El clima de agosto sorprendió con lluvias históricas en gran parte del país. En la zona núcleo, los acumulados alcanzaron niveles récord no vistos en sesenta años, provocando anegamientos, caminos rurales intransitables y un escenario incierto para la producción agrícola.
Las precipitaciones de agosto repitieron el patrón de julio, con anomalías positivas que desbordaron la capacidad de manejo de agua. La pampa deprimida bonaerense quedó bajo condiciones críticas: sin capacidad de drenaje, los excesos hídricos afectan la fina implantada, retrasan el avance de la gruesa y complican las pasturas ganaderas. En Santa Fe y Córdoba, aunque el escurrimiento natural es más eficiente, las zonas bajas también sufren anegamientos.
El balance hídrico muestra reservas positivas en gran parte del centro productivo, pero los beneficios son relativos. En muchas regiones los suelos están saturados y los caminos rurales intransitables, dificultando las tareas de campo. Septiembre, que suele aportar más agua, este año sería más útil si se comporta de manera deficitaria para permitir la recuperación.
El clima con contrastes y perspectivas
Mientras la región pampeana lidia con exceso hídrico, el norte de la Patagonia enfrenta déficit: en Río Negro y el sur de La Pampa las lluvias apenas alcanzaron valores normales y no cubren las necesidades ganaderas. Este desacople muestra cómo el clima impacta de forma desigual.
El peso de los últimos dos meses deja un escenario determinante para la primavera. En el oeste del NEA, el centro-sur de La Pampa y el este de Río Negro reclaman más lluvias, mientras que el resto de las zonas productivas espera un alivio en las precipitaciones. En cualquier caso, el clima vuelve a definirse como la variable que marcará el rumbo de la producción agrícola en los próximos meses.
FUENTE: Agrositio