La diarrea neonatal bovina es una enfermedad causada por múltiples factores, principalmente por Cryptosporidium parvum, Rotavirus bovino, Coronavirus bovino y Escherichia coli, patógenos ampliamente distribuidos en el ambiente productivo. Su impacto suele subestimarse, ya que muchas veces se pone el foco únicamente en la mortalidad, cuando en realidad las pérdidas productivas indirectas son igual o más relevantes.
Las cifras son contundentes. En Argentina, de los aproximadamente 29 millones de vacas y vaquillonas, solo una de cada 14 recibe vacunación contra la diarrea neonatal del ternero(1). Una brecha significativa para un problema que puede alcanzar una morbilidad (proporción de animales que enferman) del 60% en rodeos afectados, y una mortalidad del 20%(2).
A eso se suma un desafío de escala global: La Organización Mundial de la Salud advierte que, de continuar el uso indiscriminado de antibióticos para tratar estas patologías, hacia 2050 la resistencia antimicrobiana podría provocar hasta 10 millones de muertes anuales(3).
El costo oculto de reaccionar tarde
Uno de los errores más frecuentes en el manejo sanitario es actuar una vez que el problema ya se manifestó. La diarrea neonatal es multifactorial (intervienen la nutrición, la higiene, el clima, el estrés y los propios agentes infecciosos) y cuando se manifiesta, el daño ya está en curso(4).
Un ternero que padece diarrea en sus primeras semanas tiene 17 veces más probabilidades de sufrir neumonía en el futuro. Y las consecuencias no se agotan ahí, se traducen en menor ganancia de peso diaria, retrasos en la edad al primer servicio(5), menor producción láctea(6) futura y una reposición comprometida.
Un ternero que enferma en las primeras semanas rara vez logra compensar esa pérdida inicial. Aun cuando sobreviva, el impacto sobre su desarrollo, su eficiencia alimenticia y su desempeño productivo puede acompañarlo durante toda su vida.
Desde el punto de vista económico, el retorno de inversión de la prevención es claro: por cada peso que el productor invierte en la vacunación de la madre, recupera cinco(7). Un diferencial clave en un contexto donde los costos de tratamiento —antibióticos, rehidratación, sustitutos de leche y mano de obra— se acumulan sobre animales cuyo desempeño productivo ya se ve afectado.
“Uno de los errores más frecuentes en sanidad neonatal es actuar cuando el problema ya está instalado. En ese momento, el daño fisiológico y productivo ya ocurrió y las herramientas disponibles se limitan a tratamientos de sostén, antibióticos, rehidratación y mayor carga de trabajo para el personal”, sostiene Clara Fernández Boglione, Gerente Técnico y de Marketing para Ganadería, MSD Salud Animal.
La vacuna a la madre, la defensa del ternero
El ternero nace inmunológicamente inmaduro y, debido al tipo de placenta de los bovinos, no recibe anticuerpos durante la gestación. Su protección inicial depende exclusivamente de los anticuerpos presentes en el calostro, cuya calidad está directamente relacionada con la inmunidad de la madre en el período preparto, para lograr esto la vacunación es clave.
Lo que convierte a este momento en la única ventana real para intervenir de manera preventiva sobre la madre y transferir inmunidad al ternero. Si esa oportunidad se aprovecha correctamente, el ternero nace protegido; si no, el sistema queda expuesto a pérdidas evitables.
En este contexto, MSD Salud Animal, la ciencia de los animales más sanos, introdujo al mercado argentino Bovilis® Rotavec® Corona, una vacuna con 25 años de trayectoria a nivel mundial y una propuesta que simplifica considerablemente el esquema sanitario del establecimiento(8).
Se trata de una solución inyectable de dosis única (tanto para vacas como para vaquillonas) que actúa sobre los cuatro principales agentes causantes de diarrea neonatal: rotavirus bovino, coronavirus bovino, y la bacteria Escherichia coli F5 (K99) y F41.
La ventana de aplicación, que es de 12 a 3 semanas antes del parto, ofrece una flexibilidad real para adaptarse a los distintos esquemas productivos. Desde MSD Salud Animal, recomendamos; en rodeos de cría, la aplicación se realiza entre el sexto y el octavo mes de gestación; en tambo, al momento del secado. La revacunación anual también es de una sola dosis, siempre dentro de la misma ventana. Estudios clínicos han comprobado que la vacuna mantiene niveles estables de anticuerpos en el calostro y la leche por al menos 28 días(9), cubriendo exactamente el período crítico de presentación de diarreas neonatales, que suele concentrarse en las dos primeras semanas de vida.
“Para los especialistas en sanidad bovina, el debate ya no gira en torno a si conviene o no vacunar: la evidencia científica acumulada en décadas de investigación es categórica. El foco está, en cambio, en cómo integrar la vacunación dentro de una mirada sanitaria integral y estratégica del establecimiento, que contemple también la nutrición de la madre, el manejo del parto, la calidad del calostro y las condiciones de higiene del ambiente. En ese contexto, la simplicidad del esquema de Bovilis® Rotavec® Corona —una sola dosis, amplia ventana de aplicación, sin período de retiro en carne ni leche— elimina barreras operativas que históricamente desalentaban la adopción de planes de vacunación consistentes”, agrega Clara Fernández Boglione.
En un país donde la ganadería es uno de los pilares productivos y donde cada ternero representa una inversión concreta al futuro del rodeo, la prevención deja de ser una opción para convertirse en una decisión estratégica. Porque, en sanidad animal, anticiparse no sólo reduce riesgos: multiplica resultados.
(1) MSD Salud Animal. Datos de mercado interno. Argentina, 2024. De un total de 29 millones de vacas y vaquillonas, solo 1 de cada 14 recibe vacunación contra diarrea neonatal del ternero.
(2) García A. et al. (2000). Rotavirus e infecciones concurrentes con otros enteropatógenos en terneros lecheros neonatos con diarrea en España. Comp. Immunol. Microbiol. Infect. Dis. 23(3):175-183.
(3) Organización Mundial de la Salud (OMS). Resistencia a los antimicrobianos. Plan de acción mundial. Proyecciones a 2050. https://www.who.int/es/news/item/29-04-2019-new-report-calls-for-urgent-action-to-avert-antimicrobial-resistance-crisis
(4) Lorenz I., Fagan J., More S.J. (2011). Salud de los terneros desde el nacimiento hasta el destete. II. Manejo de la diarrea en terneros pre-destetados. Irish Vet. J. 64, 9.
(5) Waltner-Toews D., Martin S.W., Meek A.H. (1986). El efecto del estado de salud de los terneros en la etapa temprana de la vida sobre la supervivencia y la edad al primer parto. Can. J. Vet. Res. 50(3):314-317.
(6) Svensson C., Hultgren J. (2008). Asociaciones entre alojamiento, manejo y morbilidad durante la cría y la producción de leche de la primera lactancia de vacas lecheras. J. Dairy Sci. 91(4):1510-1518. Reducción estimada de 344 kg de leche durante los primeros 305 días de lactancia en novillas que sufrieron diarrea neonatal.
(7) Wright N. (2012). Impacto económico de los problemas de salud y bienestar en el ganado vacuno. EBLEX. Retorno de inversión de la vacunación estimado en 1:5 (por cada peso invertido, se recuperan cinco).
(8) MSD Salud Animal Argentina https://www.msd-salud-animal.com.ar/productos/bovilis-rotavec-corona/