Veterinarios de la Universidad de Murcia lograron una mejora funcional sustancial en dos cachorros de la raza Akita americana afectados por el síndrome del cachorro nadador, una afección del desarrollo poco común que altera gravemente la locomoción en animales neonatos. El tratamiento intensivo, que incluyó fisioterapia y soporte torácico externo, fue clave para el pronóstico favorable a largo plazo de los pacientes.
Veterinarios resuelven síndrome del cachorro nadador y pectus excavatum
Especialistas de Murcia documentaron la resolución de dos casos de síndrome del cachorro nadador asociado a pectus excavatum en cachorros Akita americana, destacando la fisioterapia temprana.
Los casos involucraron a dos hembras Akita americana de 27 días de edad, hermanas de camada, que presentaron dificultad respiratoria, aplanamiento torácico e incapacidad para mantenerse de pie. Según el informe del criador, tres neonatos de la misma camada nacieron con el tórax aplanado. Un cachorro falleció a 1 semana de edad, mientras que los dos restantes desarrollaron signos respiratorios progresivos y movilidad reducida.
La exploración física reveló decúbito esternal persistente, aplanamiento torácico con leve depresión caudal del esternón y una frecuencia respiratoria muy aumentada. Ambos animales presentaban respiración bucal persistente. Las radiografías torácicas confirmaron un diámetro torácico dorsoventral reducido y desviación dorsal del proceso xifoides, compatible con pectus excavatum leve a moderado. Se realizó un examen ecocardiográfico completo para caracterizar el desplazamiento cardíaco.
Estrategia de fisioterapia y soporte
Se implementó de inmediato un régimen intensivo de fisioterapia. El protocolo consistió en ejercicios pasivos de amplitud de movimiento, masaje muscular durante 5 a 10 minutos por sesión y estimulación de bipedestación asistida sobre superficies rugosas, como césped o esteras de goma, de 3 a 4 veces al día. Adicionalmente, se aplicó una férula torácica externa hecha a medida, mantenida durante un período de 14 días, retirándose solo para fisioterapia y ajustes. La férula, de PVC con una abertura ventral, evitaba el apoyo directo del peso esternal, permitiendo movimiento y expansión torácica. Los cuidadores recibieron recomendaciones para evitar suelos resbaladizos.
Resultados y seguimiento en medicina veterinaria
En el seguimiento a 30 días, ambos cachorros mostraron una marcada mejoría en la conformación torácica y la locomoción, normalizando sus niveles de actividad. Los cuidadores destacaron la importancia del uso de la férula torácica en los primeros días para reducir la compresión esternal. A pesar de deformidades residuales, a los 3 meses la movilidad era prácticamente normal.
En los exámenes de seguimiento a los 6 meses y a los 2 años, el Caso 1 estuvo disponible para reevaluación. El perro mostró actividad normal y tolerancia al ejercicio, con hallazgos ecocardiográficos dentro de límites normales. Las radiografías torácicas revelaron un desplazamiento cardíaco persistente, aunque reducido. Este estudio, realizado por los veterinarios Jesús Talavera López, Elena Hernández Rubio y Marta Soler, documenta la persistencia de la posición cardíaca anormal a pesar de la mejora en la conformación del tórax. Esto sugiere que, en estos Akita americana, el desplazamiento puede no ser puramente secundario a la anomalía torácica, ofreciendo una mayor comprensión de la heterogeneidad clínica en la medicina veterinaria.
El diagnóstico precoz y el manejo conservador resultan cruciales para optimizar el pronóstico y la salud animal en los cachorros afectados por esta combinación de patologías, como lo demuestra este informe.
FUENTE: Diario Veterinario