ver más
Innovación

¿Cómo funciona la primera cámara hiperbárica para perros y gatos del país?

Impulsada por el MV y especialista en gastroenterología veterinaria, Ernesto Bruzzone, la tecnología ya funciona en Veterinaria Panda y suma más de 500 pacientes atendidos. Conocé más sobre la novedad.

Por Redacción de MOTIVAR 6 de septiembre de 2026 - 08:00

Desde febrero de este año funciona en Veterinaria Panda la primera cámara hiperbárica desarrollada en Argentina específicamente para su utilización en perros y gatos. La iniciativa fue impulsada por el MV Ernesto Bruzzone, titular del Instituto de Gastroenterología y Medicina Hiperbárica Veterinaria (www.igvet.com.ar), quien partió de una necesidad concreta que encontraba en su práctica profesional: buscar nuevas alternativas para determinados pacientes que no respondían como esperaba a los tratamientos convencionales.

La cámara está instalada en una de las sedes de Veterinaria Panda en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y fue desarrollada durante ocho meses por un fabricante argentino de equipos para medicina humana, a partir de las especificaciones planteadas por Bruzzone para adaptarla a pequeños animales.

Luego de una etapa inicial de puesta a punto realizada durante enero, comenzó a utilizarse con pacientes en febrero. Desde entonces, según aseguró el especialista en diálogo con MOTIVAR, ya pasaron por el servicio alrededor de 550 perros y gatos.

“Yo partí desde la gastroenterología, pero después empezamos a encontrar muchas otras aplicaciones”, explicó el referente internacional. Hoy, la experiencia incluye pacientes con enfermedades hepáticas y gastrointestinales, pero también casos vinculados con traumatología, ortopedia, dermatología, cicatrización de heridas, anemias y determinadas urgencias.

Y mientras continúa evaluando sus resultados y avanzando en nuevas líneas de investigación, Bruzzone ya dio el siguiente paso: comenzó a producir nuevas cámaras con la intención de replicar la experiencia de Panda en veterinarias de distintos puntos del país.

¿Qué hace una cámara hiperbárica?

La medicina hiperbárica se utiliza desde hace décadas en medicina humana y consiste, en términos generales, en administrar oxígeno dentro de un ambiente sometido a una presión superior a la atmosférica.

Bruzzone explica su acción a partir de lo que sucede en los tejidos afectados por una enfermedad o lesión. “Todo tejido enfermo está hipóxico. Cuando le damos oxígeno hiperbárico a presión, aumentamos la disponibilidad de oxígeno y la célula vuelve a generar la energía necesaria para repararse”, sostuvo.

En el caso del equipo instalado en Veterinaria Panda, cada sesión dura aproximadamente una hora, independientemente del peso, tamaño o edad del perro o gato.

Otro aspecto que Bruzzone destaca es que el procedimiento es no invasivo y, hasta el momento, no requirió anestesiar a los pacientes. “En más de 500 procedimientos no anestesiamos a ninguno dentro de la cámara”, aseguró.

El diseño contempla además un visor de grandes dimensiones, a través del cual el animal puede mantener contacto visual con su tutor durante la sesión. Sin embargo, llevar esta tecnología a pequeños animales requirió algo más que utilizar una cámara originalmente diseñada para personas.

Un desarrollo pensado para perros y gatos

La historia comenzó a partir de la propia especialidad de Bruzzone. Con más de 30 años dedicado a la gastroenterología veterinaria, el profesional buscaba alternativas para determinados cuadros, principalmente enfermedades hepáticas que presentaban respuestas limitadas frente a las terapias utilizadas habitualmente.

En ese camino accedió a información científica sobre medicina hiperbárica aplicada a pancreatitis y otras enfermedades y comenzó a analizar la posibilidad de contar con un equipo en Argentina.

La primera opción fue importarlo desde Estados Unidos. Según recordó, la cámara tenía allí un valor cercano a los US$ 30.000 y el costo de traerla al país prácticamente duplicaba la inversión. Entonces, decidió entonces buscar otra alternativa.

Bruzzone localizó a un fabricante argentino de cámaras hiperbáricas para medicina humana, lo contactó y viajó personalmente para explicarle qué necesitaba. El desarrollo demandó ocho meses.

Una de las claves estuvo en adaptar determinados componentes a las particularidades de perros y gatos. Entre ellos, Bruzzone menciona válvulas específicas relacionadas con los cambios de presión y su impacto sobre los oídos de los animales.

También fue necesario desarrollar la denominada “barosala”: el ambiente especialmente acondicionado donde se encuentra instalado el equipo. La sala requiere medidas específicas de seguridad, ventilación, extracción de aire e instalaciones eléctricas adecuadas. Los tubos de oxígeno, por ejemplo, permanecen ubicados en el exterior.

Recién después de completar esas etapas comenzó la puesta a punto y posteriormente el trabajo con pacientes.

De la gastroenterología veterinaria a otras especialidades

Los primeros casos estuvieron directamente relacionados con la especialidad de Bruzzone. Según relató a MOTIVAR, comenzó observando la evolución de pacientes con enfermedades hepáticas y alteraciones importantes en sus enzimas.

“Vimos enzimas hepáticas que estaban en 2.000 o 3.000 y que en tres o cuatro sesiones bajaban a la mitad. En diez sesiones, algunas prácticamente llegaban a valores cercanos a la normalidad”, describió.

MV Ernesto Bruzzone, titular del Instituto de Gastroenterología y Medicina Hiperbárica Veterinaria (www.igvet.com.ar).

A medida que aumentó el número de pacientes, comenzaron también las derivaciones desde otras especialidades. Bruzzone menciona aplicaciones en traumatología y ortopedia, lesiones medulares, cicatrización de heridas y fracturas, además de dermatología y determinados cuadros de anemia.

Uno de los casos que más lo sorprendió fue el de un gato que llegó con un hematocrito del 8% en un momento en el cual no se disponía de sangre para realizar una transfusión. “Lo introdujimos en la cámara hiperbárica y después de diez sesiones pasó a 28% de hematocrito. No fue necesario hacer la transfusión”, recordó.

Se trata de experiencias clínicas reportadas por el especialista y no de resultados que puedan extrapolarse automáticamente a todos los pacientes. El propio Bruzzone reconoce que uno de los desafíos que acompañan la incorporación de esta tecnología es justamente generar mayor investigación específica en perros y gatos.

Actualmente, por ejemplo, está evaluando la utilización conjunta de colágeno tipo II y medicina hiperbárica en perros pequeños con colapso traqueal. “Todo esto necesita mucha investigación porque hay muy poco en perros y gatos”, destacó.

¿Por qué la primera cámara se instaló en Panda?

Aunque Bruzzone cuenta con su propia estructura veterinaria, decidió que la primera experiencia se desarrollara en Veterinaria Panda.

La elección tuvo distintas razones.

Por un lado, trabaja allí desde hace más de 10 años en gastroenterología y cuenta con un importante flujo de pacientes. Pero además necesitaba una institución con atención permanente para incorporar otro de los potenciales usos de la tecnología: la medicina hiperbárica de urgencia.

Uno de los ejemplos mencionados por el profesional son las intoxicaciones por monóxido de carbono, donde la velocidad con la cual se logra revertir la hipoxia puede resultar relevante para reducir el riesgo de lesiones neurológicas. “Necesitábamos un lugar que atendiera las 24 horas porque existe también la medicina hiperbárica de urgencia”, explicó.

A partir de allí se estableció además un modelo comercial que Bruzzone considera replicable. Él realiza la inversión en la cámara y en el acondicionamiento de la barosala, mientras que la veterinaria aporta el espacio, su estructura operativa y la posibilidad de incorporar el servicio tanto para pacientes propios como derivados.

A cambio, el establecimiento participa mediante un porcentaje sobre la actividad generada por la cámara. De esta manera, la tecnología no funciona únicamente para los pacientes gastroenterológicos de Bruzzone, sino como un nuevo servicio dentro de una clínica veterinaria con funcionamiento permanente.

El próximo paso: llevar el modelo a otras veterinarias

Los primeros meses de funcionamiento abrieron ahora una nueva etapa. Bruzzone ya tiene otras cámaras en producción y pretende utilizar el mismo esquema para instalarlas en distintos puntos de Argentina.

Según detalló a MOTIVAR, existen proyectos para Ituzaingó y Banfield, además de acuerdos o avances en Nordelta y Rosario y consultas recibidas desde Salta. El esquema contempla que Bruzzone realice la inversión y participe en la puesta en marcha del servicio, mientras que cada establecimiento aporta su infraestructura y recibe una participación sobre la actividad. Además, cada nueva unidad requiere formar a una persona específicamente para operar el equipo.

Esta lógica no es completamente nueva para Bruzzone. El especialista ya aplica un modelo similar con equipamiento para endoscopía veterinaria: realiza la inversión, instala la tecnología en diferentes establecimientos y establece acuerdos sobre la actividad generada. Ahora pretende llevar esa experiencia a la medicina hiperbárica.

Primero, el objetivo es avanzar en Argentina. Después, según adelantó, la intención es analizar la expansión hacia Uruguay y otros países de la región.

Una nueva herramienta para la práctica veterinaria

A pesar de los resultados que describe a partir de estos primeros meses de experiencia, Bruzzone evita presentar la medicina hiperbárica como una tecnología destinada a reemplazar los tratamientos existentes. La plantea como una herramienta adicional que puede incorporarse al abordaje de diferentes pacientes y que todavía tiene un amplio terreno por recorrer en materia de investigación veterinaria.

Lo que comenzó como una búsqueda personal frente a determinados casos gastroenterológicos terminó así convirtiéndose en un desarrollo tecnológico específico para perros y gatos.

Y también en un proyecto que empieza a trascender a la propia cámara instalada en Veterinaria Panda. Con más de 500 pacientes atendidos desde su puesta en marcha, nuevas unidades en producción y un modelo pensado para asociarse con otras clínicas, Bruzzone busca ahora llevar la medicina hiperbárica veterinaria a distintos puntos del país.

“Es una herramienta más para el médico veterinario”, resumió. “Hay muchas patologías crónicas o que tienen pocas alternativas y esto puede ayudar en la recuperación del paciente.

Temas
Seguí leyendo

Te puede interesar

video
video
video