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Manejo

¿Por qué la prevención de mastitis debe empezar antes del primer parto?

Prevenir mastitis en la vaquillona exige mirar más allá del ordeño y actuar desde la crianza, el preparto y los primeros días de lactancia.

Por Redacción de MOTIVAR 3 de octubre de 2026 - 10:00

Las infecciones intramamarias y mastitis pueden instalarse mucho antes de que una vaquillona ingrese por primera vez a la sala de ordeño y condicionar su producción futura, la salud de la ubre y hasta su permanencia en el rodeo.

Aunque los primeros reportes de mastitis en vaquillonas datan de 1942, nuevos trabajos vuelven a poner el tema en agenda y refuerzan una idea central: la prevención debe comenzar durante la crianza y el preparto.

“Una vaquillona es una inversión substancial. Optimizar la salud de la ubre tiene el potencial de afectar positivamente la futura producción y calidad de la leche, la rentabilidad y la vida productiva”, sostiene Eial Izak, consultor en mastitis y calidad de leche.

El problema puede empezar antes del parto

Las infecciones intramamarias previas al parto pueden interferir en el desarrollo de la glándula mamaria y aumentar el riesgo de mastitis clínica durante los primeros días de lactancia.

Un estudio publicado en 2025 evaluó qué ocurre cuando una infección se instala durante la etapa final de la gestación. En vaquillonas Holstein desafiadas con Staphylococcus aureus, los cuartos infectados mostraron un mayor recuento de células somáticas y modificaciones en el tejido mamario.

El efecto fue especialmente marcado cerca del parto. A los 8,5 meses de gestación, las áreas luminales de los cuartos afectados fueron casi un 50% menores que las observadas en los cuartos sanos.

“Estos resultados sugieren que la infección durante la gestación puede alterar la remodelación mamaria y comprometer la activación secretora cerca del parto”, explica Izak en un informe publicado por TodoLechería.

Menos leche y más descarte

Las consecuencias también se observan después del parto.

Otro trabajo realizado en un tambo de 4.500 vacas de Nueva York analizó la relación entre las infecciones intramamarias posparto y la producción, el recuento de células somáticas, la mastitis clínica y el descarte durante los primeros 100 días en leche.

Las vaquillonas infectadas con Pasteurella multocida produjeron un 8% menos de leche que las sanas. Además, distintos agentes como Staphylococcus aureus, Streptococcus dysgalactiae y Streptococcus uberis estuvieron asociados con mayores recuentos de células somáticas y un incremento del riesgo de mastitis clínica.

En algunos casos, el efecto sobre la permanencia en el rodeo fue todavía más contundente: las vaquillonas infectadas con Staphylococcus aureus tuvieron 6,36 veces más probabilidades de ser descartadas durante los primeros 100 días en leche.

“Las infecciones intramamarias posparto estuvieron asociadas con baja producción de leche, alto recuento de células somáticas, ocurrencia de mastitis clínica y riesgo de descarte”, resume Izak.

La prevención empieza en la guachera

Uno de los aspectos más interesantes de los nuevos estudios es que obligan a mirar la mastitis mucho antes del primer parto.

Una investigación publicada en 2026 analizó factores asociados a infecciones por Mycoplasma spp. en 475 vaquillonas. El dato más relevante surgió al revisar los antecedentes sanitarios de las terneras.

Aquellas que habían sufrido su primer episodio de otitis antes de los 23 días de vida tuvieron 2,36 veces más probabilidades de ser positivas a Mycoplasma spp. después del parto. Cuando habían atravesado reiterados episodios de otitis, el riesgo llegó a ser 2,93 veces mayor.

“Las otitis recurrentes en la crianza pueden ser un factor de riesgo crítico para la persistencia y diseminación de Mycoplasma spp. en los rodeos lecheros”, advierte Izak.

Por eso, detectar tempranamente las otitis, mejorar las condiciones de alojamiento e higiene y evitar la formación de reservorios crónicos puede convertirse también en una estrategia preventiva contra futuras mastitis.

Atención con la leche de descarte

La alimentación de las terneras suma otro punto de atención.

Un trabajo realizado en 40 tambos de Chile buscó detectar Staphylococcus aureus tanto en la leche de descarte utilizada para alimentar terneras como en los propios animales.

El 40% de las muestras de leche resultó positivo y S. aureus fue detectado en el 11% de las terneras analizadas. Además, en cinco de seis tambos estudiados en mayor profundidad se encontraron perfiles genéticos idénticos entre bacterias aisladas de la leche y de los animales.

Para Izak, estos resultados refuerzan una recomendación concreta: evitar suministrar a las terneras leche proveniente de vacas con mastitis clínica.

“Los hallazgos sugieren que la alimentación con leche de descarte puede contribuir a la colonización de las terneras”, remarca.

Selladores internos como herramienta preventiva

Otro punto crítico aparece durante el preparto. Distintos estudios demostraron que una proporción importante de las vaquillonas llega a las semanas previas al parto sin haber formado completamente el tapón de queratina que actúa como barrera natural frente al ingreso de microorganismos.

Algunas investigaciones encontraron que entre el 51% y el 60% de los pezones permanecían abiertos 60 días antes del parto. Y la prevalencia de infecciones intramamarias llegó a ser 4,5 veces mayor en esos pezones.

Frente a este escenario, los selladores internos aparecen como una herramienta con respaldo creciente.

Un estudio mostró que su aplicación entre cuatro y seis semanas antes del parto redujo un 74% el riesgo de infecciones intramamarias y un 70% la incidencia de mastitis clínica. Otro trabajo registró una reducción del 80% de las infecciones al parto y del 88% de los casos clínicos durante los primeros 30 días de lactancia.

“El uso de selladores internos de pezón en vaquillonas preparto es beneficioso en términos productivos y económicos”, destaca Izak.

¿Cuándo debería encenderse la alarma?

Más allá de las herramientas de prevención, también es importante establecer parámetros que permitan detectar un problema a tiempo.

Según los criterios recopilados por Izak, deberían encenderse las alertas cuando más del 5% de las vaquillonas presenta mastitis clínica al parto, más del 5% llega con cuartos perdidos, más del 5% tiene infecciones por Staphylococcus aureus o más del 15% registra un recuento de células somáticas superior a 100.000 células por mililitro.

Y ese primer recuento no es un dato menor. Vaquillonas que superaron las 100.000 células por mililitro en su primer control lechero produjeron alrededor de 98 kilos menos de leche durante la primera lactancia frente a aquellas que se mantuvieron por debajo de ese valor.

“Las vaquillonas son el futuro del tambo y es de suma importancia prevenir las nuevas infecciones intramamarias y la incidencia de mastitis clínica posparto”, enfatiza el especialista.

¿Antibióticos para todas?

El uso responsable de antimicrobianos también atraviesa esta discusión.

Un estudio publicado en 2026 evaluó qué ocurría al finalizar la primera lactancia cuando se comparaba el uso de antibióticos intramamarios más sellador interno frente al empleo exclusivo del sellador.

La eliminación total del tratamiento antibiótico incrementó las infecciones por bacterias grampositivas en la lactancia siguiente. Sin embargo, el trabajo mostró que utilizar el recuento de células somáticas de cada cuarto como criterio de selección podría reducir notablemente el uso de antibióticos.

Según las estimaciones del estudio, tratar solamente los cuartos con más de 400.000 células por mililitro permitiría disminuir en un 85,1% los tratamientos antibióticos al secado sin modificar significativamente la prevalencia posterior de infecciones.

“La terapia selectiva guiada por el recuento de células somáticas a nivel de cuarto parece ser una estrategia viable para reducir el uso de antibióticos sin afectar sustancialmente la prevalencia de infecciones posparto”, destaca Izak.

Mirar a la futura vaca desde el primer día

El mensaje que atraviesa las distintas investigaciones es claro: la salud de la ubre no empieza a definirse en la primera lactancia.

El control de otitis durante la crianza, la higiene y el alojamiento, la calidad de la leche suministrada a las terneras, el control de moscas, el manejo del preparto, la vacunación, el uso estratégico de selladores internos y el seguimiento de los recuentos de células somáticas forman parte de una misma estrategia.

Prevenir una infección en una vaquillona no significa solamente evitar un caso de mastitis. También puede traducirse en más leche, mejor calidad, menos descartes, menor uso de antibióticos y una mayor vida productiva dentro del tambo.

FUENTE: Eial Izak - TodoLechería

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