Durante años, la recomendación principal para los tutores fue la castración temprana para evitar sobrepoblación y enfermedades. Sin embargo, en la actualidad, un nuevo paradigma científico desafía esta práctica masiva en perros. Especialistas sugieren abandonar la sistematización y adoptar decisiones individualizadas basadas en evidencias médicas.
“El debate científico ha transitado desde la recomendación sistemática de la castración hacia una evaluación crítica de sus consecuencias a largo plazo. El debate actual se centra precisamente en encontrar el mejor equilibrio entre dos pilares fundamentales de la profesión veterinaria: la prevención del abandono y la salud animal integral a largo plazo de cada paciente”, aseguró la MV Rosana Álvarez, etóloga acreditada por la Asociación Española de Veterinarios Especialistas en Pequeños Animales (AVEPA) en Medicina del Comportamiento.
La profesional basa su planteo en la recomendación de la Asociación Mundial de Veterinarios de Pequeños Animales (WSAVA), que establece que esta decisión debe tomarse caso por caso y teniendo en cuenta un enfoque integrador entre el control poblacional, la medicina individualizada y el bienestar animal.
Riesgos para la salud animal
Por su parte, el especialista en reproducción Lluís Ferré coincide en que la supresión de hormonas sexuales altera significativamente el metabolismo general. La extirpación de ovarios o testículos incrementa el riesgo de incontinencia urinaria adquirida en hembras, modifica negativamente la densidad ósea y predispone a los animales a una obesidad severa si no se ajusta correctamente su ingesta calórica. A nivel oncológico, la ausencia de estas hormonas fundamentales puede aumentar la incidencia de diversos tumores, como el osteosarcoma, linfoma y mastocitoma, en ciertos fenotipos.
Asimismo, las investigaciones recientes sugieren que conservar las gónadas podría incrementar la esperanza de vida hasta en 18 meses, aunque los datos deben evaluarse según la raza y el tamaño de cada individuo. A su vez, los expertos advierten que las intervenciones pediátricas realizadas antes de los doce meses elevan sustancialmente las posibilidades de sufrir alteraciones ortopédicas y endocrinas.
Mitos sobre castración y conducta en los perros
En cuanto al comportamiento, uno de los grandes mitos históricos ha sido extirpar los órganos reproductivos para tranquilizar al animal o evitar su dominancia. La evidencia etológica concluye que la cirugía no reduce la agresividad y, de hecho, puede agravar fuertemente los cuadros clínicos basados en la inseguridad y el miedo crónico. Muchas conductas problemáticas, como la monta indeseada o la reactividad, suelen estar asociadas al estrés y a los niveles de cortisol, y no a la testosterona.
Y es que en muchos casos hay conductas que se asocian históricamente a la testosterona o a un exceso de hormonas aunque no siempre es así. “Por ejemplo, la monta no deseada en muchos casos está asociada al estrés y al aumento de cortisol, más que a los niveles hormonales sexuales. De manera similar, un alto porcentaje de animales agresivos no mejora tras la castración quirúrgica, ya que esta conducta no era testosterona-dependiente”, explica Ferré que, como apunta también Álvarez, señala que en ocasiones la castración puede incrementar, especialmente en hembras, conductas de miedo, lo que puede llegar a derivar en una mayor reactividad o agresividad.
Por todos estos motivos, la castración sistemática de mascotas que no están destinadas a la cría perdió definitivamente el apoyo de la comunidad científica. Hoy en día, la recomendación clínica indica aplicar la intervención quirúrgica únicamente en animales que habitan en refugios, que presentan patologías previas del sistema reproductor o en aquellos casos donde a los tutores se les dificulta el control.
FUENTE: La Vanguardia