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Prevención

Chicharrita, el dato que enciende la alerta para el maíz

Con menos heladas y hasta 50% de portación de patógenos, el INTA advierte que monitorear la chicharrita será clave para proteger al maíz.

13 de agosto de 2026 - 11:07

La campaña maicera 2026/27 comienza con la mirada puesta en la chicharrita y un dato que obliga a reforzar la vigilancia: en algunas localidades del Chaco se detectó hasta un 50% de individuos portadores de Spiroplasma. El INTA advierte que el monitoreo será determinante para anticipar el riesgo sanitario en cada región productiva.

El foco está puesto sobre Dalbulus maidis, vector del complejo del achaparramiento del maíz. Especialistas del INTA siguen la evolución de sus poblaciones y de los patógenos asociados para generar información que permita tomar decisiones antes y durante las primeras siembras.

El escenario cobra relevancia después de un invierno que, en amplias zonas agrícolas, presentó temperaturas relativamente superiores a los valores históricos y una menor frecuencia de heladas intensas.

“Estas condiciones pueden favorecer la supervivencia de adultos de D. maidis y aumentar las posibilidades de que los individuos que atraviesen el período invernal lleguen a la primavera”, explicó Macarena Casuso, especialista del INTA. Y remarcó que, en esta instancia, “el monitoreo permanente resulta fundamental”.

Menos heladas, una variable para seguir

Los registros muestran diferencias entre campañas. En el sudoeste de Chaco, una de las regiones endémicas de la problemática, durante el invierno de 2026 se contabilizaron 15 heladas agrometeorológicas, frente a 32 en 2024 y 16 en 2025.

En el este de Santiago del Estero hubo cuatro heladas durante 2026, con mínimas de -2,2 °C. En el mismo período de 2025 ya se habían registrado siete, con temperaturas que alcanzaron los -4,2 °C.

El comportamiento fue similar en otros puntos. En el sudeste de Formosa y en Reconquista no se registraron heladas meteorológicas durante el período considerado, mientras que en Rafaela se contabilizaron seis hasta principios de agosto, con mínimas cercanas a -2 °C.

Sin embargo, desde el INTA aclaran que el clima no puede analizarse de manera aislada. La información debe cruzarse con la presencia y abundancia de D. maidis, la proporción de insectos portadores de patógenos y las características productivas de cada zona.

El Niño y el riesgo sanitario

Los pronósticos climáticos plantean una alta probabilidad de un evento El Niño durante la próxima campaña, con temperaturas y precipitaciones superiores a los valores normales.

Desde el punto de vista entomológico, temperaturas relativamente elevadas y una mayor disponibilidad de humedad pueden favorecer la actividad, supervivencia y reproducción de la chicharrita. Pero eso no implica, por sí solo, que necesariamente vaya a existir una mayor presión de la plaga.

“La respuesta poblacional del insecto dependerá de la interacción entre temperatura, humedad, disponibilidad de hospedantes, fechas de siembra y estrategias de manejo. Por eso, el monitoreo territorial resulta fundamental para transformar las condiciones generales en información específica sobre el riesgo en cada región”, señaló Nora Sosa Rolón.

El seguimiento puede realizarse mediante trampas cromáticas adhesivas, redes de arrastre y observación directa sobre las plantas de maíz. A esto se suma el análisis de los patógenos asociados.

Hasta 50% de individuos portadores

Uno de los puntos centrales es diferenciar la cantidad de chicharritas presentes de la proporción que efectivamente porta los patógenos asociados al complejo del achaparramiento.

Los registros obtenidos durante 2025 en poblaciones del Chaco reflejan esa importancia. Durante el otoño se detectó un 25% de individuos portadores de Spiroplasma en Las Breñas.

En primavera, la situación presentó fuertes diferencias entre localidades: se registró 9% en Las Breñas, 5% en otro sitio de esa localidad, 43% en Charata, 43% en General Pinedo y hasta 50% en Pampa del Infierno.

Por eso, de cara a la campaña 2026/27, los especialistas consideran especialmente importante conocer la proporción de individuos portadores antes de la implantación del cultivo, sobre todo en regiones donde aparezcan poblaciones tempranas del vector.

El “puente verde”, otro desafío

A la dinámica de la chicharrita se suma el retraso de la cosecha del maíz 2025/26, principalmente en el NEA.

Mientras que para esta misma fecha de 2025 se había recolectado cerca del 90% del área sembrada, actualmente el avance ronda el 73,7%. La permanencia de lotes en pie prolonga la disponibilidad de plantas hospedantes y puede acortar el vacío sanitario entre campañas.

“Las pérdidas de granos durante la cosecha pueden favorecer la emergencia de plantas voluntarias. La presencia de estos maíces constituye una fuente de alimento y un sitio de continuidad para el vector, generando un ‘puente verde’ entre campañas”, explicó Javier Rinaldi.

Alcanzar un vacío sanitario efectivo de 90 días puede resultar complejo en algunas regiones. Aun así, la recomendación es extender al máximo el período sin plantas de maíz y controlar temprana y sistemáticamente los ejemplares voluntarios.

Esto cobra importancia porque los patógenos asociados al complejo del achaparramiento no sobreviven en el suelo ni en tejido vegetal seco. Eliminar los maíces voluntarios reduce, entonces, las oportunidades de alimentación y reproducción del vector.

Las primeras siembras bajo la lupa

Otro momento crítico será la implantación. La coincidencia entre la presencia de D. maidis y la emergencia del cultivo puede modificar el riesgo epidemiológico, especialmente en las regiones donde el insecto ya está establecido.

El NEA aparece particularmente expuesto en este punto, debido a que los primeros pulsos de siembra representan un período de elevada relevancia epidemiológica.

Además, un escenario con mayores precipitaciones podría reducir los días disponibles para ingresar a los lotes. Esto puede demorar la cosecha, el control de los maíces voluntarios y las intervenciones destinadas al manejo del vector.

Frente a este escenario, la estrategia deberá combinar información actualizada y distintas herramientas de manejo: elección de híbridos tolerantes, concentración de fechas de siembra, tratamiento de semillas con insecticidas aprobados por SENASA, monitoreo sistemático y, cuando corresponda, control químico del vector con productos autorizados.

También será clave consultar los informes y el mapa nacional de D. maidis, eliminar tempranamente los maíces voluntarios e intentar alcanzar un vacío sanitario de al menos 90 días. El objetivo es claro: cortar la continuidad del hospedante y llegar a la nueva campaña con la menor presión posible de la chicharrita.

FUENTE: INTA

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