La chicharrita del maíz vuelve a estar en el centro del debate técnico de cara a la nueva campaña. Con el antecedente de daños severos y un escenario climático más favorable a su supervivencia, productores y asesores deben reforzar el monitoreo y anticipar acciones de manejo.
Durante 2023, la combinación entre alta presencia del vector y amplias ventanas de susceptibilidad derivó en una de las campañas más críticas en términos de spiroplasmosis y fitoplasmosis. En contraste, la campaña siguiente fue más controlada gracias a un invierno más frío y al manejo más riguroso del maíz guacho, que interrumpió el “puente verde” que sostiene al vector durante el receso invernal.
Sin embargo, en este nuevo ciclo, las condiciones se presentan menos restrictivas para la plaga, lo que exige retomar las lecciones aprendidas.
Monitoreo y nuevas técnicas
El monitoreo temprano y preciso sigue siendo la herramienta fundamental para diseñar estrategias efectivas. Las trampas cromáticas y las trampas por arrastre continúan siendo útiles, aunque con limitaciones. La temperatura, por ejemplo, afecta directamente la actividad del vector y, por ende, las capturas. A temperaturas menores de 18 °C, la movilidad de Dalbulus maidis disminuye notablemente, subestimando su presencia real.
Frente a estas limitaciones, surgen innovaciones como las plantas “centinelas”, que permiten detectar colonizaciones efectivas en tiempo real. Estas herramientas vivas actúan como indicadores biológicos y ofrecen mayor sensibilidad frente a los métodos convencionales. También se están investigando feromonas específicas, lo que abre la puerta al desarrollo de trampas más selectivas y efectivas en el futuro cercano.
Manejo integrado de la chicharrita
La prevención debe incluir un manejo integrado de plagas (MIP), que articule el monitoreo con el uso de insecticidas selectivos, bioinsumos y prácticas culturales. El uso de biológicos, como hongos entomopatógenos (Beauveria bassiana, Isaria sp.) y bacterias (Pseudomonas sp.), se consolida como una alternativa eficaz y sustentable, sobre todo en momentos críticos definidos por modelos o monitoreos.
Respecto a los factores agronómicos y decisiones clave, es importante tener en cuenta la fecha de siembra y la persistencia del maíz guacho como dos variables determinantes. La siembra escalonada puede ampliar la exposición al vector, mientras que la falta de control del maíz voluntario asegura su supervivencia entre campañas.
En 2025, la menor intensidad de heladas podría haber facilitado una recolonización más rápida del vector. En este contexto, cada decisión agronómica debe ponderarse no solo por su impacto productivo, sino también epidemiológico.
El desafío es avanzar hacia sistemas de umbrales dinámicos y regionales, que permitan tomar decisiones basadas en niveles de riesgo. Establecer umbrales de vigilancia, prevención e intervención facilitaría una respuesta más ajustada a la realidad de cada lote y zona. Además, el desarrollo de mapas de riesgo por fecha de siembra puede ser clave para construir tableros de decisión prácticos y eficaces.
Sustentabilidad: el nuevo paradigma
La presión de los mercados por reducir residuos químicos y la necesidad de preservar la eficacia de las herramientas disponibles impulsan la adopción de prácticas más sustentables. Un manejo adecuado de la chicharrita, basado en información, prevención y diversificación de tácticas, es fundamental para sostener la sanidad del maíz y la rentabilidad del productor.
El 2025 no admite improvisaciones. En un escenario incierto y con antecedentes cercanos de alto impacto, el manejo de la chicharrita debe ser proactivo, integral y territorialmente coordinado. Las herramientas están, las lecciones también. La oportunidad es ahora.
FUENTE: Aapresid