La búsqueda de alternativas para la revalorización de subproductos y la mejora de los sistemas productivos llevó a una innovadora práctica en la provincia de Buenos Aires. Alejandra Balda, productora ovina de Cacharí, descubrió un uso para la lana de descarte que contribuye significativamente a la Salud del suelo, según informó Bichos de Campo. Esta iniciativa se replica en otros países.
Alejandra Balda, cuarta generación dedicada a la cría de ovinos, enfrentaba la baja rentabilidad de la lana y los desafíos de suelos improductivos en la Cuenca del Salado, caracterizados por "barros blancos" debido a la erosión hídrica. Hace una década, Balda experimentó al colocar lana en un pozo, observando el crecimiento de pastos verdes. Este hallazgo la impulsó a extender la práctica al campo, utilizando la lana como cobertura.
La lana, al ser dispuesta en la superficie del suelo, absorbe humedad y retiene materia orgánica arrastrada por el agua. Este proceso favorece la fertilidad y mejora la calidad de los pastos en áreas degradadas. Balda observó la aparición de especies vegetales como ortigas, abrepuños y cardos en zonas donde antes solo crecía "pelo de chancho" o "pasto salado", indicando una recuperación de la Salud del suelo.
La productora enfatiza la importancia de considerar la biología del suelo como base de toda actividad productiva. Su enfoque se alinea con una visión de Sustentabilidad, buscando que la producción ovina no se vea limitada por la falta de herramientas o rentabilidad. Actualmente, Balda trabaja junto al INTA para generar evidencia científica y mediciones que validen los resultados observados, con el objetivo de escalar esta práctica.
La aplicación de lana como acolchado agrícola no es exclusiva de Argentina. En Australia, un importante país productor de lana, se utiliza una metodología similar para cubrir suelos secos y degradados. Los resultados preliminares en ese país indican que esta técnica puede detener la evaporación en hasta un 35% y activar la microbiología del suelo entre un 30% y un 50%, lo que refuerza el potencial de esta estrategia para la Salud del suelo.
La experiencia de Alejandra Balda demuestra cómo la innovación local puede transformar un descarte en un recurso valioso, contribuyendo a la resiliencia de los sistemas productivos y al cuidado del ambiente.
FUENTE: Bichos de Campo