La soja es un pilar de la agricultura argentina, pero la adopción de tecnología de nutrición, especialmente el uso de Fertilizantes, presenta un déficit preocupante. Según Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar AC, el suelo pampeano muestra señales de alerta por el agotamiento de nutrientes, comprometiendo la productividad y la Sustentabilidad del sistema agrícola nacional.
Un estudio de monitoreo realizado por Fertilizar AC junto al INTA durante más de 15 años, revela un balance de fósforo negativo en Argentina, a diferencia de potencias agrícolas como Brasil o Estados Unidos. Rotondaro destacó que menos del 50% de los productores de soja de primera utilizan fertilizantes, una cifra que evidencia una oportunidad perdida tanto en productividad inmediata como en la preservación del activo más importante del productor: su campo. El Suelo, históricamente reconocido por su riqueza, ha subvencionado la producción nacional, pero este recurso tiene un límite y los mapas actuales muestran niveles de fósforo cada vez más bajos.
Factores económicos y el potencial de la nutrición
La compleja coyuntura económica, con derechos de exportación y márgenes ajustados, influye en la decisión de los productores de recortar costos, afectando la inversión en nutrición. Rotondaro explicó que, si bien hay gastos ineludibles como la semilla o el control de malezas, el fertilizante suele ser el insumo menos aplicado en la Soja. Sin embargo, los ensayos técnicos presentados por Matías Saks en el Seminario Acsoja demuestran que una nutrición adecuada, tanto en soja de primera como de segunda, puede incrementar el rendimiento entre 300 y 900 kilos por hectárea. Esta brecha de rendimiento, cercana al 30%, representa una importante cantidad de Producción agrícola que no se materializa y que podría mejorar significativamente la rentabilidad.
El presidente de Fertilizar AC enfatizó la necesidad de un cambio de paradigma: pasar de una confianza excesiva en la capacidad de respuesta del suelo a una mirada de cuidado de este recurso. La nutrición debe integrarse en un sistema de manejo que incluya siembra directa, rotación de cultivos y el uso de cultivos de servicio. Esta sinergia es fundamental para producir de manera más estable en el tiempo y asegurar la sostenibilidad del país como proveedor de alimentos al mundo. La institución reafirma su compromiso inquebrantable en la generación y difusión de conocimiento técnico para lograr producciones más sostenibles.