cuando todavía algunos biológicos estaban evolucionando.
Hoy, hablando de productos de calidad y laboratorios de punta, esa pelea prácticamente ya no la damos", explicó.
Más que recordar una vacuna
En Fortín Oeste trabajan bajo una premisa sencilla: ningún productor debería depender únicamente de su memoria para cumplir el calendario sanitario. Por eso, desarrollaron un sistema de seguimiento permanente. “Tenemos el ejercicio de recordarle al productor suplan sanitario de manera mensual. Siempre que tenga que hacer algo, nosotros le vamos a avisar”.
Ese contacto puede adoptar distintas formas. En algunos casos se coordina directamente con los encargados del establecimiento; en otros, mediante llamados o mensajes al productor. Lo importante es que exista un seguimiento permanente.
La lógica detrás de ese trabajo es simple: un plan sanitario pierde gran parte de su eficacia cuando las aplicaciones se realizan fuera de término, de manera incompleta o directamente se olvidan.
Para Charaf, esa tarea de acompañamiento representa hoy uno de los principales valores agregados que puede ofrecer un veterinario.
El verdadero diferencial
“El plan sanitario aislado no sé si tiene mucho impacto. Ahora, incluido dentro de un servicio integral donde hablás de nutrición, manejo, genética y recursos humanos, ahí tiene un impacto impresionante”, detalló Charaf.
Por eso, cada visita al campo es aprovechada para mucho más que aplicar vacunas o antiparasitarios. Mientras se ejecuta el plan sanitario también se evalúa la condición corporal de los animales, se recorren lotes, se revisan manejos, se capacita al personal y se detectan posibles oportunidades de mejora.
Según Charaf, esa mirada integral convierte cada vacunación en una instancia de asesoramiento técnico que difícilmente podría lograrse en otro momento. “Cuando vas a hacer una vacunación podés aprovechar para capacitar al personal, revisar instalaciones o preparar la atención de los próximos partos. Ahí cerrás el círculo”, le explicó a MOTIVAR.
“Convencer" con argumentos
Aunque reconoce que existen productores que cuestionan determinadas recomendaciones, Charaf asegura que esos intercambios terminan fortaleciendo el trabajo profesional.
Lejos de incomodarlo, disfruta cuando aparecen preguntas difíciles. “Nos encantan los productores que nos desafían. Te obligan a buscar respuestas, a estudiar más y a vincularte con gente que realmente sabe”, indicó.
En ese proceso, la actualización permanente ocupa un lugar central. El vínculo con la Facultad de Ciencias Veterinariasde Tandil funciona como una herramienta cotidiana para resolver consultas específicas y transformar problemas de campo en oportunidades de investigación. Ese ida y vuelta entre universidad y práctica profesional, sostiene, permite devolver soluciones cada vez más precisas.
La prevención se construye con confianza
El asesoramiento sanitario también exige coherencia. Charaf reconoce que Fortín Oeste comercializa productos veterinarios, pero asegura que la prioridad nunca es vender.
“Si nosotros consideramos que un producto no va a funcionar, no se recomienda. Muchas veces el productor viene buscando algo por una promoción y, cuando profundizás el caso, te das cuenta de que no le sirve. En ese caso, no lo vendemos”, resaltó.
Esa conducta, afirma, fortalece el vínculo de confianza y facilita que posteriormente el productor acepte otras recomendaciones de mayor impacto.
Ejecutar también importa
Otro aspecto que diferencia el modelo de trabajo es la participación directa del veterinario en la ejecución de los planes sanitarios. Siempre que es posible, el propio equipo realiza las aplicaciones no solo para garantizar buenas prácticas, sino porque consideran que cada recorrida genera información productiva valiosa.
“Si solamente voy a aplicar un producto, me estoy perdiendo una parte de la película. El veterinario tiene que mirar todo el sistema”, manifestó Charaf.
Desde esa perspectiva, la vacunación deja de ser un procedimiento puntual para convertirse en una oportunidad de diagnóstico, capacitación y mejora continua.
Una inversión que ya no admite discusión
Cuando se analiza el costo completo del plan sanitario, Juan Ignacio Charaf, de Fortín Oeste lo expresa en kilos de novillo. Actualmente representa alrededor de 7 kilos por vaca al año incluyendo biológicos, antiparasitarios, suplementación mineral, tactos y revisación de toros.
La incidencia económica resulta mínima frente al impacto productivo que generan las enfermedades prevenibles. Por eso, Charaf vuelve una y otra vez sobre la misma idea. Reducir costos sacrificando sanidad no mejora la eficiencia, sino que solo incrementa los riesgos.
“La relación costo-beneficio no se discute. Lo que tenemos que hacer es apuntar siempre a la mayor calidad posible, con buenos productos, personal capacitado y buenas prácticas. Después las cosas terminan resultando”, concluyó.