El sector ganadero argentino se encuentra ante una oportunidad histórica y sin precedentes, impulsada por un mercado global que demanda proteínas rojas de manera sostenida. Sin embargo, para consolidar este crecimiento y transformar el potencial en producción real, es imprescindible que los productores asuman la incorporación de tecnología, especialmente en el área de la sanidad animal y la reproducción bovina.
"Debemos trabajar a fondo en la sanidad animal preventiva"
Fernando Canosa insta a los ganaderos a adoptar tecnología de manejo en sanidad animal con miras a la nueva “era dorada” de la ganadería argentina.
La sanidad preventiva no es un gasto opcional, sino el primer eslabón para asegurar la eficiencia del rodeo y el rendimiento económico del negocio.
“Debemos trabajar a fondo en la sanidad animal preventiva. No tiene sentido analizarlo desde una perspectiva meramente económica porque el costo de correr riesgos sanitarios es altísimo, máxime teniendo en cuenta la tecnología que tenemos disponible hoy. Es una inversión, que simplemente hay que implementarla y listo”, destaca el consultor ganadero Fernando Canosa, en diálogo con MOTIVAR, durante un evento organizado por el laboratorio veterinario Agropharma, en el marco de La Rural de Palermo.
Sus palabras reflejan un llamado urgente a la acción, instando al productor a automatizar decisiones sanitarias básicas que eviten pérdidas irreparables en los rodeos.
Tecnologías reproductivas y de control
En la misma línea, el especialista sostiene que el manejo reproductivo básico debe considerarse el estándar mínimo de operación en cualquier establecimiento profesional. Aspectos como el estacionamiento del servicio, el descarte de vacas vacías, la revisión anual de los toros y la inmunización sistemática contra patógenos que atacan la reproducción son prácticas probadas cuyo impacto positivo es indiscutible.
El control de las enfermedades de transmisión sexual, por ejemplo, representa un pilar del cual ningún ganadero puede prescindir si aspira a la eficiencia.
“Controlar las enfermedades venéreas es el ABC de la ganadería. No tiene sentido omitir este control. Hoy en día, nadie debería discutir la necesidad de estacionar el servicio, eliminar la vaca vacía, revisar los toros o contar con vacunas contra las enfermedades reproductivas que previenen, por ejemplo, las diarreas prenatales. Todo esto está plenamente probado y ya no hay margen para la duda”, enfatiza Canosa.
A esto se suma el extraordinario aporte de la biotecnología aplicada a la reproducción, la cual ha redefinido el mejoramiento genético en los últimos años.
Nutrición animal de calidad
“Lo mismo ocurre con la genética. El desarrollo actual de la inseminación artificial a tiempo fijo (IATF) permite un crecimiento genético fenomenal. Estas son tecnologías que ya no están bajo discusión; hay que implementarlas de inmediato”, añade el consultor, señalando que la combinación de sanidad robusta y genética superior constituye el núcleo tecnológico inicial para cualquier salto productivo.
Sin embargo, para que este andamiaje tecnológico exprese todo su potencial, requiere de un combustible fundamental: la alimentación de calidad.
Canosa subraya que para que cualquier tecnología veterinaria y genética prospere, es indispensable solucionar la base nutricional de la ganadería argentina, la cual reposa de manera ineludible en el pasto.
La información satelital revela de manera contundente un déficit de comida que limita la cantidad de terneros logrados y acorta las recrías. Por lo tanto, el incremento de la producción forrajera se presenta como el gran catalizador que permitirá elevar los índices de destete históricos del país, estancados entre el 65% y el 67%, para aspirar a niveles de eficiencia como los que ostentan competidores internacionales.
El concepto de "Vaca Viva"
“Lo que el productor ganadero debe hacer, fundamentalmente, es producir más pasto, porque la ganadería argentina funciona de la mano del pasto. La información satelital nos demuestra que lo que falta en el país es alimento para lograr más terneros y sostener recrías más largas”, sostiene Canosa.
“Si la Argentina alcanzara la misma eficiencia productiva que Australia, un país con condiciones ambientales y naturales sumamente parecidas a las nuestras, deberíamos estar produciendo 4,8 millones de toneladas de carne”, estima Canosa, proyectando que con más pasto y más vacas, el país podría alcanzar marcas de entre 6 y 7 millones de toneladas anuales.
Lograr estas metas de producción requiere, no obstante, un cambio profundo de mentalidad en el productor ganadero argentino, quien históricamente ha adoptado una posición defensiva frente a los vaivenes macroeconómicos locales. Para Canosa, el sector debe “cambiar el chip, dejar de mirar por el espejo retrovisor y pasar decididamente a la ofensiva, asumiendo su rol como un motor de desarrollo, generación de empleo genuino y arraigo territorial a lo largo y ancho del país”.
Frente al protagonismo mediático de sectores energéticos como Vaca Muerta, el consultor opone el concepto de la "Vaca Viva" como el verdadero dinamizador de la economía federal.
Escenario global y local
“El productor ganadero debe abandonar esa actitud defensiva en la que ha estado históricamente. Tiene que salir a jugar a la ofensiva y sentirse un protagonista clave del desarrollo económico en la Argentina. Dejemos de hablar tanto de Vaca Muerta —que bienvenida sea— y hablemos de la 'vaca viva', que está presente desde La Quiaca hasta Tierra del Fuego, y del Atlántico al Pacífico. Somos un factor innegable de desarrollo, generación de empleo y arraigo territorial. Si logramos dar el salto y producir 5 millones de toneladas de carne, generaríamos unos 200.000 puestos de trabajo en todo el país”, afirma Canosa.
Este cambio de mentalidad de los productores ganaderos coincide con un contexto internacional extraordinariamente favorable, caracterizado por una demanda global de proteínas rojas que no cesa de crecer y que mantiene los precios internacionales en alza sostenida desde hace más de dos años.
Con rodeos globales en etapa de retención y una creciente clase media en Asia y Medio Oriente que demanda alimentos de calidad, el escenario está maduro para que la ganadería argentina se posicione como un jugador de primer orden en el comercio mundial.
El cambio de paradigma
La Argentina cuenta con la ventaja de poseer un mercado interno sumamente robusto, siendo el primer consumidor de carne vacuna del mundo por habitante —con un consumo actual de entre 43 y 45 kilogramos per cápita— y el segundo consumidor de proteínas animales sumadas, solo por detrás de los Estados Unidos. Esta fortaleza local, combinada con políticas domésticas más favorables hacia los bienes exportables, genera un ecosistema propicio para la inversión privada y la incorporación acelerada de tecnologías sanitarias y de manejo.
Para ilustrar esta transición inminente, Canosa traza una analogía con la revolución que experimentó la agricultura argentina en la década de 1990, cuando la eliminación de retenciones y la adopción tecnológica provocaron un recambio estructural de los operadores y un salto fenomenal en la producción de granos.
“En la ganadería ocurrirá un proceso muy similar: el mundo demanda alimentos, nosotros tenemos la capacidad de producirlos, la tecnología está disponible y hay inversores dispuestos a financiar esta transformación”, concluye Canosa, anticipando que aquellos productores que logren visualizar este futuro y adopten la tecnología sanitaria y de manejo como un pilar fundamental liderarán la nueva “era dorada” de la ganadería argentina.