La utilización de legumbres que no cumplen con los estándares para consumo humano emerge como una alternativa valiosa en la nutrición animal. Estos subproductos agroindustriales, como arvejas, porotos y garbanzos, ofrecen una fuente significativa de proteína y energía para el ganado. Su incorporación en las dietas de bovinos de carne y leche optimiza costos y mejora la eficiencia productiva.
Legumbres: nueva opción en nutrición animal para bovinos
La incorporación de legumbres no aptas para consumo humano es clave en la nutrición animal, optimizando la producción ganadera y reduciendo costos.
Estas legumbres, que pueden ser partidas durante la clasificación industrial o la cosecha, o que han superado los niveles de madurez para su comercialización, son comúnmente reconocidas por su aporte proteico y mineral. Sin embargo, su riqueza energética es un aspecto menos conocido, ya que poseen el equivalente al 40% o 50% del almidón presente en el grano de maíz.
Diferentes investigaciones demuestran que la mayoría de las legumbres puede reemplazar, en altas proporciones, otras fuentes proteicas como el pellet de soja o de girasol en la dieta de diversas categorías de animales. Esto incluye vacas, terneros, vaquillonas y novillos, así como vacas lecheras de alta producción, incluso aquellas con rendimientos superiores a los 40 o 50 litros por vaca por día. En general, se puede suministrar a los bovinos de carne o leche entre el 20% y el 35% de la materia seca de la dieta, dependiendo de la categoría animal y los demás componentes.
Composición nutricional y uso en bovinos
El poroto de arveja, ya sea amarillo o verde, entero o partido, contiene en promedio un 23% de proteína, la cual es altamente digerible y soluble en el rumen (aproximadamente 40%). Su perfil de aminoácidos es excelente. Además, presenta un nivel de almidón que varía entre el 40% y el 45%, lo que equivale al 60% o 70% del almidón del grano de maíz. La digestibilidad de la materia seca y la energía son similares a las del maíz, con un 85% a 90% y 3,25 megacalorías de energía metabolizable (EM) por kilogramo de materia seca, respectivamente. También se destaca por sus bajos niveles de grasas (1,4%) y fibra (fibra detergente neutro entre 16% y 18%, detergente ácida de 8% a 9%, y lignina entre 0,5% y 1%). Los porotos de arveja pueden utilizarse enteros, molidos gruesos o finos, extrusados y en copos.
Los garbanzos, enteros o partidos, poseen entre 22% y 25% de proteína, 34% a 36% de almidón, una digestibilidad de la materia seca del 77% al 79%, y una energía de 2,8 Mcal EM por kilogramo de materia seca. Un ejemplo de su aplicación se observa en un engorde a corral en el campo del señor Fabio Álvarez, en Chasicó, Bahía Blanca, donde garbanzos partidos no exportables integran entre el 20% y el 25% de la dieta. Las ganancias diarias de peso obtenidas en novillos y vaquillonas varían entre 1,3 y 1,5 kilogramos por cabeza por día, con un costo de producción final de 1,2 a 1,4 USD por kilogramo de carne producido en el corral.
Los porotos, también enteros o partidos, presentan entre 23% y 25% de proteína, 34% a 36% de almidón, una digestibilidad de la materia seca del 77% al 79%, y una energía de 2,85 Mcal EM por kilogramo de materia seca. Las lentejas, por su parte, contienen entre 23% y 25% de proteína, 40% de almidón, una digestibilidad de la materia seca del 80% al 82%, y una energía de 2,9 Mcal EM por kilogramo de materia seca.
Impacto en la producción ganadera y costos
En resumen, todas las legumbres, enteras o partidas, que por diversos motivos no pueden comercializarse para consumo humano, representan un recurso subutilizado. Su incorporación en la alimentación animal no solo permite transformarlas en carne o leche, reduciendo los costos de producción, sino que también contribuye a la sostenibilidad ambiental al evitar su descarte y posible contaminación. Según el Dr. Aníbal Fernández Mayer, especialista en Nutrición Animal, este enfoque optimiza la eficiencia de la producción ganadera.
FUENTE: La Nacion Campo