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Ensilado

Aprovechamiento de tomate en la alimentación animal bovina

El ensilado de tomate, incluyendo frutos no comercializables y pulpa industrial, emerge como alternativa en la alimentación animal, optimizando el manejo de residuos y reduciendo costos.

1 de agosto de 2026 - 08:25

El tomate, un cultivo extendido globalmente, genera residuos significativos que tradicionalmente representaban un desafío. Sin embargo, los frutos no comercializables y la pulpa industrial pueden transformarse en un recurso valioso para la alimentación animal. Esta estrategia no solo optimiza el uso de subproductos, sino que también ofrece una alternativa nutricional para el ganado.

La composición del residuo de tomate incluye un 45% de frutos y un 55% de follaje, mientras que la pulpa industrial, mezcla de hollejo y semillas, constituye un quinto del peso total de la fruta fresca. Ambos materiales poseen un alto valor nutritivo, ricos en proteínas, minerales y vitaminas. No obstante, su consumo directo sin ensilar presenta riesgos, ya que el material se deteriora rápidamente al aire libre, desarrollando hongos y toxinas peligrosas. Además, su elevado contenido de agua, entre 87% y 89%, complica la logística y aumenta los costos de transporte.

Para superar estas limitaciones, la técnica del ensilado se presenta como la solución más adecuada. Consiste en mezclar el tomate (fruto fresco o pulpa) con materiales absorbentes como paja triturada o salvado de trigo. El objetivo es incrementar el nivel de materia seca del ensilado a un rango de 30% a 35%, con una proporción recomendada de 85% de tomate y 15% de paja. Este proceso no solo mejora la conservación y reduce las pérdidas de nutrientes, sino que también previene fermentaciones indeseables.

Beneficios en la nutrición animal

El silaje de tomate, tanto de fruto como de pulpa, permite una conservación prolongada en un ambiente anaeróbico adecuado. La pulpa de tomate fresca presenta una materia seca de 11-13%, proteína bruta de 18-20% y digestibilidad de la materia seca de 55-60%. Tras el ensilado, la materia seca se eleva a 30-35%, mientras que la proteína bruta se sitúa en 6-8% y la digestibilidad en 40-45%. En el caso del tomate fresco, su calidad nutricional después de 30 días de ensilado muestra una materia seca de 14%, proteína bruta de 17% y digestibilidad de la materia seca de 70%, manteniendo bajos niveles de fibra.

Impacto en la producción sustentable

La implementación de esta práctica de alimentación animal contribuye a la reducción de los costos de producción al aprovechar un subproducto que de otro modo sería descartado. Además, representa un avance significativo en el manejo de residuos agrícolas, disminuyendo el impacto ambiental asociado a su descarte. Para volúmenes grandes, se aconseja la elaboración de silos torta o bunker, mientras que para cantidades menores, los silos-bolsas son una opción viable. En ambos casos, es fundamental eliminar el aire lo más rápido posible para asegurar una fermentación láctica adecuada y la estabilización del material en menos de 30 días.

El Doctor Aníbal Fernández Mayer, especialista en Nutrición Animal, destaca que la transformación de hortalizas o frutas no comercializables en alimento para ganado, como el tomate, es una estrategia clave. Proporciona información esencial para lograr resultados productivos y económicos óptimos, al tiempo que reduce costos y minimiza la contaminación ambiental, un aspecto crucial en la actualidad.

FUENTE: CARBAP

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