Argentina tiene aproximadamente 23 millones de vacas de cría y, sin embargo, el porcentaje de destete continúa sin superar el 65%. Esa realidad, que se mantiene desde hace muchos años, tiene múltiples causas, pero una de las principales está relacionada con el manejo reproductivo de los rodeos.
Ese ordenamiento permite aprovechar mejor el pasto durante la parición y el servicio, generando mejores condiciones para alcanzar mayores porcentajes de preñez y, finalmente, de destete.
Si Argentina lograra incrementar apenas un 15% el porcentaje de destete, el impacto sobre la producción nacional sería enorme, tanto por la cantidad de terneros obtenidos como por los kilos de carne producidos.
Naturalmente, este tipo de planteos debe estar acompañado por una correcta planificación sanitaria. Ninguna tecnología reproductiva ni ninguna mejora genética podrán expresar todo su potencial si previamente no se controlan adecuadamente las enfermedades que afectan la reproducción.
¿Qué condiciones deben darse?
Acortar el servicio exige conocer muy bien el rodeo con el que se trabaja. Ese conocimiento comienza por entender la disponibilidad y calidad del recurso forrajero, ya que la nutrición continúa siendo uno de los principales determinantes de la eficiencia reproductiva.
Al mismo tiempo, resulta imprescindible asegurarse de que el rodeo se encuentre libre de enfermedades venéreas, evaluar periódicamente la fertilidad de los toros y complementar el manejo con tecnologías reproductivas que hoy ya demostraron ampliamente su eficacia, como la inseminación artificial a tiempo fijo (IATF), el destete precoz y el flushing nutricional.
Otro aspecto fundamental es la planificación del manejo de las vaquillonas. Ellas representan el futuro del rodeo y, por ese motivo, requieren una estrategia específica. Lo recomendable es entorarlas aproximadamente tres semanas antes que las vacas adultas y durante un período que no supere los 45 días. También existe la alternativa de realizar el primer servicio entre los 18 y los 20 meses de edad, permitiendo que lleguen al siguiente período reproductivo sin un ternero al pie, situación que mejora significativamente sus posibilidades de volver a preñarse.
El trabajo comienza antes del servicio
Uno de los errores más frecuentes consiste en pensar que el éxito del servicio depende únicamente de lo que ocurre durante esos 75 días. En realidad, buena parte del resultado comienza a definirse mucho antes.
La vaca debe llegar al parto con una adecuada condición corporal y, si es posible, continuar ganando peso durante el posparto. Ese estado nutricional constituye una de las bases sobre las cuales luego podrán expresar su potencial las distintas tecnologías reproductivas.
Antes de iniciar cualquier protocolo de IATF también resulta indispensable evaluar la ciclicidad de las vacas para seleccionar correctamente el tratamiento que se utilizará en cada caso.
A partir de allí, registrar información deja de ser una tarea administrativa para transformarse en una verdadera herramienta de manejo. Edad, condición corporal, estado reproductivo, grado de ciclicidad, desarrollo reproductivo de las vaquillonas, toro utilizado y técnico inseminador son algunos de los datos que deberían quedar registrados para facilitar posteriormente el análisis de los resultados y la toma de decisiones.
En las vacas, la clasificación según el grado de desarrollo reproductivo permite identificar animales que ya están ciclando, aquellos que presentan un anestro superficial y aquellos que aún permanecen en un anestro profundo. En las vaquillonas ocurre algo similar, diferenciando animales ciclando, peripúberes y prepúberes.
Una oportunidad concreta
Las posibilidades de aplicar este tipo de sistemas en nuestro país son muy buenas.
Argentina reúne condiciones excepcionales para producir terneros. Cuenta con productores experimentados, veterinarios capacitados en reproducción bovina, razas adaptadas a los distintos ambientes y condiciones climáticas favorables tanto para la cría como para el engorde.
El conocimiento técnico disponible permite integrar reproducción, sanidad, nutrición y genética dentro de una misma estrategia de trabajo, aumentando considerablemente las posibilidades de alcanzar los resultados esperados.
Ahora bien, la implementación debe realizarse de manera gradual. Es necesario adaptar potreros y aguadas para manejar distintos grupos de vacas y toros por separado, además de disponer de instalaciones que permitan trabajar con grandes cantidades de animales e inseminarlas de manera eficiente.
Mucho más que sacar antes los toros
Con frecuencia se pregunta cuáles son las desventajas de acortar el servicio.
En realidad, más que desventajas, lo que existe es una mayor exigencia de manejo. Un período de servicio reducido demanda planificación, coordinación, mejores instalaciones, registros confiables y una utilización mucho más eficiente de los recursos forrajeros disponibles.
A cambio, los beneficios son numerosos. La concentración de la parición facilita el manejo del rodeo, permite aprovechar mejor la oferta de pasto durante los momentos de mayor demanda nutricional, mejora las posibilidades de obtener mayores porcentajes de destete y ofrece una ventaja adicional para la selección genética, ya que las terneras nacidas durante los primeros 21 días suelen constituir las mejores futuras vaquillonas de reposición.
En definitiva, reducir el servicio de 90 a 75 días no significa simplemente acortar un calendario reproductivo. Significa ordenar todo el sistema de producción para hacerlo más eficiente, aprovechando al máximo el potencial de la nutrición, la sanidad, la reproducción y la genética.
Una transición también se planifica
Uno de los errores más frecuentes es pensar que un campo con servicios continuos puede pasar de un año para otro a un servicio restringido de 75 días. La experiencia indica que la transición también debe planificarse y realizarse de manera progresiva.
Las propuestas de implementación más difundidas comienzan definiendo la época de parición que mejor se adapta al establecimiento, considerando la disponibilidad de forraje, el clima, la mano de obra y hasta la estrategia comercial para la venta de los terneros. A partir de allí, el proceso consiste en ir reduciendo gradualmente la permanencia de los toros con las vacas, pasando por etapas intermedias hasta alcanzar el objetivo final.
En paralelo, resulta necesario preparar las instalaciones para alojar los toros fuera de la temporada de servicio, organizar potreros que permitan trabajar con distintos grupos de animales, realizar diagnósticos de gestación al finalizar cada servicio y avanzar en el descarte de los vientres vacíos. También se recomienda que las vaquillonas comiencen su servicio entre 20 y 30 días antes que las vacas adultas, favoreciendo su desempeño reproductivo futuro.
Más que un cambio de calendario, la reducción del período de servicio representa un cambio en la forma de gestionar el rodeo. La planificación, los registros y la evaluación permanente de los resultados son los pilares que permiten consolidar esa transición sin comprometer la productividad del sistema.