Un reciente estudio del Instituto de Ingeniería Rural (IIR) del INTA exploró la relación entre las distintas historias de manejo agrícola y la organización del carbono en el suelo. La investigación, según informó el INTA, aporta evidencia para comprender los mecanismos de agregación y protección de la materia orgánica, un aspecto crucial para la producción agrícola.
El trabajo, liderado por Marcos Roba, investigador del IIR, analizó cómo la estructura del suelo varía con la intensidad del manejo agrícola, considerando el número de cultivos anuales y la proporción de gramíneas en la rotación. Para ello, se estudiaron tres suelos limosos con cinco secuencias de cultivo distintas, enfocándose en dos tipos de agregados: los biogénicos, formados por la actividad de organismos vivos, y los fisicogénicos, originados por procesos físicos.
Como parte de su proyecto de doctorado, Roba realizó una estadía en el Laboratorio Multiusuario de Ultraestructura de la UFRRJ (Seropédica, Brasil), colaborando con el Dr. Gervasio Pereira y el Dr. Filipe Behrends Kraemer. Allí desarrolló un protocolo para aplicar microscopía electrónica de barrido combinada con espectroscopía de rayos X por dispersión de energía sobre agregados de 4 mm de diámetro. Esta metodología permitió validar la clasificación visual de los agregados y analizar su composición química superficial, ofreciendo una dimensión complementaria a los indicadores tradicionales de carbono.
Impacto del manejo en el suelo
Los resultados indicaron que el manejo agrícola influye indirectamente sobre el carbono al modificar la estructura del suelo y el tipo de agregación predominante. A mayor intensidad en la secuencia de cultivos, se observó un aumento en la presencia de agregados biogénicos, asociados a la actividad de la fauna, microorganismos y raíces del suelo. En dos de los tres sitios estudiados, estos agregados biogénicos mostraron mayor carbono superficial, ligado al carbono particulado. No obstante, los investigadores enfatizan que estos hallazgos no deben generalizarse, ya que la diferenciación entre agregados varió según el campo y el grado de degradación inicial.
Marcos Roba explicó que tanto la degradación como la agregación del suelo implican un cambio en cómo se organiza, acumula y protege el carbono. Comprender estos mecanismos de agregación permite identificar con mayor precisión el punto en el proceso productivo donde el suelo comienza a perder capacidad de retener y proteger los distintos tipos de carbono. Esto posibilita realizar ajustes en el manejo antes de que la pérdida se manifieste en indicadores convencionales. El estudio no busca calificar la intensidad agrícola como positiva o negativa, sino analizar su compatibilidad con la capacidad del ambiente para sostener la estructura del Suelo y conservar la materia orgánica.
Proyecciones de la investigación en agricultura
Durante su estancia de 6 meses en Brasil, Roba presentó avances de la investigación en el Simposio Iberoamericano de Ciencias del Suelo y co-escribió un artículo para una revista científica internacional. Los resultados fueron compartidos en el primer seminario del IIR, en formato híbrido, como parte de la política de transferencia de conocimiento del INTA. Esta línea de investigación busca estudiar la organización del suelo a través de sus agregados y explorar si la relación entre agregados biogénicos, fisicogénicos y composición superficial puede servir como indicadores sensibles de cambios estructurales, con el objetivo de optimizar las prácticas de agricultura.
Estos resultados se encuentran en desarrollo y requieren ser ampliados, contrastados y relacionados con otras mediciones físicas, químicas e hidrofísicas para consolidar su aplicación práctica.
FUENTE: INTA