La IATF cambió la reproducción bovina, pero también la manera de trabajar de muchos veterinarios. Para Ricardo “Chiche” Chayer, socio fundador de Conpas, esta tecnología hizo evidente algo que hoy considera indispensable: para crecer, cubrir grandes distancias, capacitarse y sostener la calidad del servicio ya no alcanza con trabajar solo.
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IATF a gran escala: cómo organizar hasta 250 vientres por turno
El MV Chiche Chayer revela cómo Conpas planifica la temporada de IATF para crecer en volumen sin resignar calidad ni depender de una sola persona.
“Los equipos de trabajo se potenciaron a través de esta técnica. La IATF empezó a obligar a muchos veterinarios que no trabajaban en equipo a empezar a hacerlo”, resume Chayer.
Y habla desde la experiencia. Conpas se conformó en 2005 y actualmente reúne a 7 veterinarios y 3 ingenieros agrónomos, radicados principalmente en Balcarce, Rauch y Saladillo. Aunque buena parte de los establecimientos que atienden están en la Cuenca del Salado, el grupo presta servicios desde Formosa hasta Santa Cruz.
Del veterinario individual al equipo
La vocación de Chayer por este modelo nació incluso antes del auge de la IATF.
“Lo que a mí me disparó a trabajar siempre en equipo desde que me recibí fue haber hecho la especialización en salud animal en INTA Balcarce, donde vi trabajando a un equipo multidisciplinario excelente”, recuerda.
Allí encontró veterinarios de distintas especialidades, agrónomos y otros profesionales trabajando de manera complementaria. “No me veo trabajando solo. Necesito estar integrando un equipo”, asegura.
Conpas comenzó con Chayer, su esposa Cecilia Pasqualini y Javier Vila, uno de sus primeros residentes. Con el tiempo fueron sumándose profesionales que habían pasado por esa misma instancia de formación.
Hoy los integrantes son socios y, según explica Chayer, quienes superan los 7 años dentro del grupo perciben el mismo porcentaje de los honorarios. La premisa es que todos se sientan parte de la estructura.
El modelo, además, permite algo difícil para el veterinario que trabaja solo: delegar.
“Trabajar en equipo te permite tener más vacaciones y mucha más capacitación”, sostiene Chayer. También aporta respaldo ante enfermedades, viajes o imprevistos. Mientras uno no está, otro puede continuar atendiendo al cliente.
La agenda manda durante la IATF
Si hay un momento del año donde esa organización se pone a prueba es durante la temporada reproductiva.
Conpas acumula 20 años de experiencia con IATF y desde 2019 concentra aproximadamente el 80% de estos trabajos en primavera y el 20% en otoño e invierno.
La primera tarea es aparentemente sencilla, pero determinante: armar la agenda. “Nosotros la tenemos armada para todo el año”, explica Chayer.
No siempre fue así. La experiencia les mostró que no alcanza con asignar una fecha a cada establecimiento. También deben contemplarse las distancias, los tiempos de traslado, el volumen de vientres, la disponibilidad de cada profesional y el resto de los trabajos programados.
“Antes cometíamos el error de programar una IATF en un campo y otra en otro sin contemplar las distancias. Eso nos llevaba a viajar de noche o a cometer errores de organización que hoy evitamos”, reconoce. Hoy, cada integrante sabe qué día debe estar en cada campo y cuánto tiempo necesita para llegar.
La presentación con la que Conpas resume sus dos décadas de experiencia aporta una referencia concreta: al diseñar la agenda calculan entre 200 y 250 vientres por media jornada, además de considerar distancias, fechas solicitadas por los productores y cortes de parición.
“Fuimos mejorando de a poquito con el armado de la agenda, que es clave. Si la tenés armada, hay que respetarla”, destaca Chayer.
Una IATF empieza antes de la manga
Para el grupo, el servicio no comienza el día de la inseminación.
Su metodología divide el trabajo en 4 etapas: planificación, aplicación del protocolo, evaluación de resultados y análisis.
Antes de iniciar se definen protocolos según cada rodeo y objetivo, se organizan insumos y semen y, cuando corresponde, se reconocen las instalaciones. También se evalúan los vientres para excluir aquellos que no están aptos y ajustar el protocolo.
La calidad del semen ocupa otro lugar central. Conpas analiza en la Facultad de Ciencias Veterinarias de Tandil el 100% de las partidas que utilizará, además de organizar su recepción, conservación y logística.
“Tenemos un protocolo y lo respetamos. Esa es un poco la clave del éxito, porque si vas sumando errores a lo largo de toda la cadena, después los resultados no son los esperados”, plantea Chayer.
¿Cuántas personas hacen falta?
Para Chayer, el equipo ideal en la manga es concreto: dos veterinarios.
“Con dos veterinarios estás perfecto para inseminar: uno insemina y otro descongela. Para iniciar también para mí es clave trabajar con dos”, explica.
Conpas busca además mantener bajo su responsabilidad las distintas etapas del protocolo. Sus integrantes palpan, aplican las hormonas, realizan los retiros, descongelan el semen e inseminan.
“Para nosotros es tan importante el que descongela como el que insemina”, enfatiza. Pero hay otra cuestión estratégica: no depender de una única persona.
Durante un tiempo, buena parte de las inseminaciones recaía sobre un integrante. Hoy el grupo busca contar con varios veterinarios capaces de asumir esa función con el mismo estándar.
“Tenés que tener tu backup. Se enfermó uno, se lastimó o le empezó a doler el brazo al otro”, grafica Chayer.
Ese respaldo es una de las claves para aumentar el volumen de trabajo sin que la escala termine afectando la calidad.
Registrar para aprender
La organización tampoco termina cuando se insemina el último vientre. Durante sus 20 años de experiencia, Conpas consolidó una metodología basada en 4 conceptos: registro, análisis, evaluación y aprendizaje.
La información permite analizar resultados, detectar problemas y ajustar decisiones para la campaña siguiente. Así, cada temporada deja de ser solamente una sucesión de trabajos para transformarse en información que mejora la próxima planificación.
Y es allí donde la experiencia de Conpas deja una enseñanza que excede a la propia técnica de reproducción.
Formar un equipo no consiste simplemente en sumar veterinarios para poder atender más campos. Implica repartir responsabilidades, capacitar reemplazos, establecer protocolos, registrar información y ordenar una agenda donde los tiempos biológicos no pueden modificarse según la conveniencia del profesional.
“El día de la IATF te obliga. No podés decir ‘mañana no voy’. Hay que ir”, sintetiza Chayer.
Por eso, para el veterinario que pretende crecer en IATF, el límite no parece estar solamente en cuántos vientres puede inseminar en una jornada. Está en cuánto trabajo puede organizar sin resignar el estándar con el que quiere prestar el servicio.
Y allí el equipo deja de ser una opción para convertirse en parte del negocio.